Durante décadas, la comunidad científica ha considerado que en el centro de la Vía Láctea existe un agujero negro supermasivo conocido como Sagitario A* (Sgr A*), responsable de la intensa gravedad que gobierna el movimiento de estrellas cercanas.
Sin embargo, un reciente estudio publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society plantea una hipótesis alternativa: el núcleo galáctico podría estar alimentado por una enorme concentración de materia oscura capaz de generar efectos gravitatorios similares a los de un agujero negro. Esta propuesta, aún en fase de evaluación, abre una nueva vía para comprender la estructura y evolución de nuestra galaxia.
La teoría dominante sostiene que Sagitario A* es un agujero negro con millones de veces la masa del Sol, cuya existencia se ha inferido mediante la observación del comportamiento de las llamadas estrellas S. Estos astros describen órbitas extremadamente rápidas alrededor del centro galáctico, alcanzando velocidades de miles de kilómetros por segundo, un fenómeno que ha sido interpretado como evidencia de un objeto extremadamente denso y compacto.
Las observaciones del Telescopio del Horizonte de Eventos, que logró captar una imagen de la sombra del supuesto agujero negro, reforzaron esta interpretación. No obstante, ciertos aspectos de la dinámica galáctica, especialmente relacionados con la distribución de masa en las regiones exteriores de la Vía Láctea, han impulsado a algunos investigadores a explorar modelos alternativos.
El nuevo estudio sugiere que el centro de la galaxia podría estar formado por un tipo particular de materia oscura compuesta por fermiones, partículas subatómicas ligeras que interactúan gravitacionalmente pero no emiten ni absorben luz. Según los investigadores, estas partículas podrían agruparse para formar una estructura cósmica singular compuesta por un núcleo extremadamente denso rodeado de un halo difuso.
Este modelo permitiría explicar simultáneamente dos fenómenos aparentemente distintos: las órbitas rápidas de las estrellas cercanas al centro galáctico y el comportamiento gravitatorio a gran escala observado en la periferia de la galaxia. En teoría, el núcleo compacto de materia oscura generaría una fuerza gravitatoria comparable a la de un agujero negro, mientras que el halo circundante influiría en la rotación global de la Vía Láctea.
La simulación de la “sombra” del agujero negro
La investigación fue realizada por un equipo internacional que incluyó instituciones científicas de Argentina, Italia, Colombia y Alemania. Los científicos combinaron modelos matemáticos avanzados con datos observacionales recientes para evaluar la viabilidad del escenario propuesto.
Un elemento clave del estudio fue el análisis de los datos obtenidos por la misión Gaia DR3 de la Agencia Espacial Europea. Esta misión ha generado uno de los mapas más precisos de la Vía Láctea, permitiendo estudiar con detalle la rotación de estrellas y gas en las regiones externas de la galaxia. Los datos revelaron un fenómeno conocido como declive kepleriano, una desaceleración en la velocidad de rotación en los límites galácticos.
Los investigadores sostienen que este patrón puede explicarse de forma coherente mediante el modelo de materia oscura fermiónica, que predice una distribución más compacta del halo galáctico en comparación con los modelos tradicionales de materia oscura fría.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que el modelo de materia oscura también podría reproducir un fenómeno considerado característico de los agujeros negros: la sombra observada por el Telescopio del Horizonte de Eventos. Según los cálculos teóricos, un núcleo extremadamente denso de materia oscura podría curvar la luz de forma tan intensa que generaría una región oscura rodeada por un anillo brillante, una apariencia visual muy similar a la atribuida a los agujeros negros.
Esta coincidencia representa uno de los argumentos más sólidos del modelo alternativo, ya que sugiere que algunas observaciones que tradicionalmente se interpretan como evidencia de agujeros negros podrían tener explicaciones diferentes.
Sin embargo, el modelo de materia oscura ofrece una ventaja teórica al proporcionar un marco unificado capaz de explicar tanto la dinámica del centro galáctico como el comportamiento gravitatorio en escalas mayores. Esta capacidad integradora ha sido presentada por los autores como una posible fortaleza conceptual frente a los modelos convencionales.
A pesar de su potencial, los científicos reconocen que la hipótesis aún requiere verificación empírica más precisa. Instrumentos avanzados como el interferómetro GRAVITY, instalado en el Very Large Telescope en Chile, podrían proporcionar mediciones más detalladas del entorno de Sagitario A*. Además, la búsqueda de señales específicas, como los denominados anillos de fotones —característicos de los agujeros negros y ausentes en el modelo de materia oscura—, será fundamental para diferenciar entre ambas teorías.
Estos futuros experimentos podrían determinar si el centro de la Vía Láctea está dominado por un agujero negro tradicional o por una estructura inédita de materia oscura, lo que tendría profundas implicaciones para la física fundamental y la cosmología. @mundiario