Si hay un nombre que haya impulsado la última ola de directores en España, es el de Juanma Bajo Ulloa. Títulos como La madre muerta fueron las piedras fundacionales sobre las que se construyó (y se sigue construyendo) un nuevo cine en nuestro país. Sin embargo, los herederos de Juanma Bajo Ulloa, algunos de su misma edad o incluso mayores, han gozado, en ocasiones, de un porvenir mejor que el de su maestro.

Tras la popularidad de Airbag, la carrera de Bajo Ulloa comenzó a oscilar entre lo meritorio y lo sorprendente (y no para bien), como Rey Gitano, título nutricional que señalaba que Bajo Ulloa necesitaba que los estudios volvieran a confiar en él. El resultado fue la siniestra Baby, estrenada en plena pandemia, y desde entonces no hemos vuelto a saber de Bajo Ulloa. Hasta ahora, que vuelve con El mal, en la que colabora otra vez con Natalia Tena (Juego de tronos), protagonista de Baby.

El mal, que se estrena en salas este 16 de enero, tiene un miembro de su reparto muy llamativo para los amantes de Better Call Saul: Tony Dalton, el aterrador Lalo Salamanca en la serie de Vince Gilligan, y a quien no habíamos visto demasiado desde que Saul Goodman cerró su bufete. Completan el elenco Belén Fabra y Fernando Gil, entre otros. El mal se basa en una historia original de Bajo Ulloa, que se encarga del guion, además de la dirección de esta película.

¿De qué trata ‘El mal’?

A los mejores en su campo suele perderles el narcisismo. Incluso si el campo en cuestión es el asesinato. Es el caso de El mal, en el que una periodista es abordada por un personaje extraño, que dice ser el mejor asesino de la historia. La colaboración entre ambos sería editorial y, le promete el siniestro interlocutor a la periodista, saldrán muy bien parados. Es, en pocas palabras, una oferta que no puede rechazar. Quizá por más de un motivo.

Él, como en El fantasma y la señora Muir, no está en condiciones de escribir sobre su vida: no porque, como en el clásico de Mankiewicz, el protagonista la hubiese perdido, sino porque publicar implicaría darse a conocer y esto lo llevaría inmediatamente, previo paso por la milla verde, con el capitán Gegg. Así que lo mejor es que al periodista fuese la copista de sus fechorías, y ambos se beneficiarían con ello: la escritora, lucrativamente; el protagonista de la novela, egocéntricamente.