En un momento en el que la inflación, el precio de la vivienda y la incertidumbre laboral aprietan a buena parte de la población, Elon Musk ha lanzado una frase que presenta como una conclusión lógica. El CEO de SpaceX afirma que, dentro de «10 o 20 años», ahorrar pensando en la jubilación «no importará» y que, si sus previsiones se cumplen, «ahorrar para el retiro será irrelevante».

La declaración se produjo en el podcast ‘Moonshots with Peter Diamandis’, una conversación orientada a ‘futuros posibles’ en la que Musk dibujó un mundo de abundancia material impulsado por inteligencia artificial, energía barata y robótica avanzada.

El argumento de Musk pivota sobre una hipótesis: que la combinación de IA cada vez más capaz, robots realizando tareas físicas y energía más barata disparará la productividad hasta un punto en el que la escasez se reduzca drásticamente.

En esa economía, asegura, lo que hoy entendemos como salario, carrera laboral y plan de pensiones perdería peso porque emergería algo parecido a una «renta universal alta»: un reparto de prosperidad suficiente para que la gente pueda vivir bien sin ansiedad financiera.

Musk llega a describir un horizonte casi imposible: servicios y productos abundantes, mejor atención sanitaria que la actual y aprendizaje accesible para cualquiera. Si el acceso se vuelve universal y barato, el dinero deja de ser el cuello de botella. Y si el dinero deja de ser el cuello de botella, ahorrar para un futuro caro pierde sentido.

¿Visión de futuro o consejo peligroso?

El diagnóstico de Musk mira a 2045 mientras que la realidad de millones de hogares mira a fin de mes. En 2026, para muchísima gente la jubilación ya no es un plan, sino una preocupación; y los sistemas de pensiones, públicos o privados, siguen siendo la infraestructura central para sostener el retiro.

Dentro del debate sobre IA hay voces con lecturas opuestas: algunos expertos advierten de que, sin cambios en reglas e incentivos, la automatización puede concentrar más riqueza en lugar de repartirla. Ese es el gran punto ciego de cualquier promesa de abundancia: no basta con producir más; hay que decidir cómo se distribuye.