Jon Ander Goitia

Miércoles, 14 de enero 2026

| Actualizado 15/01/2026 00:38h.

Que los delanteros viven del gol es algo innegable. Su particular balón de oxígeno. Un chute anímico con el que reforzar la carga de la pólvora. Son depredadores que se alimentan de sus presas. Y cuando están hambrientos muestran los dientes. Lo hizo ante el Rayo Toni Martínez, autor del tanto que allanó el camino a los cuartos. El murciano volvió a ver puerta por segundo partido consecutivo, pero en la celebración quiso dejar un ‘recado’ llevándose el dedo índice a la boca para acallar las críticas por la sequía albiazul. Como parte implicada, Martínez (suma 3 goles en Liga y otros tantos en Copa) quiso reivindicar su figura.

En los primeros compases de la segunda parte, el delantero murciano aprovechó un balón muerto en el área pequeña para batir de volea a Dani Cárdenas y poner en ventaja a los albiazules. La plantilla quiso unirse a la celebración, pero la efusividad se pospuso unos segundos. Toni Martínez se llevó el dedo índice a la boca en un claro gesto para ‘acallar’ las críticas por sus últimas actuaciones y seguido se golpeó el pecho con fuerza para desquitarse. El goleador quiso que su mensaje llegase a la gente y que le enfocaran las cámaras durante unos segundos. De hecho, extendió la otra mano para frenar a sus compañeros que querían sumarse a la celebración. Después se golpeó el pecho con fuerza para desquitarse.

Las opiniones por falta de gol que recibe el equipo, reconocida incluso por Eduardo Coudet, no parecen haber sentado bien en la delantera. Los albiazules comparten con el Rayo el tercer escalón de equipos menos goleadores de Primera con 16 tantos. «Tenemos que tener mayor efectividad de cara a gol. Tenemos que obsesionarnos con hacer goles», insistió el entrenador argentino. Este miércoles no pudo contener la felicidad tras el tanto del murciano. «Todos tenemos obligación de tratar de convertir, pero cuando la gente ofensiva convierte me pongo más contento», apuntó el técnico albiazul.

El delantero siempre se ha mostrado «autoexigente» con los deberes de cara a puerta. «Para esto me trajo el Alavés», reconoció, tras quitarse esta semana una pesada mochila tras nueve partidos y alrededor de 800 minutos de sequía en Liga. «El fútbol no tiene mucha explicacón. Después un tiempo sin marcar, metí gol hace 3 días, lo vuelvo a hacer ahora… Esa dinámica es positiva para mí».

Las ocasiones erradas en Pamplona o Vallecas se quedaron grabadas en su memoria. Una especie de pesadilla que necesitaba desquitarse. «Me estoy acordando de algunas acciones puntuales que hemos tenido en los últimos partidos que habrían cambiado el rumbo de los partidos. Volver a recuperar la confianza y meter goles», apuntó el delantero.

Insistir y persisitir. «El trabajo no se negocia. Luego obviamente tenemos que autooexigirnos y marcar goles, es la manera que estamos más cerca de conseguir los resultados. Los delanteros nos tenemos que apoyar en eso. Nos tenemos que obsesionar con hacer goles y el foco está ahí». En Copa vio de nuevo la luz con el tanto que alumbro el camino a los cuarto de final. Un chute de confianza colectivo e individual.

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