La técnica del palo y la zanahoria es tan antigua como la del poli bueno y el poli malo. Aunque Paolo Galbiati destaque por su … cercanía y su buena relación con los jugadores a los que entrena, lo que le puede encuadrar entre los entrenadores de mano izquierda, el italiano no es ajeno al látigo. Cuando acabó anteayer el peor partido de lo que va de temporada, el nivel de cabreo del técnico lombardo superó la altura de otras ocasiones. La decepción de ver a su Kosner Baskonia con una clamorosa desatención defensiva y falto de rebeldía, invadió un espíritu enérgico que advirtió diseñar «un entrenamiento tremendo» para hoy jueves.
Más que un castigo, se trata de un refuerzo negativo. El descontento es puntual y trata de evitar la relajación propia de un equipo que ha logrado cumplido con el primer objetivo del curso: la clasificación copera. El torneo se acerca y el entrenador entiende que es un mes para jugar con el cuchillo entre los dientes. Es la única forma con la que se puede mitigar las deficiencias en el juego interior de la plantilla.

El aviso a navegantes de que aquellos que no lo dejen todo sobre la cancha no jugarán fue aplaudida por parte de la afición azulgrana. Los seguidores pudieron ver en el enfado de Galbiati la identidad de algunos de los técnicos que marcaron los años más gloriosos del club. En sus palabras había la ambición que se ha tratado de impregnar desde antes de que se levantara el coliseo de Zurbano y que ha hecho desfilar por Vitoria a muchos técnicos enamorados del trabajo físico.
Jugaba todavía el Baskonia en Mendizorroza cuando Herb Brown le dijo a Lagarto de la Cruz que era el cáncer del equipo. Él era subcampeón olímpico y el equipo venía de una derrota en Málaga en la que siquiera había jugado. El técnico le mandó entrenar en el día libre para darle un toque de atención a la plantilla. Aunque fuera impostado.
Los castigos de Manel Comas fueron aún más extenuantes. El Sheriff implantó el ‘Horario Michelín’. «Si un trabajador está ocho horas en el curro, vosotros lo mismo aquí», les decía a sus jugadores. En 1997, el Baskonia cayó eliminado en los cuartos de final de la Kopa Korac después de que el Peristeri le remontara en Grecia los 13 puntos de ventaja. Nada más regresar del viaje, la plantilla empezó a entrenar.
A Comas le sustituyó un Sergio Scariolo sin los miramientos de la actualidad. Para Lucio Angulo fue como «hacer la mili». Una instrucción triunfal. Dusko Ivanovic subió otro peldaño más. Sus famosos entrenamientos de subir escaleras, triples sesiones… Hubo un día, justo el previo a que les concediera una jornada libre, que Scola le pidió una tregua. Luifa tuvo doble sesión. Más allá de los resultados, la dureza de los entrenamientos eran una norma. Se la instruyó Boza Malkjovic en la Jugoplástica a la que los entrenadores de fútbol iban a tomar ideas sobre su preparación física. La misma escuela de la que salió Velimir Perasovic.
Frustración en sala de prensa
Los tiempos cambian pero la acidez que las derrotas causan en los aficionados se mantienen. La trayectoria del Baskonia ha convertido en previsible sus resultados cada vez que viaja por Europa. Galbiati se niega a asumirlo, sin reparar en si es grande o pequeño el rival, juegue fuera o en el mismo Buesa Arena. La dura derrota sufrida en Milán debe hacer recordar también que el propósito de ser un equipo competitivo en la Euroliga no se está cumpliendo. Los equipos de su exjugador y amigo Peppe Poeta son los que más le han frustrado. «Perdimos contra un equipo que cuesta cinco veces más que nosotros», tras caer en marzo contra el modesto Brescia. Al día siguiente salió a pedir disculpas. Ahora, espera que Milán sea el fondo de un Baskonia relanzado. Un borrón.