Han pasado a la historia como una de las parejas más carismáticas del siglo XX; una extraña pareja para muchos. La actriz Marilyn Monroe, nacida y fallecida en Los Ángeles, a los 36 años, y el dramaturgo Arthur Miller —quien murió mucho después, en 2005, a los 89 años— se casaron por lo civil el 29 de junio de 1956, tras finalizar ambos sus matrimonios anteriores (aunque su romance empezó antes): ella, con el jugador de béisbol Joe DiMaggio; él, con su novia de la universidad, Mary Slattery, con quien tuvo dos hijos. La unión entre la estrella de Hollywood, que por entonces huía de la imagen frívola que los estudios de cine habían vendido (y explotado) de ella, y el intelectual, investigado por comunista y muy alejado del universo social de Monroe, duró algo más de lo que los escépticos apostaban, pero no tanto como para demostrarles que su amor incomprendido duraría para siempre. En 1961 ya se habían divorciado, tras una relación tortuosa que estuvo marcada por las adicciones de ella y la incapacidad de él para hacerla feliz. Desde entonces, los detalles de ese romance han sido carne de literatura y de publicaciones en prensa que cualquiera ha podido ver y leer alguna vez. Ahora, además, los pormenores de su relación pueden escucharse. Al menos la parte de Miller, a quien se escucha en unas grabaciones inéditas que acaban de salir a la luz y que hizo su amigo y biógrafo, el profesor Christopher Bigsby, de 84 años.

Bigsby, que es responsable, entre decenas de libros sobre literatura y autores, de una biografía de dos volúmenes sobre Arthur Miller (publicados en 2008 y 2011), ha elaborado un tercer libro centrado en la figura del autor de Muerte de un viajante. Titulada The Arthur Miller Tapes: A Life in His Own Words [Las cintas de Arthur Miller: su vida en sus palabras] y publicada este 7 de mayo por Cambridge University Press, su nueva obra, como indica el título, recoge testimonios en audio grabados durante casi tres décadas del referente intelectual estadounidense, incluidos algunos pasajes de su matrimonio con la actriz de La tentación vive arriba. En exclusiva, el periódico británico The Guardian ha publicado este jueves algunas de las declaraciones que el escritor refirió sobre la actriz en el pasado, en las que da una imagen próxima a la que ha quedado de Marilyn Monroe: la de una mujer atormentada por su necesidad sin límites de ser amada pero, sobre todo, de ser comprendida.

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“No estaba preparado para lo que debería haber estado preparado: y es que ella carecía por completo de recursos internos… Quería un padre, un amante, un amigo, un representante y, sobre todo, alguien que nunca la criticara por nada, o de lo contrario perdería la confianza en sí misma. No sé si existe alguien así“, confiesa Miller en las grabaciones inéditas de Bigsby, que este empezó a registrar y reunir poco después de que ambos comenzaran su amistad, a mediados de la década de 1970 (y duró hasta unos años antes de la muerte del dramaturgo). En esta declaración, el escritor de Todos eran mis hijos describe lo que sintió pocos meses después de casarse con Monroe, una decisión que pronto comenzó a considerar un error.

La estrella de Hollywood y el ganador de un premio Pulitzer en 1949 comenzaron rápidamente sus desencuentros. Apenas unos meses después de la boda, cuando Monroe grababa El príncipe y la corista. “Discutimos sobre si [el director, Laurence] Olivier la estaba acosando… Me encontré defendiéndolo, y eso fue lo peor que pude haber hecho. Pero creo que ninguna otra opción hubiera importado», dice él en sus audios, en los que cuenta también que, cuando abandonó el plató, su matrimonio ya estaba prácticamente terminado: “No nos hablábamos. Era imposible acercarse a ella… Era genuinamente hostil conmigo».

Marilyn Monroe y Arthur Miller reaccionan a los fotógrafos en el Boston Arts Center Theatre, en agosto de 1959.Bettmann (Bettmann Archive)

Miller habla de su esposa durante cinco escasos años como una persona inestable a la que “la muerte siempre la acechaba, siempre”. En las grabaciones, asegura haber creído que si no “cuidaba de su vida”, Monroe tendría un “final catastrófico”, una especie de profecía cumplida de cómo murió (por una violenta sobredosis de barbitúricos, en 1962) la protagonista de Vidas rebeldes (1961), película esta última que precisamente Miller escribió para ella, y que la actriz interpretó cuando su matrimonio con el autor estaba acabado, como relata The Guardian.

“En una ocasión, tuve que avisar a unos médicos para que le hicieran un lavado intestinal porque había ingerido suficientes drogas como para matarla”, cuenta Miller, para después apuntar: “Me di cuenta de que estaba en una situación psicológica muy delicada. Al final, tardó algunos años, pero sucedió. Estaba fuera de mi alcance, y del de cualquiera, detenerla”. “Era imposible que viviera, y mucho menos que estuviera con alguien. No se podía seguir viviendo con esa intensidad, con esas drogas, y sobrevivir”, apunta además sobre Monroe, de quien asegura que quiso ser madre “de una manera ideal”, añadiendo que un hijo en su matrimonio habría sido “un problema adicional”. En las grabaciones, cuenta en cambio que, tras sufrir la intérprete un aborto espontáneo y un embarazo ectópico, buscaron ayuda médica, aunque sin éxito.

Si Miller albergó algún sentimiento más amable sobre su relación con Marilyn Monroe, se lo llevó a la tumba. Sí la recuerda, como dice en las grabaciones de Bigsby, como “una persona encantadora” y “una mujer muy inteligente” con “un sentido del humor, una ironía y una generosidad extraordinarios”. Aunque avisa de que “una especie de paranoia” se apoderó de ella: “Empezó a sospechar que todo el mundo quería aprovecharse de ella o hacerle daño”.

Fe de errores: En una versión anterior de esta pieza se atribuye a la película escrita por Miller para Monroe su título en Latinoamérica, ‘Los inadaptados’. El título en España fue ‘Vidas rebeldes’.