A un gestor público lo que se le pide es coherencia, y sin duda, eso es lo que está demostrando Carlos Rubio, al frente de la Autoridad Portuaria. Una vez alcanzada la modernización del Puerto de Málaga, nuestro cargo público tiene en el horizonte una segunda fase todavía más prometedora: la ‘merdellonización’ de sus instalaciones.
A fin de cuentas, en el origen de la prosperidad de Málaga está el merdellón, la figura mítica del nuevo rico que, inicialmente, era una persona de origen humilde y escasa educación; pero con abundante ingenio, audacia, tesón y, finalmente, dinero.
Todos estos factores le permitieron levantar un emporio, lo que a su vez posibilitó que sus descendientes asistieran a los mejores colegios, aunque por la tercera y cuarta generación la prosperidad se fuera, normalmente, al garete, por falta de aptitudes.
Es una vieja historia de la Málaga de los siglos XVIII, XIX y hasta del XX que el Puerto ha querido hacer suya incorporando a sus instalaciones incontestables ‘iconos de la merdellonidad’.

Las bases de las esculturas gigantes del Puerto, ayer. / A.V.
Es el caso de la Torre del Puerto que, no olvidemos, promueven unos nuevos ricos de libro, un colectivo de la Península Arábiga cuyos abuelos eran pastores de cabras y camellos. Hoy, sus nietos nadan en petróleo.
Por tanto, quiénes mejor que los cataríes para afrontar la ‘merdellonización’ del Puerto de Málaga con un rascacielos de 144 metros en mitad de la Bahía. El portento convertirá la Catedral y la Alcazaba de Málaga -desfasados iconos del año de la polka- en sendos enanos de piedra.
El próximo «icono»: Neptuno, Venus y los leones
Para acompañar a semejante Coloso, el Puerto de Málaga prepara una jugada maestra: a la entrada de sus dominios ya está levantando los gigantescos soportes de un ingente grupo escultórico cuyo generoso escultor, Ginés Serrán, ya lo ha calificado -faltaría más- de próximo «icono» para Málaga.

Ginés Serrán, con su Neptuno para el Puerto de Málaga / La Opinión
Los seguidores del cine péplum italiano de los años 50, las famosas películas de túnicas, gladiadores y Hércules con bíceps como el Peñón de Gibraltar, aplaudirán la reconversión del Puerto malagueño en los Estudios Cinecittà de Roma.
Sin duda, lo que Málaga necesita es un Neptuno, una Venus y dos leones cuyo gigantesco porte trasladen al visitante al circo romano o, en el mejor de los casos, a Marina D’Or.
Si esta ciudad quiere atraer turismo de calidad, esto es lo que busca el prometedor segmento del cateto con dinero: la icónica espectacularidad de lo merdellón. Pura coherencia.
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