Aquel día de 1961, Sonia estaba harta. A su casa, en un barrio burgués de Oslo, había llegado la prensa del día, y en ella se veían las miradas cómplices del altísimo príncipe Harald y las de una jovencita griega. ¿Pero qué hacía ella con él? ¡Si él era su novio! ¿Cómo que ella además era princesa? Definitivamente, ante Sofía, la estudiante de patronaje y costura se sentía menos que cero. 

Harald y Sonia

Sonia Haraldsen era una jovencita de una familia burguesa de Oslo con un estupendo ojo para la moda y el diseño

Gtres

Sonia Haraldsen no tenía la culpa de haberse enamorado de un heredero al trono. Se habían conocido en 1959, siendo unos niños, en unos campamentos a los que su madre decidió mandarla tras la repentina muerte de su padre. Le vendría bien distraerse. Tomar algo de aire fresco y el contacto con otros adolescentes de su edad. Y fue ahí, entre bosques y fogatas, cuando la chica de 15 años se enamoró por primera vez. Por primera y última. 

Una relación a escondidas

Aquel había sido un amor completamente correspondido. Ella no se estaba engañando. Lo que vivieron sus jóvenes corazones era real. Tanto que, cuando acabaron aquellas semanas campistas, los enamorados siguieron hablando. Sonia y Harald intercambiaron sus direcciones. La de ella, en un barrio tranquilo en la capital, la de él, en el Palacio Real. Se escribían cartas a escondidas y las enviaban cuando nadie miraba. En ellas, recordaban lo felices que habían sido juntos, lo mucho que se echaban de menos. Se repetían sus ganas de abrazarse y de reencontrarse. Lo que a Harald se le olvidó contarle a su noviecita es que sus padres habían invitado a los reyes griegos, junto a toda su familia, a que pasaran unos días en Noruega. 

Harald y Sonia

Harald veía cómo solo era un peón en las decisiones de sus padres, que buscaban emparejarlo con otra princesa

Gtres

La reina Federica de Grecia lo veía claro. De hecho, llevaba insistiendo desde que cinco años antes había fletado el crucero Agamenón para que sus vástagos salieran emparejados. Su hija mayor, Sofía, era perfecta para el guapísimo Harald. Él era el jovencito mimado de una estirpe que hacía décadas que no veía nacer a un heredero varón y esto, ante las miradas de la época, le confería un halo de unicidad. Él era la gran esperanza del país, así que ¿quién mejor que su hija para reinar a su lado? Para ella, no había candidata más idónea. 

Irene de GreciaPilar Eyre, sobre Irene de Grecia: "Ha tenido una vida muy singular y muy desgraciada, siempre a remolque de sus hermanos"

Los dos príncipes se entendieron bien. La prensa de la época destacó la complicidad entre los dos jóvenes, que tenían una edad similar y parecían haber congeniado. Entonces, nada parecía importar más que hacer buenos matrimonios y unir casas reales. Los rumores de relación entre ambos empezaron a ser habituales entonces. Y Sonia, desde casa, los leía todos. La noruega trataba de distraerse con diseños, patrones y costuras, pero no podía soportar la idea de que su novio traicionara a su corazón por los intereses de la Corona. 

sofia

Sofía de Grecia parecía la candidata perfecta para ser la pareja de Harald

Archivo Lecturas
«Si te casas con Sofía, me suicidaré aquí mismo»

Un día, harta, se plantó. Y no fue en una fecha cualquiera, fue en Londres y el día del ‘sí, quiero’ de los duques de Kent. Una boda a la que los dos príncipes habían sido invitados. “Sonia se presentó la víspera en el hotel Claridge’s contando a gritos que, si Harald se casaba con Sofía, ella se suicidaría allí mismo. El resultado fue que el noruego le dio plantón a la pobre princesa griega y cuando don Juan vio en la iglesia que el asiento de su lado estaba vacío, dio un empujón a su hijo para que se sentara y ahí empezó todo», explicó Pilar Eyre sobre cómo fueron los atropellados comienzos de los monarcas españoles. 

Harald y Sonia

Sonia dijo que si Harald no se casaba con ella, acabaría con su vida

Gtres

Tras escuchar aquellas palabras, el príncipe palideció. ¿Cómo podía haber estado tan ciego? ¡Sonia había estado sufriendo mientras él ejercía de anfitrión de Sofía! Pero si ella era tan solo una amiga… se sintió profundamente mal. Así que decidió ponerle remedio.
Se presentó ante su padre, el rey Olaf, y no le dio más alternativa. Si no podía casarse con su amada, él antepondría sus sentimientos a sus deberes dinásticos. Si no se casaba con la modista, su padre ya podía ir buscándose a otro heredero. 

Harald y Sonia

El padre de Harald no quería que este se casara con una plebeya. Y menos «con una costurera»

Gtres

“No permitiré que una costurera sea reina de Noruega”, vociferó el monarca. A lo que Harald volvió a tensar un poco más el pulso. “O Sonia o nadie”. El joven no iba de farol. Lo decía en serio. Estaba tan convencido de lo que sentía y de lo que quería, que no le importaba cambiar una vida llena de privilegios por otra más plebeya, con una tiendecita en la que poder vender todos los diseños de Sonia. 

Consultó al Parlamento

Tan convencido le vio, que a Olaf no le quedó más remedio: dio su beneplácito siempre y cuando el poder legislativo votara a favor. El monarca elevó los asuntos del corazón de su heredero hasta el Parlamento y ahí se debatió si Sonia podría o no podría ser reina. 

Harald y Sonia Una experta en Casa Real, sobre Harald y Sonia de Noruega: “Creo que muchos están de acuerdo conmigo en que ahora necesitan un respiro”

Finalmente y tras la deliberación pertinente, llegó el ansiado sí. Un sí tan importante como el que se darían los novios tan solo unos meses después, en 1968. Si aquella chica tanto quería a su hijo y este tanto la quería a ella, formarían un matrimonio a salvo de escándalos, con la consiguiente estabilidad que esto proporciona a la Corona. Y no se equivocaba. 

Harald y Sonia

Tras muchas tiranteces, el príncipe obtuvo la aprobación y pudo hacer realidad su sueño de casarse con Sonia

Lecturas

¿Y la tercera en este pasional triángulo? ¿Qué decía la reina Sofía de todo esto? La griega se manifestó abiertamente sobre este trasiego emocional en las memorias que le escribió Pilar Urbano. “Sé que hubo muchos intereses para casarnos, se provocaron encuentros, se hicieron cábalas… pero el resultado de ese emparejamiento forzoso fue nulo”. Por aquel entonces, ella ya pensaba en otros asuntos, como por ejemplo, las primeras infidelidades de su esposo, Juan Carlos I.

Doña Sofía supo que estaba siendo manejada para un posible enamoramiento, pero, ella, al igual que el noruego, tenía claro que, por encima de los intereses de la monarquía, estaba su corazón. Siempre se ha dicho que, tras este desengaño amoroso, ella vivió una época de profunda melancolía. Pero, a juzgar por las palabras que dirigió a la periodista, no pareció muy afectada con la idea de que Harald se casara con otra chica. 

Harald y Sonia

En agosto de 1968 se casaron Sonia y Harald en una boda por todo lo alto

Lecturas

La boda se organizó rapidísimo. Los noruegos vibraron al conocer el nombre y los orígenes de su futura reina. Aquella chica rubia de pómulos marcados era una de ellos y había hecho realidad un auténtico cuento de hadas. Cinco meses después de que el rey Olaf accediera al casamiento, en agosto de 1968, los enamorados unieron sus vidas en la Catedral de Oslo.