Cuando Ángel Piedralba tenía 24 años, consiguió un trabajo en la fábrica de Ence, en Navia. Un contrato laboral que cogió con ganas, empapándose de los conocimientos de sus compañeros. “Aprendí mucho de los antiguos trabajadores, de su experiencia y su legado”, recuerda. Porque Ence también forma parte del ADN de los naviegos.
Piedralba trabaja en el área de calderas, encargándose de la energía y la recuperación de la fábrica. “Es un trabajo complejo, pero siempre lo he dado todo para que funcione”, explica. Ahora, sin embargo, su puesto está entre los que podrían verse afectados por un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que amenaza a 96 personas, un tercio de la plantilla.
Lleva 26 años ligado a la empresa y para él, un despido supondría “el final” de su carrera. Con 51 años, reconoce que sería muy difícil encontrar otro empleo. No está casado y tampoco tiene hijos. “Tendría que sobrevivir hasta la jubilación y esta situación lo empeoraría todo”, lamenta. Una edad crítica en la que un cese supondría ver mermada la cotización de toda una vida. «Es una situación desesperante», reconoce.
Tras más de dos décadas de dedicación, Piedralba solo espera poder seguir trabajando. “Aquí he aprendido, he enseñado y he dado lo mejor de mí. Que todo eso pueda desaparecer de un día para otro duele mucho”, añade.
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