Entre el 1 y el 10 de enero, el pintor colombiano Carlos Santos ha transformado el bajo del número 16 de Donramiro en una ventana al pasado. El artista ha culminado un mural de grandes dimensiones —11 metros de largo por 1,6 de alto— que recrea una panorámica detallada del Lalín de hace un siglo basándose en una vieja fotografía depositada en los fondos del Museo Municipal Ramón Aller.
La pieza destaca por estar ejecutada íntegramente en tonos sepia, una decisión artística con la que Santos busca «respetar el original y mantener la sensación del paso del tiempo». Durante el proceso creativo, el autor sudamericano confiesa que lo más gratificante ha sido observar la evolución urbana de la localidad: «Me gustó sentir esa sensación de cómo ha cambiado todo para positivo en Lalín», afirma el pintor, que ha sabido captar la esencia de la arquitectura y la vida social de la época con un realismo nostálgico sobre las paredes del local.
La técnica empleada por el artista colombiano ha requerido un estudio minucioso de archivos fotográficos antiguos para trasladar con precisión la perspectiva del mobiliario urbano de la época en Lalín al gran formato. Al trabajar exclusivamente con la gama de los marrones y ocres, Santos ha logrado una profundidad visual que dota a la estancia de una atmósfera acogedora y solemne. Este enfoque monocromático del mural obliga al espectador a centrarse en las formas y los numerosos detalles, evitando las distracciones del color y reforzando la narrativa de una «historia pintada» en las paredes de Donramiro.
Además de su valor artístico, la obra de Santos se erige como un nuevo hito para la memoria colectiva del municipio. Para los vecinos más veteranos, la obra supone un reencuentro con el Lalín de sus ancestros, mientras que para los foráneos ofrece una lección de historia visual antes de sentarse a la mesa. La integración del arte en espacios dedicados a la gastronomía tradicional —como este local que servirá pulpo, callos y carne ao caldeiro— refuerza la apuesta de la zona por su rehabilitación.
Y es que el mural servirá de telón de fondo para un nuevo establecimiento que abrirá sus puertas los domingos y días de feria. El local nace con la vocación de recuperar la esencia de las reuniones tradicionales de la comarca de Deza, ofreciendo un menú centrado en la identidad autóctona. La realización del proyecto firmado por Carlos Santos pretende que la clientela se sienta transportada a principios del siglo XX mientras disfruta de los sabores más auténticos de la tierra en días señalados.
La curiosidad en Donramiro es máxima desde que Santos dio las últimas pinceladas el pasado sábado a su magna obra. Son varios los curiosos que se paran delante de los ventanales del número 16 para intentar vislumbrar los detalles de la obra antes de su inauguración oficial. La iniciativa ha sido aplaudida por convertir un bajo comercial en un espacio de divulgación cultural, demostrando que el arte urbano y la hostelería pueden aliarse para revitalizar zonas residenciales y mantener vivos los recuerdos de la comunidad.
Cronista visual
Con esta obra, Carlos Santos consolida su posición como uno de los cronistas visuales más relevantes de la comarca. Su capacidad para conectar con el sentimiento lalinense a través del pincel le ha valido el respeto de instituciones y vecinos, quienes ven en su trabajo una forma de orgullo local con vocación de permanencia. Ahora, todas las miradas están puestas en su caballete, donde el rostro del doctor Diego González Rivas empezará a cobrar vida para sumarse a la pinacoteca de la Feira do Cocido 2026. El propio alcalde de Lalín, José Crespo, le pidió personalmente que trabajase en la confección del retrato del médico coruñés pregonero del certamen.
Con la culminación de esta obra, el pincel de Carlos Santos ha logrado algo más que decorar un local; ha conseguido detener el tiempo en un Lalín que ya sólo existía en el recuerdo de mayores y en los archivos fotográficos. El uso del sepia no sólo es un recurso estético, sino un puente emocional que permite a las nuevas generaciones caminar visualmente por las calles de sus antepasados, redescubriendo el origen de la pujanza que define hoy a Lalín.
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