El dinero siempre ha sido el centro de la polémica en el fútbol. Son muchos los que no terminan de comprender las astronómicas cantidades de dinero que se mueven en fichajes y contratos y que, muchas veces, no son capaces de asumir ciertos jugadores, que acaban perdiendo la cabeza.
Más en la actualidad, en la que las estrellas son cada vez más jóvenes y se convierten en absolutos millonarios. Es algo que ya han advertido muchas veces ciertos futbolistas y el último en tratar el asunto ha sido Augusto Fernández en el podcast Offsiders.
El argentino, que arrancó la carrera pronto en las filas de River Plate, tuvo que saber gestionar el manejar tanto dinero tan pronto. No tuvo un paso sencillo por la cantera del club, en el que vivió durante su niñez. «Crecí en River, en una pensión para 36 niños con dos baños», una situación muy diferente a la actual. Pasó por todo. «En un momento, en el 2.000, claudico. Lidiaba con un entrenador que no era lo que yo pensaba y fui un poquito víctima de las circunstancias», relata Augusto Fernández, que echaba de menos sus amigos y familia y al regresar a Pergamino y hablarlo con sus padres, encontró el apoyo.
«Mi padre era una persona con mucho temperamento, por momentos exigente conmigo en el fútbol, pero no lo suficiente como para ver a un hijo sufrir y que le diga ‘ves igual’. Para mi fue un alivio muy grande en ese momento», cuenta Augusto, que fue cedido un año por River y al siguiente regresó para no marcharse nunca.
Su explosión fue meteórica. Con 19 tuvo la oportunidad de debutar con el primer equipo pero una circunstancia inesperada se lo privó, puesto que hacía uso de un inhalador con corticoides que hubiera dado positivo en el control. «Estaba calentando en la banda cuando el médico me dijo que no podía jugar. Yo le dije que me la jugaba, pero no me dejaron», explica Augusto, que ya no volvió a salir del primer equipo y con Passarella recibió el contrato ya como jugador del primer equipo. «Tras un entrenamiento, me mandaron a firmar un nuevo contrato. Firmo y fue una locura, pasé a cobrar 100 veces más. No lo podía creer, no llamé ni al representante de ese momento. Me cambió la vida. Pasé a ganar muchísimo dinero en un día. Empecé a manejar un volumen de dinero que no me entraba en mi cabeza», arranca diciendo Augusto, que llegó a perder la cabeza.
«Fue difícil gestionar. Entra una confusión poco evitable. Yo tenía una buena familia conmigo, pero pasé a ganar mucho dinero, a ser una persona pública… en un club como River, que es lo máximo. En un determinado momento, no se cuando pasó, me empezó a consumir, me empecé a equivocar. Empiezas inconscientemente a mermar el rendimiento, por más que no lo quieras admitir. Tu gente, la que vale, te empieza… luego están los que se suben al barco divertido. Los que sufren a tu lado te dicen que te estás equivocando», aclara el ex del Celta de Vigo, Atlético de Madrid y Cádiz.

Augusto Fernández volvió a jugar con el Atlético de Madrid un año después de su lesión.
Terceros
Fue tal la situación, que llegó incluso a los odios de Passarella, aun su entrenador, que lo confrontó. «En un momento me saca, porque sabía todo, y me decía ‘mírame’, yo temblaba. Se impone, tiene presencia sin quererlo. ‘Saliste anoche’, me dijo, y yo lo negaba. Por ahí, honestamente, no había hecho nada pero te dejaba el miedo en el cuerpo. Te quería hablar y te quería oler. ‘Te vieron por avenida libertador’, decía. Me he equivocado pero supe escuchar a mi entorno para equilibrarme a tiempo», expresa Augusto, antes de relatar su peor episodio. «En un entrenamiento Passarella me saca, me empieza a decir de todo delante de todos porque estaba ahogado. Y no había dormido bien porque me había comprado mi primer auto, tras hacer varias cosas por la familia con mi primer contrato. Ahí, que ya llevaba un tiempo en Primera, me compré el coche y estaba con la ansiedad de cogerlo. No pude dormir. Y Pasarela me saca y me expone delante del grupo».
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No se quedó callado Augusto, solo en primera instancia, pues luego fue a ver su técnico. «Me acuerdo, tenía mi personalidad, sentí que allí delante me faltó al respeto y golpeo la puerta de su vestuario para hablar con él. Me cerró la puerta y yo se la abro. Nadie se le iba a plantar, pero le empiezo a explicar porque no dormí y que me faltó al respeto. Passarella me miraba de reojo y le digo que cuando me vuelva a poner, no me va a sacar más. Cerré la puerta y me fui. No me habló durante dos o tres semanas e iba desconvocado. Me estaba probando. De un momento para el otro me convoca y entró al vestuario y estaba de titular. Ya no salí más, fue mi mejor año», zanja Augusto.