El síndrome de fatiga crónica (SFC) es una enfermedad compleja que se caracteriza por una fatiga persistente y debilitante, y cuyas causas subyacentes aún no se comprenden bien. El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estima que el SFC afecta a entre 17 y 24 millones de …

El síndrome de fatiga crónica (SFC) es una enfermedad compleja que se caracteriza por una fatiga persistente y debilitante, y cuyas causas subyacentes aún no se comprenden bien. El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estima que el SFC afecta a entre 17 y 24 millones de personas en todo el mundo. Se desconoce su origen, y se cree que factores como la genética, las infecciones virales y las anomalías inmunitarias influyen en su desarrollo.

Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por la Universidad James Cook en Townsville (Australia)  ha podido constatar la existencia de algunos tipos de terapia cognitivo-conductual (TCC) que pueden servir de apoyo a quienes padecen este debilitante síndrome.

El trabajo fue llevado a cabo por el Dr. Vivek Kolala, residente de psiquiatría y graduado de la Universidad James Cook para quien «la terapia cognitivo conductual ayuda a las personas a detectar patrones inútiles en sus pensamientos y comportamientos y a reemplazarlos por otros más realistas y constructivos». «Si bien la TCC se ha utilizado ampliamente como estrategia de tratamiento, sus beneficios han sido controvertidos entre médicos, investigadores y comunidades de pacientes», afirmó el Dr. Kolala.

El equipo de investigación examinó 12 ensayos controlados aleatorizados con 1.799 adultos diagnosticados con SFC. Los investigadores evaluaron diversas modalidades de TCC (individual, presencial, autodirigida y grupal) en función de resultados como la fatiga, el funcionamiento físico, los síntomas del estado de ánimo, el dolor y la calidad de vida.

«Cuando se agruparon todos los formatos de TCC, el análisis no encontró un efecto general estadísticamente significativo sobre la fatiga.

Sin embargo, la terapia cognitivo conductual individual presencial demostró un gran efecto en la reducción de los síntomas de fatiga. La terapia cognitivo conductual autodirigida, a menudo impartida mediante manuales o plataformas digitales, mostró un efecto igualmente significativo en la mejora del funcionamiento físico, lo que sugiere que podría ser especialmente útil para personas con formas más leves de la enfermedad, afirmó el Dr. Kolala, para quien, sin embargo, otros formatos de TCC, incluida la terapia de grupo, no mostraron beneficios significativos.

En definitiva, esta revisión muestra que la TCC puede considerarse una opción de apoyo, pero no una cura. Al respecto, los autores concluyen que se necesita más investigación para aclarar el papel de los enfoques autodirigidos, los resultados a largo plazo y los tratamientos combinados, afirmó el Dr. Kolala.


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