
Lucas Noubi, anticipándose a Julián Álvarez
Quintana
Era la noche. Con mayúsculas. El partido señalado no solo para los buenos, sino para los valientes. Con todos los focos del fútbol español apuntando, frente a un Atlético de Madrid que hasta que alguien demuestre lo contrario sigue siendo el tercer mejor equipo del país y uno de los mejores del continente.
El insípido Deportivo de la liga tenía ante la sí oportunidad de romper su anodina —y últimamente triste— rutina. No había nada que perder, más allá de quedar apeado de una competición que ha regalado al club y a su gente grandes días de vino y rosas.
No es esa la tesitura del Dépor actual. Puede que algún día sea de nuevo aquel adulto capaz de tutearle a los mayores. Pero si quiere volver a sentarse en esa mesa, primero deberá ganar la partida en la de los niños. Que ya bastante es.
Alejado por el momento de esa presión en torneos alternativos al del día a día, todo lo que asomaba en el horizonte era gloria: eliminar a un gigante e impregnar de orgullo a la hinchada, reivindicarse individual y colectivamente y regalarle a la Riazor otra ronda contra un Primera. Ya en cuartos y de nuevo a único partido. ¿Por qué no seguir soñando?
Se daban todos los condicionantes para que el Deportivo se rebelase. Pero una cosa es decirlo y otra, hacerlo. Hay un punto de difícil equilibrio entre asumir la inferioridad pero no digerir al mismo tiempo el complejo. Aunque el adjetivo difícil no está en el vocabulario de Lucas Noubi. Quizá tampoco el sustantivo equilibrio. Porque el belga lideró desde la retaguardia la revuelta blanquiazul en el monárquico torneo.
El belga no entiende de escenarios ni de condicionantes. Sale. Y juega. Lo hace con un punto de inconsciencia que le otorgan los 20 años que exprimía durante el partido -este jueves cumple 21-, pero también el saberse con unas condiciones físicas tan dominantes en la semiélite del fútbol que asusta pensar lo que sería capaz de hacer en categorías menores contra chicos de su edad.
Quizá por ese optimismo excesivo que —como bien explicaba Carlo Ancelotti— no es demasiado recomendable en la profesión de defensa, el internacional sub-21 no ha terminado de encontrar la regularidad en su primera vivencia lejos de su país. Algo lógico. Y más, teniendo en cuenta que hasta la fecha, el exfutbolista del Standard de Lieja ni siquiera había jugado como central en una canónica línea de cuatro.
Es verdad que en su experiencia con el primer equipo de Les Rouches había actuado mucho como exterior de una línea de tres, rol que ha desempeñado en sus primeros meses a las órdenes de Antonio Hidalgo. Pero ha sido ubicarlo como central y empezar a crecer.
Da igual si enfrente está el Cádiz de los poderosos Dawda Camara y Álvaro García Pascual o el Atlético de Madrid con dos campeones del mundo y el mejor socio de Erling Haaland en la temible delantera noruega. Dos actuaciones como central diestro de una línea de cuatro, dos exhibiciones defensivas. La primera, contra un ‘igual’, coherente con sus posibilidades actuales. La segunda, frente a un transatlántico, demostró las potencialidades que llamaron la atención del Deportivo para lanzarse a atarlo sin desperdiciar un solo minuto.
Entre su notable partido contra el Cádiz y su extraordinario encuentro contra el Atleti, el belga debió acudir a medirse con Jesé Rodríguez y compañía al Gran Canaria. Allí, en Las Palmas, fue retratado en una acción de centro al área que expuso su principal defecto por exceso: la confianza.
Tábula rasa
Noubi, central izquierdo ante los amarillos y muy incómodo a la hora de sacar el balón desde ese perfil, salió en la foto del gol del empate y rozó alguna más. Cuando debía dar un paso adelante sin Miguel Loureiro al lado, lo dio hacia atrás, ayudado por un Arnau Comas que obviamente no es líder, pero que tampoco termina de inspirar confianza ni espectadores, ni probablemente a compañeros.
Venía con esa mancha en el expediente Lucas Noubi pero ni mucho menos le pesó. Hizo tábula rasa y frente a todo un Atlético de Madrid se impuso la construcción desde atrás y, sobre todo, en la destrucción.
¿Que había que ‘saltar’ a por Julián? Salgo de zona sin miedo alguno a acosar e impedir que la estrella —venida a menos— rival esté cómoda. ¿Que Griezmann me amenaza a la espalda? Mido para evitar que me supere el pase. ¿Que entra un gigante como Sorloth desde el banquillo? A ver quién puede más.
16 acciones defensivas encabezaron una hoja de servicios que se desglosa en 9 despejes (todos de cabeza), 4 intercepciones, 6 recuperaciones, 3 entradas y 6 de 10 duelos ganados entre la tierra y el aire. Además, no fue regateado, aunque cometió la falta sobre Cardoso que condujo al ‘Principito’ a desequilibrar el choque. Mientras, con balón firmó un casi impoluto 95% en sus 57 pases intentados. Seguridad y temple.
El día en el que el Deportivo se quedó sin premio a su rebelión, Lucas tiró del carro como un jerarca. Fue el rey niño de una zaga de imberbes de 22,75 años de media de edad y dominó, al lado de Barcia y de un atrevido Altimira un partido en el que su equipo recuperó las sensaciones de principio de temporada. Porque a veces, las derrotas también pueden ser victorias.