Sebas Saiz sigue dejando huella en el baloncesto japonés. El ala-pívot español fue una de las grandes figuras en la final de la Copa Emperador, en la que el Toyota Alvark Tokyo se impuso al Alsin Seahorses Mikawa por 72-64 para levantar uno de los títulos más prestigiosos del calendario. Saiz firmó 23 puntos y 5 rebotes en 24 minutos, una actuación decisiva en un partido que se resolvió en los detalles y que confirmó su peso dentro del equipo, además de valerle un hueco como miembro del mejor quinteto del torneo.

La final fue tan igualada como se esperaba. Mikawa planteó un encuentro físico, con defensas cerradas y un ritmo bajo, que obligó a cada ataque a trabajarse al máximo. En ese contexto, el Alvark Tokyo encontró en Saiz una referencia constante. El español respondió con acierto en el tiro, presencia cerca del aro y una lectura de juego que ayudó a su equipo a mantenerse por delante cuando el marcador se comprimía.

Sin necesidad de acaparar el balón en exceso, Saiz fue el jugador que dio continuidad al ataque del Alvar. Castigó desde media distancia, aprovechó los espacios cuando Mikawa cerró la pintura y sumó puntos en momentos clave del tercer y último cuarto, cuando el partido empezó a decantarse. Sus 23 puntos no solo fueron una cifra alta, sino que llegaron en el momento oportuno, cuando el margen de error era mínimo.

Este título supone el tercero para Saiz desde que llegó a Japón, un dato que refleja su rápida adaptación a una liga exigente y muy estructurada. El baloncesto japonés valora el juego colectivo, la disciplina y la capacidad de encajar en sistemas muy definidos, y el español ha sabido encontrar su sitio sin perder su identidad como jugador. Su inclusión en el mejor quinteto del torneo es un reconocimiento a esa regularidad y a su influencia a lo largo de la competición.

En el Toyota Alvar Tokyo se ha convertido en una pieza básica. Su versatilidad le permite jugar tanto cerca del aro como abierto, facilitando los espacios para sus compañeros y aportando equilibrio en defensa. En una final tan cerrada como la de la Copa Emperador, ese tipo de perfiles marcan diferencias, aunque no siempre se reflejen solo en las estadísticas.

Para el baloncesto español, el éxito de Saiz en Japón es una buena noticia. No es sencillo consolidarse lejos de casa, en un entorno cultural y deportivo distinto, y menos aún hacerlo siendo protagonista. Saiz lo está consiguiendo con trabajo y constancia, sumando títulos y reconocimiento individual en un campeonato que cada año gana peso y nivel competitivo.

La Copa Emperador añade así otro capítulo al recorrido del jugador español en Asia. Un torneo ganado desde la solidez y el rendimiento colectivo, pero en el que Saiz volvió a destacar cuando más falta hacía. Sin alardes ni gestos grandilocuentes, su final fue la de un jugador que entiende el juego y sabe responder cuando el partido lo exige.

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