El dolor es el síntoma más recurrente entre las personas que padecen herpes zóster. Así se refleja incluso en grupos de apoyo en redes sociales, donde pacientes y familiares comparten experiencias, consultan dudas y buscan formas de aliviar una dolencia que, en muchos casos, puede prolongarse en el tiempo.

El herpes zóster, conocido popularmente como ‘culebrilla’, es una enfermedad causada por la reactivación del virus de la varicela. «Se trata de una erupción vesículo-ampollosa localizada en una zona del cuerpo, habitualmente muy dolorosa», explica el dermatólogo Ignacio Alonso, del Centro Médico Los Tilos.

Una de las principales características que permite diferenciarlo de otras afecciones cutáneas es precisamente la intensidad del dolor. «En las reacciones alérgicas suele predominar el picor, mientras que en el herpes zóster el síntoma principal es el dolor», señala el especialista. No obstante, puede confundirse con otras patologías como el herpes simple o determinadas picaduras.

Aunque puede aparecer a cualquier edad, el herpes zóster es más frecuente en personas mayores y en pacientes con el sistema inmunitario debilitado. En los últimos años, los especialistas han observado un aumento de los casos, en parte vinculado al uso creciente de fármacos inmunosupresores.

Una de las complicaciones más relevantes es la neuralgia postherpética, que consiste en la persistencia del dolor en la zona afectada una vez desaparece la erupción cutánea. Esta secuela, más habitual en personas de edad avanzada, puede prolongarse durante meses y afecta de forma significativa a la calidad de vida de los pacientes.

El tratamiento antiviral es eficaz, pero requiere una intervención precoz. «Debe iniciarse en las primeras 48 o 72 horas desde la aparición de los síntomas. Los antivirales tópicos no son eficaces», advierte el dermatólogo, que insiste en la importancia de acudir al médico ante los primeros signos.

El impacto del herpes zóster en la población es relevante. Se estima que hasta un 30 % de las personas desarrollará la enfermedad a lo largo de su vida, con un riesgo claramente superior a partir de los 50 años. Aunque la mortalidad es baja, las complicaciones pueden generar dolor persistente, limitaciones funcionales y un aumento del uso de recursos sanitarios.

Ante esta situación, la Red Centinela Sanitaria de Castilla y León ha puesto en marcha un estudio que se desarrollará durante un año para analizar con mayor precisión la incidencia y características de la enfermedad.

En paralelo, la vacunación se ha consolidado como la principal medida de prevención. La vacuna se ha incorporado al calendario para personas mayores de 65 años y pacientes con tratamientos inmunosupresores.

En la provincia de Segovia, la cobertura vacunal en la cohorte de 80 años alcanza el 61,7 %, según datos actualizados a octubre de 2025. En términos absolutos, 1,126 personas han recibido la primera dosis de la vacuna, de una población diana de 1,825. La cobertura desciende ligeramente en la segunda dosis, que alcanza el 58,68 %.

A pesar de la implantación progresiva del programa, cerca de cuatro de cada diez personas en esta franja de edad aún no se han vacunado, lo que indica un margen de mejora en una enfermedad cuyo impacto va en aumento. El dermatólogo Ignacio Alonso subraya que, pese a tratarse de una enfermedad frecuente, aún existen ideas erróneas sobre su manejo. «No sabemos con certeza por qué se reactiva el virus de la varicela; tradicionalmente se ha asociado al estrés o a una bajada de defensas, aunque en los últimos años el aumento de casos parece vincularse al uso de fármacos inmunosupresores», explica. 

El especialista recuerda que el herpes zóster, no es una patología menor y que genera una importante preocupación entre los pacientes, especialmente por el dolor que la caracteriza. Insiste en la necesidad de reconocer los síntomas a tiempo y entender el alcance de una enfermedad. En este sentido, recuerda que el abordaje se centra en controlar el dolor y la evolución de la enfermedad, mientras «se espera que pase la tormenta», y destaca el papel creciente de la vacunación como medida de prevención en los grupos más vulnerables.