Aunque apela a cuestiones que siempre han estado en la sustancia del ser humano, como la moral, la integridad, la honradez o la justicia, la historia que se cuenta tiene componentes muy próximos y visibles en la actualidad, y especialmente en la española. Trata de … un caso claro de corrupción, de un jurado popular que tiene que dar su veredicto y de la tentación de cambiarlo, de culpable a inocente, y recibir cada uno de ellos un millón de euros. En fin, un paisaje reconocible en nuestros tiempos de ética variable y amoldable a ‘mis’ circunstancias.

Los directores, Jorge A. Lara y Fer Pérez, guionistas de series de éxito que hacen su primera película, afrontan esta muy seria historia (que podría tener algún punto de contacto con ‘Doce hombres sin piedad’) con una cierta inclinación a la comedía, aunque se abran entre ella los dramas de cada uno de los justos del título, los nueve miembros del jurado popular, reunidos en una sala para juzgar los trapicheos de un hombre con poder y dinero para comprar su inocencia.

La estructura es simple, los vamos conociendo uno a uno en la sala de deliberación y también en el hotel en el que están recluidos hasta que den su veredicto; dos espacios y nueve actores, y unos diálogos rápidos y que les dan las claves al espectador de por dónde van a ir los hilos del argumento. Como el retrato que surge es, en términos generales, muy elemental, la veleta de los guionistas y directores apunta a lo cínico, a esa mezcla de realidad e hipocresía con que embadurna su vida ‘to quisqui’, que otro talento no tendremos, pero el de encontrar una buena excusa para nuestro proceder torcido nunca nos falta.

Y hay que considerar como un acierto de la película que no muestre nunca al ‘chorizo’ juzgado, de tal modo que cada cual puede ponerle la cara que le apetezca (tampoco faltan ‘caras’ en nuestro paisaje). Como es obvio, lo mejor es la interpretación de los nueve miembros del jurado, Carmen Machi, Vito Sanz, Pilar Castro, Marcelo Subiotto, Anne Gabaraín, Bruna Cusí, Marina Guerola y Hugo Welzel, que nos hacen un hueco a todos para apropiarnos de sus dilemas.