Cuando el 26 de octubre del pasado año, en la segunda parte del Real Madrid-Barcelona de Liga, el cuarto árbitro levantaba el cartelón electrónico con el ‘7’ de Vinicius y le montó la que le montó a Xabi Alonso, nadie en el club … fue consciente de lo que iba a suponer aquella falta histórica de respeto de una de las estrellas del equipo hacia su entrenador. Un entrenador con el que ya las había tenido en anteriores partidos y al que la planta noble no defendió nunca a pesar de haberle firmado un contrato de tres años pocos meses antes. Una peculiar manera de entender la jerarquía que le ha costado muy cara al Madrid.

El paso de Xabi por el banquillo blanco fue uno de los más cortos en la presidencia de Florentino Pérez, pero su impacto en el corto y medio plazo del Madrid ha sido gigante. Futbolistas como Mbappé, Tchouaméni, Courtois, Arda o Trent estaban encantados con el trabajo que estaba haciendo Alonso, justo todo lo contrario que le sucedía a Vinicius, Camavinga, Bellingham o Valverde, lo que dio pie a dos bandos dentro del vestuario. Dos bandos que Arbeloa intentó unir tras la destitución en enero del tolosarra, pero esa unión ficticia se deshizo en cuanto el Bayern puso al Madrid a ver la Champions desde el sofá.

«Xabi tenía razón con lo de la guardería. Parecen un grupo de niñatos», cuentan a ABC fuentes del vestuario, cansados de remar un día tras otro por el escudo y el club, mientras los jugadores están más pendientes de ellos mismos y de su propia imagen que de la del equipo. El bando pro Xabi echa en cara al bando anti Xabi que no tuvieran un comportamiento profesional ni respetaran las decisiones deportivas del tolosarra, contexto que provocó el despido de Alonso apenas seis meses después de su llegada. Y el bando anti Xabi echa en cara al bando pro Xabi que se plegaran a un sistema de trabajo y de dirección que nunca se había ejecutado en el Madrid y que entendían como incorrecto si el equipo quería ganar títulos.

Después, con Arbeloa, los bandos aumentaron con un tercer grupo, el de los españoles, indignados por lo que ellos consideraban un trato desigual del salmantino. Algunos jugadores nacionales de peso entienden que el entrenador del Madrid les ha hecho el vacío estos meses y no han tenido las mismas oportunidades que el resto de compañeros. Ni siquiera cuando muchos de los habituales titulares estaban lesionados, momento en el que Arbeloa prefirió tirar de la cantera antes que de habituales suplentes con DNI español.

Este periódico ya publicó el pasado mes de enero la toxicidad que se había instalado en un vestuario roto y en descomposición, que ha mantenido cierta dignidad en los dos cruces de Champions de octavos, ante el City, y de cuartos, contra el Bayern, pero era un fino hilo que en cuanto se rompiera iba a hacer saltar todo por los aires. Y así ha sido. Hasta el punto de quebrantar el muro comunicativo que el Madrid lleva años construyendo en Valdebebas para que las filtraciones sean las menos posibles. Si hay algo que no soporta el presidente es que se manche la imagen y la reputación del Madrid con noticias e incidentes que desprestigien la marca deportiva más valiosa del mundo, y eso es lo que está pasando en las últimas semanas.

De hecho, el club cree que hay varios topos en el vestuario. En plural. Y ese ha sido el motivo por el que se han conocido todos estos episodios de incidentes y peleas entre compañeros. Filtraciones que al club le cuesta digerir. No entiende que en el vestuario haya jugadores que elijan manchar la imagen de los jugadores y de la entidad en lugar de mantenerse en silencio: «No ganan nada. Ni ellos ni nosotros».

La presencia de José Ángel en el vestuario, ayer tras la segunda pelea entre Valverde y Tchouaméni, que el uruguayo negó en un comunicado que llegaran a las manos, marca un antes y un después en lo que va a suceder en el Madrid en las próximas semanas. La entidad asume que tendrá que tomar decisiones dolorosas y aunque evita hablar de ventas de grandes jugadores y de revoluciones, sabe que tiene un problema grande de convivencia y actitud en el vestuario y que debe pasar la tijera si quiere soluciones reales, y no maquillaje.

Una de las primeras, aparte de contratar un entrenador de peso, será medir con mucho cuidado los capitanes de la próxima temporada. Carvajal termina contrato y Valverde tiene un expediente disciplinario abierto, por lo que seguramente la próxima temporada el primer y el segundo capitán no sean los que ahora mismo son. El club entiende que el brazalete del Madrid es un asunto muy serio y cree que los dos primeros capitanes de esta temporada no han estado a la altura de lo que tiene que ser un líder del vestuario. Un vestuario totalmente roto en varias partes, con varios topos sueltos y con un ombligo más grande que el escudo: así implosionó el vestuario del Madrid.