El Valencia Basket consiguió lo que parecía imposible. No solo clasificarse para la Final Four de la Euroliga, sino levantar un 0-2 ante Panathinaikos, después de haber perdido los dos primeros encuentros en el Roig Arena. Remontarle dos encuentros al aguerrido Ataman y al todopoderoso Giannokopoulos, el dueño que monta un pollo a cada encuentro, tiene un mérito enorme. Pero Pedro Martínez, el entrenador de Barcelona que incomprensiblemente nunca ha entrenado al Barça, ha logrado la proeza. Tiene una buena plantilla, tiene jugadores con liderazgo y con puntos en las manos, y él ha conseguido construir un equipo muy equilibrado, en ataque y en defensa, en lo físico y en lo talentoso. Menuda envidia. 

Lo que clama al cielo desde el punto de vista culé es ver que la estrella del Valencia, en el quinto partido, fue de nuevo Brancou Badio. Se le detectó en Senegal, llegó a la cantera del Barça y, tras destacar en el B de Diego Ocampo y tener pocos minutos en el primer equipo, no se confió en él. Se fue a Alemania, luego a Manresa y ahora está triunfando por todo lo alto en la élite europea… mientras el Barça sigue rastreando el mercado, fichando medianías y viviendo la etapa más negra de la sección desde los años 70. 

Xavi Pascual ha puesto el dedo en la llaga, lamentando que las figuras de La Masia se vayan todas a las universidades americanas y contra ello no se puede competir, ni por dinero ni por proyección. Pero el caso de ‘Papi’ Badio no es el de Dame Sarr, ni de Grujicic, ni Villar, Nnaji, JakucionisBadio se fue al Fraport Skyliners y su progresión ha sido a base de fe, esfuerzo y mucho entreno. Y la dirección deportiva del Barça, una vez más, falló en la apuesta. Para variar.