La agencia espacial de Estados Unidos ha comenzado el proceso para lanzar la primera misión tripulada a la Luna en medio siglo. La decisión coincide con una crisis sin precedentes: un problema médico sin especificar va a obligar a evacuar a la tripulación de la Estación Espacial Internacional en los próximos días. Este cambio de planes coincide en fechas con los preparativos para enviar a la Luna a los cuatro tripulantes de la misión Artemis 2, mientras algunos astronautas alertan de supuestos fallos de seguridad en la cápsula espacial Orion, y agitan el fantasma de que se repitan los peores accidentes mortales de la historia reciente, como los del Challenger, el Columbia o el Apolo 1.

“Nos acercamos cada vez más a Artemis 2, con el traslado a la rampa de despegue prácticamente a la vuelta de la esquina”, ha dicho Lori Glaze, administradora asociada interina de la NASA. “Aún nos quedan pasos importantes en nuestro camino hacia el lanzamiento y la seguridad de la tripulación seguirá siendo nuestra máxima prioridad en todo momento”, ha añadido.

La Artemis 2 es una misión de prueba que llevará a los cuatro elegidos —Reid Wiseman (comandante), Victor Glover (piloto), Christina Koch (especialista de misión) y Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense, también especialista— a un viaje de ida y vuelta en el que orbitarán una vez la Luna para después regresar a la Tierra unos 10 días después. Será la primera misión tripulada que ponga a prueba el cohete SLS, el mayor construido por la NASA desde la época de las misiones Apolo hace medio siglo, y la cápsula espacial Orion.

La NASA trabaja bajo enorme presión desde que el Gobierno de Donald Trump decidió adelantar el lanzamiento de la misión al próximo 6 de febrero, varios meses antes de lo previsto. En parte, es un intento de desviar la atención del retraso de la Artemis 3 hasta por lo menos 2028, con el riesgo de que China pueda llevar astronautas al satélite antes que la América de Trump.

En la Artemis 2, la principal causa de desvelos es el escudo térmico de la cápsula Orion, que protege la nave y a sus tripulantes durante la entrada en la atmósfera terrestre, cuando en el exterior se alcanzan temperaturas de más de 2.700 grados.

Desperfectos en el escudo térmico de la nave Orion después de su reentrada en la atmósfera.nasa

La misión no tripulada Artemis 1, lanzada en 2022, dejó en evidencia que el recubrimiento térmico de la nave se desgastó más de lo que habían predicho los modelos de simulación de la NASA. Dos años después, un análisis del inspector general de la agencia volvió a llamar la atención sobre este problema y su posible impacto en la seguridad de la tripulación.

La agencia ha decidido seguir adelante después de una reunión que tuvo lugar la semana pasada entre el nuevo jefe de la NASA, Jared Isaacman, y especialistas de dentro y fuera de la organización. Uno de los más críticos presentes en esa reunión fue el astronauta Charles Camarda, que sigue pensando que la Artemis 2 no debería volar tal y como está actualmente diseñada.

Camarda fue uno de los tripulantes del primer vuelo de un transbordador después del accidente del Columbia, que se desintegró durante su reentrada en la atmósfera en 2003 matando a sus siete tripulantes. El desastre se debió precisamente a fallos en el escudo térmico, un componente en el que Camarda está especializado. El astronauta ve en la NASA de hoy “los comportamientos exactos utilizados para construir la justificación del riesgo y del vuelo que provocaron los accidentes del Challenger [en 1986] y del Columbia [2003]”. Usan las herramientas de manera inapropiada y luego afirman que los resultados son “conservadores”, ha escrito en la red social Linkedin.

La NASA tenía la opción de sustituir el recubrimiento por el que volará en la misión Artemis 3, que llevará a cuatro astronautas a un aterrizaje en la Luna en 2028, y que es distinto del actual. Pero la configuración de la Artemis 2 y el calendario marcado han influido para que la decisión haya sido otra: cambiar el ángulo de entrada de la nave en la atmósfera para minimizar la posibilidad de que el escudo salte y ponga en peligro a la tripulación.

El cohete SLS de la NASA.NASA

Otra gran incógnita es el comportamiento del sistema ambiental de la cápsula Orion, que entre otras funciones provee de oxígeno a los tripulantes durante el viaje. Este sistema es parte del Módulo de Servicio que la Agencia Espacial Europea ha diseñado junto a empresas europeas para la cápsula Orion. Este sistema ambiental y de soporte vital (ECLSS, en las siglas inglesas) no se ha probado en vuelo de forma completa, sobre todo el sistema encargado de proporcionar aire respirable, lo que supone otra vuelta de tuerca a los potenciales riesgos de este viaje.

El viernes, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, recién confirmado en su cargo tras haber sido retirado por Trump por sus lazos con Elon Musk, anunció que la agencia va a retirar a la actual tripulación de la Estación Espacial Internacional (ISS) de forma prematura debido a que uno de los astronautas sufre un problema de salud.

La agencia no ha desvelado de quién se trata ni de qué dolencia sufre, aunque ha asegurado de que el afectado se encuentra estable. Es la primera vez que se da esta situación, lo que aumenta la presión sobre la agencia para encajar el vuelo de evacuación y el de relevo para intentar que la plataforma espacial no quede deshabitada, lo que sentaría un mal precedente histórico desde que se inauguró hace un cuarto de siglo. Isaacman aseguró que esta situación no afecta al calendario actual de lanzamiento de la Artemis 2, que podría suceder en apenas tres semanas.

Para llegar a tiempo a su primera fecha de lanzamiento, la NASA empezará este mismo sábado la colocación en la plataforma de despegue del cohete SLS, un descomunal artefacto de casi 100 metros de largo y más de 2.500 toneladas de peso. Aunque es ligeramente más pequeño que el mítico Saturn V que llevó astronautas por primera vez a la Luna hace medio siglo, su potencia es mayor. El trayecto de este coloso desde las naves de ensamblaje hasta la plataforma de despegue 39B, de unos cuatro kilómetros, llevará hasta 12 horas.

La Artemis 2 presenta unos retos técnicos apabullantes. Solo la cápsula Orion tiene más de 300.000 componentes que deben estar en perfecto estado de revista. Este mismo fin de semana la NASA tuvo que revisar dos partes que no estaban en condiciones adecuadas. El más mínimo fallo puede parar la cuenta atrás y retrasar la misión. Si todos los sistemas están en condiciones, a finales de mes se hará la primera prueba del cohete con todo el combustible cargado. Habrá varias pruebas de cuenta atrás simuladas y, por último, el equipo de dirección de la misión se reunirá para determinar si todos los componentes están listos para el vuelo. La primera oportunidad de despegue está vertiginosamente cerca: el 6 de febrero, en menos de un mes.