Hace unas semanas tuve la suerte de asistir al preestreno de Las Primeras, un documental producido por Videoreport Canarias sobre la historia de Gara y Loida Hernández Rubio, internacionalmente conocidas como el dúo K-Narias.

La cinta, de alto valor divulgativo, recoge material del archivo personal de estas hermanas gemelas: desde su infancia en el tinerfeño barrio de Añaza hasta su actuación en el Madison Square Garden de Nueva York en 2005.

En el coloquio celebrado durante el evento, Gara y Loida indicaron que el documental no recoge toda su vida y que podría haber una segunda parte. Sería una oportunidad para abordar un tema clave: su etnicidad.

Esta idea se intuye cuando coinciden en backstage con María Becerra, quien comenta su acento. Una de ellas responde: fuera de Canarias, “piensan que somos latinos”.

¿A qué persona de las islas no la han confundido con latinoamericana? Nuestro acento, cultura e idiosincrasia lo favorecen.

El documental insiste en que las K-Narias fueron pioneras del reguetón en España, pero ¿dónde queda su canariedad en ese análisis?

¿Y si hubieran nacido en Valladolid o Múnich y no en Añaza? Canarias, como las K-Narias, habita el borde de categorías identitarias.

«El fenómeno musical y cultural que estas dos hermanas representan se nutrió de lo que son en todos los sentidos: que nacen en las Islas Canarias»

La ubicación del Archipiélago canario al oeste de África lo convierte en un puente histórico de mercancías, personas y cultura.

Los puentes, como Canarias, están en los bordes geográficos y simbólicos. Hoy, ese cruce se da también a través de la música.

Que géneros como el reguetón, merengue o bachata se consolidaran en España tiene relación con nuestra idiosincrasia isleña.

Gara y Loida también viven en un «borde» identitario, como diría Gloria Anzaldúa en Este puente, mi espalda (1981).

Solo por ser canarias ya conocen esa experiencia fronteriza, pero también influyó su aspecto físico en su trayectoria.

Desde pequeñas lucen trenzas cosidas, presentes en videoclips como Que no te vistas que no vas (2005) o Pa la novia de mi ex (2025).

Ambas tienen pelo muy rizado, y fueron víctimas de burlas escolares: “nos llamaban el Rey León y Mafalda”.

Adoptaron estas trenzas como parte de una estética afro, convertida en su sello visual. Luego descubrieron que también las usaban los indígenas canarios.

Piel morena

Las K-Narias tienen piel morena, algo que las alejaba del canon caucásico europeo dominante cuando empezaron.

“Nunca nos rechazaron por el color, pero sí pensaban que nuestros antepasados eran africanos”, comenta Gara.

Tienen raíces en Tenerife, La Gomera, Gran Canaria y Lanzarote. Aún de adultas, su color de piel generaba reacciones.

“Un novio me dijo: tú eres mulata”, dice Loida. También vivieron discriminación racial, como con un taxista en Madrid.

“En la Península nos confundían con colombianas o venezolanas, y el trato mejoraba al decir que éramos canarias”, recuerda Gara.

Su color de piel y acento eran siempre tema. Les decían que parecían de Colombia o Puerto Rico.

Desde mi perspectiva, el fenómeno de las K-Narias nace de su identidad: canarias, con estética y sonido caribeño.

No son dos chicas blancas, sino jóvenes con una imagen afín al reguetón latino, lo que las hizo conectar con ambos mundos.

Esto rara vez se menciona en los medios. Ellas mismas lo dicen: “nunca nos preguntaron esto en entrevistas. Gracias por el interés”.

En 20 años, Gara y Loida han superado fronteras, se han ganado el cariño de su pueblo, y llevado Canarias por bandera.

Como el Archipiélago, son un puente cultural. Porque K-Narias sin Canarias no habría revolucionado la industria del reguetón.

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