Nueva oferta: Suscríbete a National Geographic durante todo 2026 y 2027 por solo 0,99€/mes. ¡-76% de descuento!

¡NOVEDAD! Ya disponible la edición especial El cerebro infantil de la colección Los Secretos del Cerebro de National Geographic.

Un equipo de investigadores del Imperial College London acaban de publicar un estudio en la revista Nature Ecology & Evolution que, desde luego, está dando mucho que hablar. ¿El motivo? Cambia por completo la percepción que hasta ahora se tenía sobre la homosexualidad en primates. El análisis de estas conductas parece haber demostrado que, en realidad, están relacionadas con una estrategia de supervivencia que se ha consolidado a lo largo de 40 millones de años. No solo en los simios, sino también en otras especies de mamíferos.

Basta con decir que, hasta la fecha, la homosexualidad ha sido detectada en más de 1.500 especies animales. Las nuevas evidencias encontradas sugieren que este tipo de interacciones permiten a los grupos de primates gestionar entornos hostiles y situaciones de gran estrés ambiental. En total, los científicos pudieron analizar datos de 491 especies diferentes, con el objetivo de encontrar las raíces evolutivas más profundas de este comportamiento.

Según el biólogo Vincent Savolainen, autor principal del estudio, “la diversidad del comportamiento sexual es bastante común en la naturaleza, entre especies y en las sociedades animales”. A esto añadió después que, en el contexto analizado, es considerada “tan importante como cuidar a las crías, buscar comida o luchar contra los depredadores”.

La estrategia social

El estudio hace hincapié en que las relaciones de homosexualidad entre los individuos del grupo de primates funcionan como una herramienta flexible para reforzar vínculos sociales y resolver conflictos internos. De hecho, los autores creen que, en entornos donde los recursos son limitados y existe una alta presión por parte de los depredadores, estas conductas son indispensables para mantener la cohesión del grupo. Incluso permiten crear alianzas estratégicas duraderas.

NGC 1333

Por su parte, los científicos se dieron cuenta de que esta conducta sexual es especialmente habitual en aquellas especies de primates en las que los machos y las hembras presentan mayores diferencias físicas. Por ejemplo, en el caso de los gorilas de montaña (Gorilla beringei beringei), que poseen jerarquías muy estrictas y sufren una gran competencia, este tipo de interacciones mitigan la tensión.

Sin embargo, el eje de la investigación fue la observación durante ocho años de los macacos rhesus (Macaca mulatta) de Puerto Rico, unos simios que ya se sabía que tienen preferencia por la homosexualidad. Al parecer, los descendientes de aquellos ejemplares que practicaban la homosexualidad mostraban una predisposición un 6% mayor a llevarla a cabo durante su adultez.

La herencia de un rasgo conductual

La investigación también sugiere que los machos que forman este tipo de vínculos suelen obtener una posición social más ventajosa dentro del grupo, lo que a la larga mejora su acceso a la reproducción. Es decir, la selección natural habría premiado este rasgo conductual, el cual brinda a los primates los citados beneficios indirectos.

A pesar de que existe el riesgo de extrapolar la evolución de la homosexualidad de estos primates a los humanos, sugiriendo que nuestros antepasados pudieron verse influidos por presiones similares, los investigadores se muestran tajantes: la homosexualidad humana posee matices únicos tan importantes que no se puede simplificar a través de este caso ni de ningún otro en el reino animal.