Los jugadores del Real Madrid cruzaron este jueves por la mañana las puertas de Valdebebas, un lugar que huele a ajo. Los paseos interiores de la ciudad deportiva están decorados con miles de flores de la variedad tulbaghia violácea, una planta morada que impregna el ambiente con su intenso aroma. Allí les esperó el penitente Álvaro Arbeloa. Ya no está el despedido Xabi Alonso, que horas antes de que los blancos consumaran su quiebra absoluta en Albacete daba señales de romper el hermetismo que se autoimpuso durante su medio año en el Bernabéu. Sacrificado por el club, este miércoles trasladaba la idea de que, llegados a este punto, quizá lo mejor era terminar y no continuar con la agonía.

Sin el técnico vasco bajo la mirada desconfiada de la entidad y con un nuevo entrenador que apenas ha dirigido dos sesiones, todas las miradas apuntan ya a las otras dos patas de la crisis: los jugadores y, por extensión, la confección de una plantilla que, además de las abundantes lesiones, sigue padeciendo la falta de creadores de fútbol, como ya advirtieron a la entidad Carlo Ancelotti y Xabi. En el Belmontazo, pese a las múltiples ausencias por problemas físicos o descansos, el Madrid compareció con todos sus centrocampistas, menos Tchouameni, y el resultado fue que los blancos dispararon tantas veces a puerta como los locales (cinco), que presentaron una alineación repleta de suplentes debido a su precaria situación en Segunda, a un punto del descenso.

La tensión máxima se traslada este sábado al Bernabéu, en el partido contra el Levante (14.00), un estadio que desde el hundimiento de principios de diciembre contra el Celta ha empezado a fiscalizar a los jugadores. Sobre todo, a Vinicius. La dimensión del desplome deportivo, en todo caso, deja a todos los protagonistas expuestos al enfado de un recinto donde, aunque el club maneja y dirige hace más de una década el principal foco de animación, nunca puede ser controlado en su totalidad.

Hace menos de dos meses, cuando la caída de tensión competitiva en el equipo era evidente y el crédito de Alonso empezaba a deteriorarse a ojos de la cúpula, desde el club avisaban de que, si la plantilla no despejaba las dudas sobre su implicación, “los siguientes señalados” serían los jugadores.

Menos peligro que contra el Barcelona

El hundimiento en Albacete desnudó todas las carencias de un conjunto incapaz de romper defensas cerradas, ya sean de Primera o Segunda. “Debemos tener una velocidad de balón muchísimo mayor; hacer correr a los rivales, no solo de lado a lado, sino detrás nuestro; tener un intercambio mayor de posiciones; e ideas más claras”, reclamó Arbeloa en su único análisis puramente futbolístico después de insistir en asumir toda la responsabilidad de la derrota. Como tantos otros días con Xabi y Carletto, la circulación fue lenta, los desmarques escasos y el embudo quedó a expensas de las aventuras de Vinicius (vigilado por el excastillista Loren Aguado), los malos controles de Mastantuono y, eso sí, la amenaza aérea de Gonzalo García (cinco goles en los últimos cuatro partidos).

Después de 719 pases insustanciales, el Madrid remató contra el Albacete la mitad de veces (cinco) que con su planteamiento a la contra ante el Barcelona en la final de la Supercopa (10). Su cifra de goles esperados en el Belmonte, un termómetro para medir el peligro generado, fue incluso más baja (1,3) que frente a los azulgranas en Arabia Saudí (1,4). Este dato del miércoles fue el sexto peor de la temporada blanca, solo por detrás de las jornadas contra el Liverpool (0,5), Atlético en Liga (0,7), Rayo (0.9), Espanyol (1,2) y Atlético en la Supercopa (1,14).

La razón oficial de la preparación física

El Madrid tuvo prisa el miércoles por despachar la rueda de prensa de Arbeloa lo antes posible y marcharse de Albacete, objetivo que no cumplió del todo porque la comparecencia se demoró unos minutos. El nuevo técnico, obligado por el protocolo, y el capitán Dani Carvajal (“hemos tocado fondo”) fueron los únicos que salieron a dar explicaciones. El silencio del vestuario se ha convertido en norma en los últimos años después de malos partidos si las reglas del organizador, por ejemplo en la Champions, no obligan a pasar por los micrófonos.

Vídeo: AS

El entrenador recién nombrado no tuvo escapatoria y en sus explicaciones no dejó de insistir en el déficit físico de la plantilla, un asunto que el club convirtió en causa central del despido de Alonso. Antonio Pintus, recuperado como preparador de la primera plantilla con el aval del presidente, ha pasado a ser un protagonista principal del futuro inmediato del Madrid. En el Belmonte, él encabezó la salida del calentamiento de los jugadores, Arbeloa hizo varias referencias a su cometido, y este jueves desde Valdebebas hablaban de “una baja forma física alarmante” y del “plan de urgencia de Pintus”. El italiano, de 63 años, no es nuevo en este cometido. Ya fue el máximo responsable de su parcela durante la segunda etapa de Ancelotti, con el que mantuvo discrepancias en la recta final de Carletto, en una época en la que las lesiones debilitaron también mucho la plantilla.

El sábado, a la hora de comer, lejos del búnker de Valdebebas, será el momento del Bernabéu.