La impresión 3D es una tecnología que se ha vuelto casi imprescindible para la fabricación sostenible y moderna. Con el conocimiento, la supervisión y la normativa adecuados, la sociedad puede beneficiarse enormemente de esta tecnología. Su uso a nivel particular cada vez es más frecuente  por las numerosas ventajas que ofrece: …






La impresión 3D es una tecnología que se ha vuelto casi imprescindible para la fabricación sostenible y moderna. Con el conocimiento, la supervisión y la normativa adecuados, la sociedad puede beneficiarse enormemente de esta tecnología. Su uso a nivel particular cada vez es más frecuente  por las numerosas ventajas que ofrece: menos residuos, una producción más eficiente y productos mejor adaptados.

Sin embargo, a medida que este tipo de tecnologías entran en los hogares, surgen nuevos problemas de salud, como la emisión de partículas y
sustancias químicas.

Es por ello que investigadores de la Universidad de Örebro (Suecia) han elaborado un estudio para ampliar el conocimiento sobre los riesgos pero también sobre cómo aportar mayor seguridad en la
impresión 3D. «No podemos afirmar que la impresión 3D sea intrínsecamente mala, pero tampoco podemos afirmar que sea cien por cien segura», afirma Andi Alijagic, docente de biología e investigadora en toxicología. «Nuestro objetivo no es detener el uso de las impresoras 3D sino contribuir a que su uso sea más seguro mediante la comprensión de los efectos en la salud de las partículas y las sustancias químicas que emiten», agregó.

Los investigadores detallaron algunos de los principales riesgos que estas herramientas pueden generar para la salud. Uno de ellos proviene de los materiales utilizados, especialmente ciertos metales y
plásticos, que pueden ser nocivos y las emisiones de pequeñas partículas y vapores
químicos pueden afectar el tracto respiratorio y los órganos.





Asimismo, pequeñas partículas y sustancias químicas penetran
fácilmente en el torrente sanguíneo y los pulmones, lo que provoca inflamación,
problemas respiratorios y efectos a largo plazo en la salud. Los niños, las
mujeres embarazadas y las personas con asma corren un riesgo especial.

Además de los problemas de salud para quienes utilizan
impresoras 3D, existen problemas ambientales con los microplásticos y toxinas
en las aguas residuales y los desechos.

En el proyecto NanoSafety2 de la Universidad de Örebro, los investigadores están colaborando con la industria para desarrollar un marco para medir las emisiones de partículas y productos químicos y evaluar sus efectos en el cuerpo humano, así como para hacer que la producción sea más segura a través de instrucciones de salud y seguridad, materiales más seguros y procesos de impresión 3D mejor diseñados.

«Actualmente no tenemos forma de saber qué efectos a largo plazo surgen del uso de impresoras 3D en la industria o en el hogar», según Alijagic. «Solo después de realizar mediciones y pruebas a largo plazo sabremos más. Al mismo tiempo, se desarrollan constantemente nuevos materiales y métodos plásticos y metálicos, lo que puede conllevar nuevos riesgos».

Aunque, hasta ahora, no hay establecidos límites específicos para las impresoras 3D, sí existen valores orientativos para las partículas en el entorno de trabajo. En países como Finlandia, estas directrices ya se utilizan para evaluar los riesgos de las emisiones de partículas en diversos procesos, incluida la impresión 3D.


SEGUIR LEYENDO