cardiología

El año 2025 ha consolidado una transformación profunda en la cardiología global. La combinación de nuevas tecnologías, una mejor comprensión de la biología cardiovascular y estrategias de prevención más ambiciosas ha permitido que enfermedades tradicionalmente complejas —como la insuficiencia cardiaca, la fibrilación auricular o la hipercolesterolemia— dispongan hoy de soluciones más precisas y eficaces. La cardiología se adentra en una etapa marcada por la medicina personalizada, la inteligencia artificial (IA) y terapias innovadoras que prometen cambiar el pronóstico de millones de personas.

IA y datos masivos: un cambio de paradigma en la práctica clínica

La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta clave para agilizar diagnósticos, anticipar riesgos y optimizar tratamientos. Los avances de 2025 muestran cómo los algoritmos permiten identificar de forma precoz patologías como la estenosis aórtica, la fibrilación auricular silente o el riesgo de insuficiencia cardiaca en pacientes aparentemente estables.

La incorporación de modelos predictivos en la historia clínica electrónica está permitiendo a los cardiólogos integrar variables clínicas, biomarcadores y datos de imagen en tiempo real. Esto ha acelerado la identificación de pacientes de alto riesgo y la toma de decisiones terapéuticas personalizadas. Además, la IA aplicada a la imagen cardiaca —tanto en ecocardiografía como en resonancia y TAC— ha mejorado la precisión diagnóstica y ha reducido tiempos de exploración.

En 2025 también se ha consolidado la utilización de herramientas de IA para estratificar el riesgo en insuficiencia cardiaca y cardiopatía isquémica, facilitando intervenciones preventivas más tempranas.

Nuevas terapias para insuficiencia cardiaca y trastornos metabólicos

La insuficiencia cardiaca ha sido una de las áreas con mayor dinamismo. Se han presentado resultados que avalan terapias capaces de modular rutas metabólicas implicadas en la progresión de la enfermedad. Una de las más destacadas es la terapia basada en inhibidores de la aldosterona y moduladores de vías inflamatorias asociadas al remodelado ventricular.

Asimismo, la evidencia acumulada a lo largo de 2025 confirma el beneficio sostenido de los iSGLT2 en distintos perfiles de pacientes, más allá de la diabetes, consolidándose como tratamiento pilar en insuficiencia cardiaca con fracción de eyección reducida y preservada.

Otra línea emergente es la terapia génica en trastornos hereditarios, como la amiloidosis o la dislipemia familiar, que abre la puerta a tratamientos definitivos basados en la edición genética o en la inhibición prolongada de proteínas clave en el metabolismo lipídico.

Avances decisivos en fibrilación auricular

La fibrilación auricular continúa siendo una prioridad por su asociación a ictus, insuficiencia cardiaca y mortalidad. En 2025 se ha reforzado la importancia de la detección precoz mediante dispositivos portátiles y sensores integrados en wearables, que permiten identificar episodios asintomáticos y reducir el riesgo de eventos tromboembólicos.

En el campo terapéutico, la ablación con energía de pulso (PFA) ha ganado protagonismo como alternativa más segura y eficiente frente a la ablación tradicional. La mejora en la tecnología de catéteres y en los sistemas de navegación ha reducido complicaciones y acortado tiempos de procedimiento.

También se han presentado nuevos anticoagulantes y estrategias de optimización del tratamiento antitrombótico en pacientes frágiles o polimedicados, con el objetivo de equilibrar protección frente al ictus y riesgo hemorrágico.

Lípidos y prevención cardiovascular: dianas más allá del LDL

En el ámbito de la prevención cardiovascular, 2025 ha sido especialmente fructífero. Además del control intensivo del LDL-colesterol, expertos internacionales han subrayado la importancia de abordar otras dianas emergentes como la lipoproteína (a) y los triglicéridos.

El desarrollo de terapias de silenciamiento génico contra Lp(a) ha dado pasos importantes, con resultados prometedores que apuntan a reducciones significativas de esta lipoproteína, considerada un factor causal relevante de enfermedad cardiovascular.

También se han consolidado fármacos dirigidos a la vía de la angiopoyetina-like (ANGPTL), que modulan el metabolismo lipídico y podrían convertirse en una nueva generación de terapias para pacientes con riesgo residual elevado pese al control óptimo del LDL.

Nuevos biomarcadores y medicina personalizada

Otro de los avances clave ha sido la validación de biomarcadores capaces de predecir eventos cardiovasculares con mayor precisión. Marcadores relacionados con inflamación, estrés oxidativo y fibrosis permiten identificar fenotipos de riesgo y adaptar los tratamientos de forma más eficiente.

La medicina personalizada se está aplicando también a la hipertensión resistente, la cardiopatía isquémica y las miocardiopatías. Gracias a perfiles genómicos y paneles de biomarcadores se están delineando subgrupos de pacientes que responden mejor a determinadas terapias, mejorando su pronóstico.

La cardiología intervencionista ha seguido avanzando hacia procedimientos más seguros y menos invasivos. La expansión de la reparación valvular transcatéter, especialmente en la válvula mitral y tricúspide, ha permitido ofrecer soluciones a pacientes que antes no eran candidatos quirúrgicos.

Los dispositivos de asistencia ventricular de nueva generación, más pequeños y duraderos, han mejorado la supervivencia en insuficiencia cardiaca avanzada y han reducido complicaciones. Asimismo, se ha extendido el uso de sensores implantables para monitorizar la presión pulmonar y la congestión, evitando exacerbaciones y hospitalizaciones.

En conjunto, los avances de 2025 dibujan un escenario donde la cardiología se vuelve más predictiva, preventiva y personalizada. La combinación de terapias innovadoras, tecnologías de diagnóstico avanzadas y la integración de la inteligencia artificial marca un antes y un después en el abordaje de las enfermedades cardiovasculares.

La expectativa para los próximos años es que estos progresos se integren de forma generalizada, permitiendo mejorar la supervivencia y la calidad de vida de millones de pacientes en todo el mundo.

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