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Se podría decir que la enfermedad de Chagas en Europa pertenece al siglo XXI. Hace apenas unos años no había personas infectadas, por lo tanto, casi no había diagnóstico, investigación ni tratamiento. Sin embargo, la migración desde Latinoamérica en los últimos años ha introducido a esta enfermedad tropical desatendida en el continente hasta transformarse en un problema de salud pública mundial, según la Organización Mundial de la Salud. Aunque los expertos creen que las cifras están subestimadas, se calcula que en España hay aproximadamente 50.000 personas afectadas y 150.000 en toda Europa.

El primero en detectarlo fue el investigador brasileño Carlos Chagas en 1909. Durante las noches en zonas rurales, los insectos llamados localmente vinchuca (Triatoma infestans) picaban a los seres humanos y defecaban en el mismo lugar. Al rascarse instintivamente la piel por el ardor, las personas se infectaban del parásito Trypanosoma cruzi.

AlphaFold Albert Ros enfermedad de Chagas Cortesía ISGlobal

Los síntomas no son inmediatos y, en muchos casos, el avance es silencioso durante más de diez años. Durante ese tiempo se pueden estar dañando los tejidos cardíacos o digestivos, hasta el punto de provocar muerte súbita o -con más suerte- un trasplante de corazón, como ya se ha realizado en el Hospital Clínic de Barcelona.

Ahora, un grupo de investigadores del Instituto de Salud Global de Barcelona intenta encontrar nuevos fármacos para detener su avance. En 2020 incorporaron AlphaFold, un programa de IA desarrollado por Google DeepMind (perteneciente a Alphabet), que predice en un instante miles de estructuras:

“AlphaFold nos ayuda a ver la estructura de las proteínas de la superficie del parásito. Podemos mapear en qué regiones están expuestas a un posible reconocimiento de anticuerpos y en función de eso elegir antígenos”, explica Julio Alonso-Padilla, biólogo molecular y director del equipo de investigación.

Albert Einstein

“Hay ensayos clínicos recientes que apuntan a una tasa de curación entre el 60 y 80%. Nosotros estamos desarrollando proyectos de diagnósticos temprano para población pediátrica. La clave con el Chagas es llegar a tiempo. Lo que pasa es que está muy desatendido. Tú vas al norte de Argentina o Bolivia en áreas rurales y no hay diagnósticos. A veces, incluso en la propia Buenos Aires, el acceso a la salud está complicado. No hay la concienciación necesaria porque puede ser asintomático”, añade Albert Ros, integrante del equipo.

National Geographic: ¿Qué conocimiento había del Chagas a principio de siglo en Europa?

Alonso-Padilla: «Aquí no mucho, salvo contados médicos internistas relacionados con la medicina tropical. El conocimiento se empezó a construir a raíz de exponerse a la población afectada en Bolivia, Argentina y empezaron a tratarla. Ahora hay estudios de que hay casos en Reino Unido, en Alemania, en países escandinavos. No es tan frecuente como España o Portugal, pero sí estamos hablando de alrededor de 120.000 o 150.000 personas afectadas en Europa».

¿Cómo ha llegado el Chagas?

Alonso-Padilla: «En España, la transmisión principalmente es de madre a hijo, que sigue siendo un problema bastante grande también en áreas endémicas. Aquí no hay vectorial. La enfermedad es endémica de América Latina, que durante años tuvo controles vectoriales, pero después de la COVID-19, que todo se enfocó en ello, volvió a ser un tema grave. Afecta al tejido cardíaco y puede provocar insuficiencia o muerte súbita. También al tejido digestivo».

Viruela del mono

National Geographic: ¿Cómo se puede diagnosticar?

Ros: «La ruta principal es la atención primaria. Es una prueba serológica. Nosotros estamos en la parte de investigación que con AlphaFold ha sido como abrir una ventana y que entre un soplo de aire fresco porque permite hacer cosas que antes no podíamos. También hacemos ensayos de cultivo celular, intentamos testar compuestos y trabajamos en el laboratorio para identificar marcadores biológicos que permitan desarrollar tests, para identificar si el tratamiento funcionó o no».

National Geographic: ¿Qué es lo novedoso de este sistema de IA que utilizan?

Alonso-Padilla: «El problema del Chagas es que está muy desatendida. Hay relativamente poca gente que se dedique a la investigación y no hay muchos recursos. No hay muchas estructuras del parásito disponibles para desarrollar drogas o una vacuna y eso lleva mucho tiempo. Con AlphaFold de repente nos encontramos con 19.000 estructuras de este parásito a las que antes no teníamos acceso. Nos lanzamos como perros hambrientos y una de las primeras cosas que hicimos fue intentar aplicarlas al diseño de fármacos.  

Ros: «De todo un cribado virtual con 30.000 compuestos encontramos dos fármacos que, además, ya están aprobados».

National Geographic: ¿En qué etapa del proceso se encuentran?

Alonso-Padilla: «El siguiente paso sería hacer más ensayos in vitro, pero no tenemos los recursos para hacerlos inhouse. La tasa de fallo en el desarrollo de nuevas moléculas es bastante grande. Después, salvo que sea como con la COVID, que se pone todo encima de la mesa y reducen los tiempos, la industria creo que tendrá un producto en el mercado en 10 o 20 años. Todavía nos queda mucho camino por delante».

Conrado Estol

National Geographic: Hace años existen dos fármacos para la enfermedad de Chagas, pero sigue siendo un problema de salud pública mundial, ¿por qué sucede esto?

Alonso-Padilla: «A medida que la enfermedad se vuelve crónica, la efectividad baja muchísimo y no se revierte el daño del tejido. En Europa hay sistemas de farmacovigilancia y se acompaña mejor el efecto adverso de estos fármacos porque hay menos gente a tratar. En América Latina, la última estimación de la OMS apunta a 7 millones y medio de personas afectadas, que estarían crónicamente infectadas. Y es una subestimación prácticamente segura. Hasta los 90, cuando se demostró que había un parásito detrás del daño cardíaco y digestivo, se pensaba que era una enfermedad autoinmune. No somos muchos grupos trabajando en Europa porque esto es incipiente».