Canteranos, autores de goles decisivos y una conexión familiar que conecta una historia de esfuerzo, raíces y sueños cumplidos.

El fútbol también se escribe con pequeñas grandes historias que no siempre aparecen en las estadísticas, pero que explican mejor que nada lo que significa crecer con un escudo en el pecho. Este fin de semana, Paula Albarrán y Pablo Évora regalaron tres puntos a sus respectivos equipos con sendos goles decisivos. Ella, con el 0-1 del Fundación Cajasol Sporting ante el Cacereño Atlético. Él, abriendo el marcador en la victoria por 0-2 del Recreativo de Huelva frente al Atlético Malagueño. Dos nombres propios, dos celebraciones distintas y una historia común que conecta a ambas familias desde hace muchos años.

Fotografías de Jero Carrasco y Agencia LOF. Composición hecha con IA.

La madre de Paula y el padre de Pablo compartieron durante mucho tiempo jornadas de trabajo en Intersport, una conocida tienda de ropa deportiva del centro de la capital onubense. Desde allí, vieron crecer a sus hijos, escucharon sus primeras ilusiones, comentaron partidos, entrenamientos y sueños que parecían lejanos. Ambos niños coincidieron en la cantera del Recreativo y del Sporting, siempre con el mismo anhelo: triunfar en Huelva, en su casa, ante su gente.

Hoy, ese sueño empieza a tomar forma. Pablo Évora, onubense, recreativista y con 21 años, suma ya doce temporadas en el Decano, al que llegó siendo benjamín. Extremo zurdo vertical, capaz de jugar en ambas bandas, representa ese perfil de futbolista formado con paciencia, constancia y fe en el proceso. Su gol ante el Malagueño no fue solo una acción de calidad, sino un premio a una carrera de fondo que él mismo ha ido construyendo día a día.

Paula Albarrán, por su parte, tiene 17 años, es defensa central y una de las canteranas con mayor proyección del Fundación Cajasol Sporting. Su tanto en Cáceres no solo sirvió para sumar tres puntos de enorme valor, sino para confirmar que su crecimiento no es una casualidad. A su alrededor, el fútbol forma parte de la vida cotidiana: su padre entrena a uno de los equipos cadetes del club y su hermana también compite en la cantera. Una familia que vive el deporte como algo más que una afición.

Caminos cruzados

La historia se vuelve aún más especial al saber que el padre de Pablo Évora es socio del Sporting, cerrando así un círculo de vínculos cruzados que convierten cada fin de semana en una especie de reencuentro emocional. Ambos futbolistas entrenan a poca distancia, persiguen metas similares y cargan con el mismo bagaje: el de quienes saben que llegar no es fácil, que nada se regala y que cada oportunidad hay que ganarla.

Porque nadie mejor que ellos puede explicar lo que cuesta cumplir un sueño. Crecer, caer, levantarse, insistir. Paula y Pablo no solo marcaron goles este fin de semana; dejaron un mensaje silencioso pero poderoso: el fútbol también es memoria, familia, esfuerzo compartido y fe inquebrantable en el trabajo diario. Y en Huelva, esas historias se sienten de una forma especial.

Copyright 2009-2026 Albiazules.es. Foto de Paula Albarrán cortesía de Jero Carrasco.