La médica psiquiatra y divulgadora Marian Rojas Estapé ha vuelto a poner el foco en la importancia del ejercicio físico como herramienta clave para la salud mental. En un vídeo reciente que circula por redes sociales, la especialista explica que uno de los pilares fundamentales del bienestar emocional es el movimiento, junto con el contacto con la naturaleza y las relaciones humanas significativas.

El impacto del deporte en el cerebro

Según Rojas, el efecto del ejercicio sobre el cerebro está respaldado por la neurociencia. “Lo primero es el deporte y la naturaleza, conseguir deporte y naturaleza”, afirma, antes de detallar sus beneficios biológicos. “El deporte baja cortisol, el deporte sube BDNF, hay placer”, explica. El cortisol es la hormona del estrés y su elevación mantenida se asocia a ansiedad, irritabilidad y agotamiento mental.

El BDNF, en cambio, está vinculado a la plasticidad cerebral, el aprendizaje y el buen estado de ánimo. Por ello, la psiquiatra resume esta idea con una afirmación clara: “Hoy en día sabemos que el deporte es al cerebro como un antidepresivo”.

Además del efecto individual, Rojas destaca el componente social del deporte. Practicar ejercicio con otras personas añade un valor emocional extra, ya que implica vínculo, plan y disfrute compartido. “Si te vas a correr con amigos ya ni te cuento, o haces deporte, juegas al fútbol, partido de tenis, pádel, etc.”. A ello se suma “esa parte de amigos, de plan, del posterior de que luego nos vamos a tomar algo”, que refuerza la experiencia positiva. “El deporte es maravilloso”, concluye.

Naturaleza, relaciones y la importancia de frenar

Junto al ejercicio, Marian Rojas subraya el papel del contacto con la naturaleza como una vía eficaz para reducir la aceleración mental. “Naturaleza, subir al monte, irte a la playa, nadar, campo, todo lo que tenga que ver con la naturaleza”, enumera. Estos entornos, explica, ayudan a bajar revoluciones y a quitarle prisa a la vida en una sociedad que vive “en modo aceleración”, especialmente entre los jóvenes, acostumbrados a consumir contenidos a mayor velocidad: “Los audios, los podcasts, todos escuchan 1.5 o en por dos”.

Esta aceleración constante, advierte, impide frenar, reflexionar y contemplar. “Cuando le metes la aceleración a la vida, ya no frenas, ya no reflexionas, ya no contemplas y te pierdes los detalles”. Para Rojas, “lo chulo de la vida están en los detalles”, y saborear lo cotidiano exige bajar el ritmo. “El saborear es quitar velocidad y en la naturaleza es lenta. Por eso es tan buena para el cerebro”.

El tercer pilar del bienestar emocional, según explica, es el de las “personas vitamina”. “Hay que dedicarle más tiempo a la gente que nos hace bien”, afirma, insistiendo en la importancia de compartir tiempo real, “sin el móvil delante, mirando a los ojos”. Este contacto humano auténtico favorece la liberación de oxitocina, una hormona clave para la calma, el apego y la confianza.

Rojas también destaca la necesidad de recuperar espacios de contemplación, meditación o oración, y recuerda que “no estamos diseñados bioquímicamente para estar siempre en modo amenaza, en modo alerta, en modo hacer”. Por ello, recomienda no tener miedo a detenerse: “No hacer nada sin móvil, 15 minutos al día”.

Agradecer lo cotidiano

Finalmente, subraya el valor del agradecimiento como parte esencial del equilibrio emocional. “Simplemente dar gracias por algo, algo que te gusta”, señala, resumiendo esta idea con una frase que sintetiza su mensaje: “El agradecimiento es la memoria del corazón”.

En conjunto, Marian Rojas plantea la felicidad no como una euforia constante, sino como un equilibrio neuroemocional basado en el movimiento, el contacto con la naturaleza, la reducción del ritmo vital, las relaciones humanas reales y la capacidad de contemplar y agradecer lo cotidiano.