Durante una comparecencia pública tras verse en Washington con Donald Trump, María Corina Machado situó en primer plano una decisión que marcó todo el tono de su reunión en la Casa Blanca: su regreso inminente a Venezuela. Según explicó, se lo dijo de forma … directa en la reunión privada. «Lo voy a hacer y voy a regresar a Venezuela lo antes posible», afirmó, sin rodeos, presentándolo como un compromiso político inseparable del momento que atraviesa el país y del mandato que asegura haber recibido.

Machado explicó que trasladó a Trump que la transición no puede gestionarse únicamente desde el exterior ni sostenerse en comunicados, gestos simbólicos o ruedas de prensa internacionales. Insistió en que su papel pasa por volver al país y asumir los riesgos de una fase que definió como compleja, frágil y decisiva. «Esto no se puede conducir desde fuera», dijo. «Tiene que hacerse desde Venezuela, con los venezolanos, y asumiendo los riesgos que eso implica». Subrayó que su regreso no es una decisión personal, sino una obligación política ligada a la legitimidad que dice tener y a la necesidad de acompañar el proceso desde dentro.

A partir de ahí, endureció el tono y lanzó un mensaje directo a la comunidad internacional. Dijo que, a estas alturas, «no hay excusas» para que los mandatarios no decidan posicionarse ante Venezuela. Afirmó que la información sobre lo que ocurre en ese país es conocida, que los hechos están documentados y que ya no cabe la ambigüedad. Habló de crímenes de lesa humanidad y de terrorismo de Estado, y sostuvo que existen «nombres y apellidos» de líderes globales que, según dijo, no están dando la batalla que exige la magnitud de la crisis. «No hay excusas para ignorar el terrorismo de Estado», insistió. «Todo el mundo lo sabe».

Ese mensaje, explicó, no iba dirigido solo a gobiernos, sino también a organismos multilaterales y actores internacionales que, a su juicio, han optado por la cautela o el silencio. Machado planteó que la inacción también tiene consecuencias y que la neutralidad, en este contexto, equivale a tolerancia. Enmarcó ese reproche como una advertencia política y moral en un momento que describió como decisivo.

En su diagnóstico, Machado reiteró que Venezuela no vive una crisis institucional convencional. Aseguró que así se lo expuso a Trump y a otros interlocutores internacionales. «No estamos frente a un gobierno autoritario normal», afirmó, «sino frente a una estructura criminal que se ha apropiado del Estado». Describió ese entramado como una red sostenida por la represión, el miedo y la persecución sistemática, con vínculos internacionales. En ese contexto, señaló a Delcy Rodríguez como una figura central del engranaje chavista, alineada con intereses de Rusia, China e Irán. Matizó, sin embargo, que esa estructura no representa ni al pueblo venezolano ni a una parte significativa de las Fuerzas Armadas.

Machado insistió en que ese diagnóstico condiciona por completo los pasos siguientes. Rechazó fijar fechas para elecciones y advirtió de que hacerlo sin modificar antes las condiciones sería engañar a la sociedad. «Hablar de elecciones sin desmontar el aparato represivo es una ficción», afirmó. Enumeró como prioridades inmediatas la liberación real de todos los presos políticos, el cierre de los centros de tortura, el fin de la persecución contra periodistas y opositores y las garantías para que los exiliados puedan regresar y reorganizarse políticamente dentro del país. Subrayó que excarcelar no equivale a devolver la libertad. «Si no puedes hablar, si no puedes salir del país, si sigues amenazado, no eres libre», dijo.

La fase más delicada

En ese punto, Machado explicó que la transición, tal y como la concibe, debe desarrollarse por fases y que la actual es una de las más delicadas. Afirmó que el régimen se ve forzado a empezar a desmontarse a sí mismo, aunque de forma incompleta y bajo presión. «Estamos en una etapa compleja, en la que muchas cosas siguen intactas», señaló. «Pero el proceso ya comenzó». Advirtió de que no será lineal, que habrá retrocesos y momentos difíciles, pero defendió que una vez iniciado es irreversible.

María Corina afirmó además que Delcy teme personalmente a Trump. «Le tiene terror», dijo, al referirse al impacto que, según ella, tiene el expresidente estadounidense sobre el núcleo del poder chavista. Añadió, sin embargo, que ese miedo no es una base de gobierno viable. «Eso no es sostenible y ella lo sabe», sostuvo.

E insistió en que Delcy carece de apoyos populares reales y que su margen de maniobra se limita al control que ejerce la estructura represiva del régimen. Según su análisis, ese vacío de legitimidad explica tanto la dependencia del miedo como la fragilidad interna del poder, que ya no se apoya en respaldo social ni en confianza institucional, sino en la coerción y en equilibrios cada vez más precarios.

El interés humano de Trump

La dirigente opositora introdujo también la dimensión humana como uno de los ejes centrales de su intervención y de su conversación con Trump. Habló de los presos políticos, de los desaparecidos y de las familias que no saben dónde están sus seres queridos. Amplió el foco hacia el impacto social del colapso venezolano. «Hablamos de niños que crecen sin sus madres, de escuelas que solo funcionan dos días a la semana, de maestros que ganan un dólar al día y tienen que buscar otros trabajos para poder comer», relató. Alertó de que Venezuela sufre los peores niveles de malnutrición infantil en un siglo y defendió que la transición es, ante todo, una urgencia para salvar vidas. «Es por esos niños que estamos haciendo lo que estamos haciendo», afirmó.

«Voy a regresar a Venezuela lo antes posible»

Machado aseguró que Trump le transmitió preocupación directa por el sufrimiento de la población venezolana y que ese fue, según dijo, uno de los mensajes más importantes que quiso hacer públicos. Presentó ese respaldo como un factor clave no solo para la transición política, sino también para la estabilidad regional. A su juicio, la salida del régimen no es solo una cuestión de justicia para Venezuela, sino un elemento relevante para la seguridad y la prosperidad del hemisferio.

Preguntada por el calendario institucional, Machado recordó que la Constitución venezolana ha sido vulnerada de forma sistemática y que el país ocupa el último lugar mundial en Estado de derecho. «Si la Constitución se hubiera respetado, no tendríamos miles de presos políticos ni millones de exiliados», dijo. Señaló que millones de venezolanos no pudieron votar en los últimos procesos electorales, tanto dentro como fuera del país, y defendió que corregir esa exclusión es una condición básica de cualquier elección creíble. «Cada venezolano, esté donde esté, tiene que poder votar», subrayó.

Un país sin fracturas

Machado rechazó las comparaciones con otros escenarios de colapso estatal o transiciones violentas. Aseguró que Venezuela sigue siendo una sociedad altamente cohesionada, sin fracturas religiosas, étnicas o territoriales profundas. «Aquí no hay una guerra entre pobres y ricos, entre civiles y militares», afirmó. «Hay un país unido por una demanda simple: vivir con dignidad y recuperar a nuestros hijos». Defendió que la Venezuela que emerja del proceso será una sociedad basada en el mérito, el trabajo y la libertad, y alineada con valores democráticos.

«Hay un país unido por una demanda simple: vivir con dignidad y recuperar a nuestros hijos»

Machado insistió en que el tiempo de las excusas se ha agotado y que la comunidad internacional tendrá que asumir responsabilidades. «No hay excusas», repitió. Al mismo tiempo, volvió a subrayar su compromiso personal. Reiteró que regresará a Venezuela para acompañar el proceso desde dentro y asumir los riesgos de una etapa que definió como histórica. «Ese es mi compromiso», dijo. «Estar donde hay que estar cuando hay que estar».