La estimulación del nervio vago se ha convertido en una de las líneas más prometedoras de la neurología actual.
Esta técnica, basada en la aplicación de impulsos eléctricos controlados, ya se utiliza en el tratamiento de patologías como la epilepsia y empieza a ganar terreno en migraña, cefalea en racimos, dolor crónico o depresión, despertando un creciente interés médico por sus posibles aplicaciones.
Cómo funciona la estimulación del nervio vago y por qué puede aliviar el dolor
El nervio vago es el más largo de los nervios craneales y una de las principales vías de comunicación entre el cerebro y los órganos internos.
A lo largo de su recorrido conecta el encéfalo con el corazón, los pulmones y el sistema digestivo, y participa en el control de funciones automáticas como el ritmo cardíaco, la digestión o la respuesta al estrés.
Su papel es clave dentro del sistema nervioso autónomo, que funciona como un delicado equilibrio. El sistema simpático prepara al organismo para la acción y la alerta, mientras que el parasimpático, en el que predomina el nervio vago, actúa como freno fisiológico y favorece la recuperación.
Durante años, la medicina se centró en reducir el exceso de actividad del sistema simpático. La novedad ahora es que también es posible estimular directamente el nervio vago para reforzar ese “freno” natural del organismo.
Existen dos grandes formas de estimulación vagal. La más antigua es la implantable, utilizada desde finales de los años ochenta en pacientes con epilepsia resistente a fármacos.
Consiste en un pequeño dispositivo colocado bajo la piel que envía impulsos eléctricos al nervio y que, tras más de 30 años de uso y más de 125.000 pacientes tratados, ha demostrado reducir la frecuencia y la intensidad de las crisis.
En los últimos años se ha desarrollado una alternativa no invasiva. Se trata de dispositivos externos, similares a unos auriculares o a un clip que se coloca en la oreja, que permiten estimular zonas conectadas con el nervio vago sin necesidad de cirugía.
Los estudios apuntan a beneficios en epilepsia, dolor crónico, depresión, migraña y cefalea en racimos, con reducciones en la intensidad y la frecuencia de los síntomas. Aun así, los especialistas subrayan que todavía se necesitan ensayos más amplios y seguimientos a largo plazo.
Los expertos coinciden en que no se trata de una solución milagrosa, sino de una herramienta complementaria que puede ayudar al organismo a recuperar el equilibrio cuando los tratamientos convencionales no son suficientes. También recomiendan su uso bajo supervisión médica, especialmente en personas con problemas cardíacos o portadores de marcapasos.
La estimulación del nervio vago se perfila así como una vía terapéutica con potencial para cambiar el abordaje de varias enfermedades neurológicas y del dolor, apostando por ayudar al cuerpo a regularse a sí mismo.