A la entrada del Puerto de Málaga, la construcción de dos pedestales ha bastado para obrar un pequeño milagro: que se hable de arte incluso antes de que se instalen unas esculturas. El ‘pero’ es que no ha sido en los términos soñados por su autor, el artista ceutí Ginés Serrán. Allí, en esas plataformas, están llamados a posarse Neptuno, dios del mar; y Venus, diosa del amor, la belleza y la fertilidad. Aunque por ahora ninguna de las divinidades mitológicas parece mostrarse propicia a la causa de Serrán, quien las ha donado por un plazo de 25 años con la intención de que se conviertan en un “icono de la ciudad”. Una expectativa que está lejos de materializarse, en medio de un acalorado debate público sobre su estilo, emplazamiento y encaje con la identidad urbana. Hasta tal punto que la Autoridad Portuaria ha decidido que solo las expondrá seis meses en ese espacio y luego les buscará otro.

La polémica estalló el pasado lunes, tras la publicación de un comunicado por parte de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo. En él se cuestiona la “idoneidad” de la obra y se califica al propio artista, también arqueólogo y antropólogo, de tener un “currículum raro”. La institución advierte de que la instalación del conjunto escultórico en el principal acceso peatonal a esta área, junto a la Plaza de la Marina, “consagraría una nueva y muy discutible configuración estética”.

A su juicio, aproximaría al enclave “a un parque de atracciones más que a un recinto de trascendencia histórica y cultural” y eliminaría el “espacio diáfano existente” con vistas al mar. No son apuntes menores: la Academia es uno de los principales detractores del hotel-rascacielos proyectado en esta infraestructura, precisamente, por su impacto paisajístico y por dejar en manos de privados parte del Dique de Levante “en vez de abrir el puerto a la ciudadanía”.

“Las estatuas consagrarían una nueva y muy discutible configuración estética”

Serrán, por su parte, niega en conversación con El Confidencial que su creación posea las cualidades que le atribuyen los académicos y argumenta que sí tiene encaje en la ciudad. “¿Acaso Málaga no tuvo presencia romana? Las fábricas de salazón y el teatro romano nos lo recuerdan”. Y asegura que le dará proyección al recinto, al ser sus esculturas un nuevo atractivo para visitar. “Málaga está muy falta de obras monumentales”, sostiene el artista, que considera que debe ser el público quien juzgue. “Es un regalo que he hecho de corazón a la ciudad y en homenaje a mi padre, que era de Villanueva del Rosario. Si les parece maravillosa y se la quedan, perfecto; si les parece horrible y no les gusta: o se cambian de ubicación, o me la llevo a cualquier otro sitio. No hay problema”, sostiene.

“Más propio de un cómic de superhéroes”

Pero las objeciones de San Telmo no se limitan al emplazamiento. La Academia define el conjunto como “pretencioso y grandilocuente” y le otorga un “inequívoco enganche kitsch, más propio del cómic de superhéroes y superheroínas del universo Marvel que de una sincera recuperación del clasicismo desde la óptica contemporánea”. Un parecer que ha cruzado fronteras, de mano del diario británico The Times, que se ha hecho eco de las críticas en un artículo titulado Las estatuas de dioses romanos en Málaga parecen superhéroes de cómic, donde se asegura que el Neptuno malagueño está siendo comparado con el Aquaman interpretado por Jason Momoa.

A este respecto, Serrán sostiene que si su obra es calificada de tal manera, deben serlo también “la Plaza Cibeles de Madrid, el Atlas Rockefeller Center de Nueva York, la Plaza de España de Roma, la Estatua de la Libertad y tantos otros”. El artista defiende que la línea que ha seguido es la clásica, pero que ha incluido elementos modernos. “Venus tiene en su mano un sol que representa la Costa del Sol y Neptuno una red de pesca en el brazo. Nunca se había hecho una malla en bronce; me ha costado sangre. Incluyo además dos leones”. Por ello, afirma que “gustará” y que no entiende por qué “tantas voces hablan mal” si todavía ni se han colocado. Tampoco hay fecha de cuándo se hará.

El artista Ginés Serrán posa con la estatua de Venus. (Efe)

Ha sido este clima de rechazo el que ha llevado a la Autoridad Portuaria a optar por una solución intermedia para tratar de acallar las voces discordantes: limitar la presencia de las esculturas en la entrada del recinto portuario a seis meses. Transcurrido ese tiempo, se trasladarán a una “ubicación consensuada y con menor impacto”. Algo a lo que ya se abrió el alcalde, Francisco de la Torre, a principios de semana, señalando que podría realizarse una “exposición temporal breve” y que preguntaría si el Consistorio tiene competencia.

El Puerto ha querido aclarar que a esta solución se llega después de “las conversaciones mantenidas con el Ayuntamiento”, alejando el fantasma de que se trate de una acción unilateral. Pero lo cierto es que el visto bueno a las esculturas se dio en un Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria con representación de todas las administraciones, sin que se haya realizado, por el contrario, ninguna consulta ciudadana, ni pedido opinión a las instituciones culturales.

Foto: frenazo-al-hotel-rascacielos-del-puerto-de-malaga

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Este malestar tiene su reflejo en representantes de la sociedad civil, que se reunieron el pasado miércoles, con la lectura de un manifiesto por parte del arquitecto malagueño Salvador Moreno Peralta, Premio Nacional de Arquitectura. Al acto asistieron representantes de la propia academia de San Telmo, la Real Academia Malagueña de las Ciencias, el Ateneo de Málaga, la Sociedad Económica de Amigos del País y del Instituto de Estudios Urbanos y Sociales. Aunque los participantes aclararon que dan este paso “a título individual”.

También en la plataforma Change.org circula una petición, con más de 1.000 firmas en sus primeras 24 horas, que pide la “inmediata paralización” del montaje de las esculturas, que estarían dentro de la zona donde aplica el Plan Especial del Puerto. Esto significa que tiene que pasar los trámites de información, licencia y dictamen del Ayuntamiento de Málaga y la Comisión Provincial del Patrimonio, cosa que hasta ahora no habría ocurrido, ante lo que advierten de “posibles acciones legales”.

Serrán: “No me van a tumbar”

Ante todo, Serrán lamenta que la polémica se haya levantado sin que la presidenta de San Telmo, Rosario Camacho, hubiese hablado con él antes ni después de sacar el comunicado y sin ver las esculturas. “Me han llamado varios miembros decepcionados diciendo que no se les consultó”. Y añade que “por responsabilidad” debería “dimitir mañana mismo”.

Camacho, por su parte, asegura a este periódico que han tenido constancia de la obra –que adelantó Málaga Hoy en enero de 2024– “recientemente, cuando se pusieron los pedestales”, a través de “medios de comunicación e internet” y que “no vimos necesario llamarlo ni teníamos su contacto”. Aunque matiza que los académicos sí que se reunieron en una Junta de Gobierno para abordar la publicación del comunicado de prensa.

Construcción de las peanas para las estatuas gigantes que se colocaran en la entrada del puerto de Málaga. (Europa Press)

Es por esto que Serrán considera todo esto un “agravio personal” que afecta “tanto a mi obra como a mi dignidad como artista y como humano. Eso sí, no me van a tumbar”. Se refiere, sobre todo, a que la Academia haya pasado por alto su currículum y, además, lo tildase de “raro”. “Parece que soy, no sé, un creador hiperlocal, cuando a los 21 años me fui a Nueva York con 2.500 pesetas en el bolsillo y ahora sumo 290 exposiciones en 23 países y 1.500 obras vendidas. El cambio de antropólogo y arqueólogo a artista lo hice hace cuatro décadas”.

Dentro de este amplio catálogo de creaciones, le gusta destacar El Emperador, de 23 metros de altura, emplazada en Manila (Filipinas); y las que ha realizado para su Ceuta natal, como La Unión del Mundo, que son “un símbolo”. También, añade, ha recibido a lo largo de su trayectoria “la medalla de las Artes de los Medici, la Llave de Oro de Miami y de Kentucky y soy embajador de las artes en Roma”.

Y recuerda que todos los costes para hacer y traer la obra, a excepción del basamento, que ha costado 70.000 euros a la Autoridad Portuaria, han corrido de su bolsillo. En total, “cientos de miles de euros” para hacer un conjunto al que le estima un precio de “unos tres millones”. “La fundición del bronce, la mano de obra, el transporte… son gastos que he sufragado yo”, remarca Serrán, que insiste en que son los ciudadanos los que deben opinar. A la espera de que el Neptuno y la Venus se instalen, lo que sí queda claro es que los críticos no quieren la obra ni regalada. El resto ya se verá.