Madrid
Francisco de Goya ha pintado algunos de los cuadros más reconocibles de la cultura española. Desde el Fusilamiento del 3 de mayo hasta Saturno devorando a su hijo o La Riña en la Venta Nueva. También La maja desnuda, una obra de lo más polémica para aquella época con la que el pintor se plantaba frente a una inquisición que no permitía este tipo de arte. De hecho, su vida llegó a correr peligro por atreverse a hacer algo así. Por suerte, contó con figuras influyentes como el cardenal Luis María de Borbón y Vallabriga, quien ayudó a que el pintor fuera absuelto en 1815.
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Según recogen los reportes de aquella época, Francisco de Goya siempre mostró su oposición a la Inquisición e hizo todo lo que estuvo en su mano para debilitarla y acabar con ella. Un tema sobre el que hemos hablado en el último programa de SER Historia, donde hemos charlado con Luis Zueco, autor de El Juicio, para conocer de primera mano la persecución que sufrió Francisco de Goya por la Inquisición durante su estancia en Madrid.
«Un personaje muy peligroso»
Porque el pintor fue una figura muy peligrosa para todo aquello que representaba el antiguo régimen: «Goya podía empezar el día cazando con el rey, luego tomarse un café con la reina o con Godoy y por la noche ponerse a trabajar en sus obras más críticas contra la inquisición. Por lo tanto, no era un outsider, no fue alguien que estuviera fuera del sistema y lo critica. Es alguien que está en la cumbre del sistema, que tiene contactos y amistades con los grandes nombres y la monarquía. Entonces lo ven como un personaje muy peligroso».

Goya y la Inquisición
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Pero el pintor era consciente de que no podía pregonar a los cuatro vientos sus críticas a la inquisición. De ahí que se le ocurriera un plan que, sin duda alguna, surtió efecto: «Apostó por la crítica y la sátira de obras como Los Caprichos. Una serie de 80 grabados satíricos que no estaban hechos para el pueblo, sino para las élites. Goya crea este libro para los duques de Osuna, para la duquesa de Alba… para quienes van a tomar las decisiones».

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Cara a cara contra la Inquisición
El autor no podía ir criticando a la Inquisición por la calle, pues podría acabar siendo detenido o incluso condenado a muerte. De ahí que apostara por esta nueva vía que, sin duda alguna, le ayudó a conquistar (todavía más) a las altas esferas: «Goya no va a ir por la calle criticando a la Inquisición. Va a ser más inteligente. Va a hacer un mensaje ambiguo y complejo para que las élites ilustradas entendieran que las cosas tenían que cambiar».

Aristóteles, El maestro de Alejandro
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El pintor sabía que la Inquisición estaba en sus horas bajas y que iba a necesitar la ayuda de todo el mundo para poder acabar con la misma. Pero, como todavía era temida por el pueblo, apostó por una crítica fina e inteligente para deslegitimar socialmente a la institución frente a los ilustrados. Y aunque logró sortear la censura oficial, acabó siendo investigado hasta en dos ocasiones tanto por los grabados como por la anteriormente citada Maja desnuda.