Martes, 13 de enero 2026, 23:09
Este deporte no siempre es justo con todos. Los hay jugadores que no siempre gozan de los minutos quisieran. O incluso que merecen. Pero el baloncesto también brinda estas noches. Noches en las que un jugador se gana algo más difícil de explicar que una victoria: el corazón de una grada entera. El Surne Bilbao aplastó al PAOK en un duelo clave de la FIBA Europe Cup, sí. Pero el resultado fue tan impactante como el protagonista inesperado —o quizá no tanto— que convirtió Miribilla en su escenario particular. La noche fue de Aleix Font. Y de nadie más. Con la baja de Lazarevic, el catalán no dudo. Y dió un paso al frente como pocas veces se había visto.
RECITAL
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de siete intentos anotó Font desde la linea de tres, un 85,71% que definieron una noche en la que el catalán tan sólo falló un tiro de campo de los nueve que tiró
Font no juega demasiado en la ACB. No es un secreto. La rotación es feroz, el nivel de la plantilla muy alto y el baloncesto profesional no siempre es justo con quien espera su turno sin levantar la voz. A Ponsarnau no le temblaba la voz para expresar su deseo de que juegue más: «Una de las razones por las que no encontraba ese sitio es el entrenador. Es injusto que no juegue más. Pero es difícil encajar tantos jugadores. Es impresionante. Me voy contento por él. Se lo merece».
El catalán no destaca tanto en liga. Pero Europa es otra cosa. Europa es el lugar donde algunos jugadores se explican mejor. El partido empezó torcido para el Surne, con un 0-6 incial que amenazaba oca enfriar el ambiente. Duró lo que tardó Aleix Font en aparecer. Primero fue un triple. Luego otro. Después, el pabellón ya estaba de pie. Los triples de Jaworski y Font, seguidos por un mate de Hilliard, activaron el interruptor de la noche. El catalán olió la sangre. Al final del primer cuarto, Font llevaba ya 9 puntos. Tres de tres en triples. En el pabellón había una sensación especial cuando lanzaba Font. Diferente. Como si el pabellón prefiriera que el triple fuera suyo. Quizá por su forma de ser. Porque siempre es de los primeros en saludar tras los partidos. O quizá, simplemente, porque el público reconoce al jugador que nunca baja los brazos. Al descanso, Font seguía siendo uno de los tres nombres propios del Surne. Esperando su momento. Y ese momento llegó.
ENTRENADOR
Jaume Porsarnau reconoció que le gustaría que el jugador gozara de más minutos en ACB
El partido de su carrera
En el tercer cuarto volvió a aparecer con un triple que puso el 70-50 y elevó la ventaja hasta los 20 puntos. Cuatro de cuatro desde el perímetro. Cada vez que armaba el tiro, el murmullo era sonoro. Miribilla ya sabía que entraba. Pero lo del último cuarto fue otra dimensión. Ahí Font dejó de jugar un gran partido para empezar a firmar la noche de su carrera. Primero otro triple: 17 puntos. Luego otro más: 20. Dos tiros libres. Y, a falta de dos minutos, una canasta de dos que aporreó definitivamente el final. El Surne ganaba de 27. El partido estaba muerto. Pero Font no quería que se acabara. Estaba disfrutando. Y la Marea Negra con él.
CONEXIÓN CON LA GENTE
El público, en especial la peña Hirukoa, le ovacionaron con sonoros cánticos y aplausos
Las estadísticas son obscenas. Y hay que detenerse en ellas porque no son normales. 24 puntos. 8 de 9 en tiros de campo. Dos de dos en tiros de dos. Un descomunal 6 de 7 en triples. Cinco rebotes. 30 de valoración. No dio asistencias, porque la noche no iba de repartir. Iba de asumir. De anotar. De decidir. De firmar la mejor actuación de toda su carrera profesional.
Y entonces llegó lo que no aparece en la hoja oficial. La conexión con la gente. «Aleix Font te quiero, te vengo a ver». Más fuertes que nunca. El jugador se acercó a la afición. Devolvió el apoyo. No se quiso marchar sin saludar. Eso representa Aleix Font para la afición. Es difícil de comprender que tenga tan pocos minutos en la ACB después de una actuación así. Pero el baloncesto es así. Las plantillas profundas obligan a sacrificios invisibles. Y Font los acepta. Espera. Trabaja. Y cuando Europa llama, responde como un jugador total. La paliza al PAOK queda para las estadísticas. La noche de Aleix Font, para el recuerdo. Porque hay noches, unas pocas. Especiales. De las que se recuerdan para toda una vida. Esta fue la suya.
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