La Supercopa de España aparecía en el calendario madridista como la cita más importante del mes y, probablemente, de lo que iba de temporada hasta el momento. No ya por el título, que es menor, sino por los rivales a los que, a priori, debía ganársela que iban a ser Atlético de Madrid y FC Barcelona. Ello, sumado a la delicada situación de Xabi Alonso en el banquillo, colocaba este fin de semana a la altura de una final de Champions en la que se decidiría el futuro del entrenador en base al resultado.
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Sin embargo, pese a la derrota, todo apunta que el tolosarra no peligra como entrenador del Real Madrid más allá de que le ha hecho daño este nuevo fiasco y, desde luego, no le permite recuperar el poco que ya tenía. Aún así, en el Real Madrid se entiende que el equipo peleó por el título hasta el final y que no se encuentra demasiado lejos de su máximo rival, el FC Barcelona, como para dar un volantazo como sería el de prescindir de un entrenador en el mes de enero.
Hasta nueva orden
Así las cosas, la marea tras el terremoto de este Clásico no va a traer rumores de destitución pero está claro que va a sentar un precedente y que el puesto de Xabi seguirá entredicho si, desde luego, no saca adelante sus próximos partidos de Liga, Copa y Champions y, en caso de que lo haga, la espada de Damocles seguirá sobre su cabeza una vez comiencen las eliminatorias europeas.
Y es que eso sí que es un Clásico en el Real Madrid: estar cuestionado. El asunto es que los motivos por los cuales lo está Xabi Alonso son más que entendibles y suficientes como para estar preocupado. Su equipo sigue sin encontrar una idea de juego claro y pese a que las lesiones le están lastrando, eso no termina de ser una excusa convincente para que el equipo, después de siete meses bajo su mando, no de muestras de ser uno diferente al del curso pasado.