(2 estrellas)
El próximo 18 de enero, HBO estrenará el nuevo spin-off de ‘Juego de Tronos’ tras ‘La casa del dragón’. Se trata de ‘El caballero de los Siete Reinos’, una miniserie de seis episodios de 30 minutos que se inspira en la primera de las tres novelas cortas de George R.R. Martin sobre las aventuras y desventuras de Dunk y Egg, un caballero errante y su particular escudero. Ambientada en el universo de ‘Canción de Hielo y Fuego’, pero 100 años antes de la existencia de Jon Nieve y compañía, su historia nos permite sumergirnos en una Poniente sin dragones en la que gobiernan los últimos Targaryen que se sentaron en el Trono de Hierro.
La gracia del libro reside, además de en la maravillosa prosa de Martin, en lo diferente que resulta de las entregas de ‘Canción de Hielo y Fuego’. Las novelas sobre Dunk y Egg son cortitas, de poco más de 100 páginas (se venden en un recopilatorio con las tres que hay publicadas) y no van de grandes batallas ni tienen decenas de protagonistas y puntos de vista. Su propuesta es más íntima y sencilla. Muestran los problemas del pueblo llano a través de un caballero que tiene más de vagabundo que de hidalgo. Están llenas de pobreza y desazones, de injusticias y humillaciones. Son costumbristas, melancólicas y de lo más recomendables.
En nuestra opinión, la serie falla estrepitosamente a la hora de capturar ese tono. Opta por potenciar la comedia, en el libro también presente por medio de las divertidas insolencias de Egg, el escudero deslenguado. Aquí estas se sustituyen por un humor caca, culo, pedo, pis que vive de mostrar genitales, introducir meretrices y poner a gente a beber y hacer aguas mayores ante la cámara. Curiosamente, los mejores episodios son los últimos, aquellos en los que este histrionismo se reduce y sustituye por el drama.

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Ofuscada por ofrecer algo rápido, colorido y liviano, encapsulable en treinta minutos, ‘El caballero de los Siete Reinos’ no hace justicia a sus secundarios. No solo reduce su papel, sino que ha banalizado a unos personajes en los que había cierta nobleza de espíritu. Por momentos parece que la historia va por una lado y su formato, por otro. Tampoco termina de hacer justicia a las justas y los duelos de Vado Ceniza. A excepción del estupendo Juicio de Siete, bien resuelto, el resto de secuencias de acción carecen de la extensión y espectacularidad de la que gozan en el libro. Hacen dudar de los valores de producción.
En cualquier caso, lo mejor de la serie es la música y parte del casting. Peter Claffey luce tal y como imaginábamos a ese caballero “más duro de entendederas que la muralla de un castillo”. Lástima de su actuación, tan exagerada como el tono y el humor de la serie; el actor se ve obligado a verbalizar todos los pensamientos y diálogos internos del personaje, a los que desde dirección se ha sido incapaz de dar una respuesta visual. Más entrañable es Dexter Sol Ansell, la viva encarnación de Egg.
Quizás esperábamos sentir mayor fascinación por Tanselle la Giganta y más interés por los Humfrey, pero al menos la casa Targaryen está a la altura y hay dos intérpretes destacados e inesperados: Danny Webb como ser Arlan del Árbol de la Moneda y Bertie Carvel como el príncipe Baelor Rompelanzas.

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No dudamos de que Martin haya aprobado la mayoría de novedades argumentales (el escritor presume de lo involucrado que ha estado), pero muchas de estas aportaciones se sienten como spoilers de sus futuras novelas, una traición a sus lectores y una contradicción con respecto a lo ya narrado. O dicho de otro modo, como la última temporada de ‘Juego de Tronos’. (Aviso de destripes en lo que resta de párrafo). ¿Qué es ese flashback que muestra al joven Dunk como un mojigato y un llorón? Si era un bala perdida que robaba las cabezas de las picas y obligaba a las chicas a darles un beso. ¿Cómo que Egg se escapa tras lo acontecido sin el beneplácito de su padre? Si el sello que le entregaba es el que desencadena y desenreda muchas de sus futuras aventuras. ¿Y por qué soltar aquí y así que nadie llegó a armar a ser Duncan?
Valoración final
‘El caballero de los Siete Reinos’ no está a la altura de ‘Juego de Tronos’ ni de ‘La casa del dragón’. De actuaciones y humor exagerados, parece una parodia de Westeros. Condenada por su formato, no captura el tono del libro y tiene relleno del que no solo no aporta, sino que resta. Aunque mejora en su recta final y esconde elementos reseñables (como la música, parte del casting y la batalla final), se nos que queda lejos de lo esperado. Frivoliza tanto que acaba siendo una anécdota poco memorable. Dunk y Egg se merecían más.

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