Un trabajo liderado por el Instituto Peruano de Neurociencias de Lima describe que un sistema portátil de electroencefalografía, combinado con sensores de movimiento como el giroscopio que lleva integrado, podría ayudar a detectar señales asociadas al párkinson en zonas con menos acceso a especialistas y recursos hospitalarios avanzados.

El estudio, encabezado por el neurólogo de la Universidad de California (EEUU) Gregory Brown y el radiólogo del Weill Cornell Medicine de Nueva York Ludvik Alkhoury, explora una vía para obtener biomarcadores más accesibles de esta enfermedad neurodegenerativa. Su diagnóstico sigue dependiendo, en gran medida, de la evaluación clínica de síntomas como temblor, rigidez, lentitud de movimientos o alteraciones de la marcha.

El trabajo, publicado en la revista ‘Scientific Reports’, apunta a que «la electroencefalografía móvil puede ayudar a detectar señales cerebrales asociadas a la enfermedad de párkinson mediante un sistema portátil, inalámbrico y potencialmente más accesible que otras pruebas neurológicas».

La investigación analizó a 44 personas con párkinson evaluadas sin medicación en el momento del registro. Los investigadores utilizaron un sistema inalámbrico de electroencefalografía de 32 canales, combinado con un giroscopio integrado para captar información sobre el movimiento, y recogieron también medidas clínicas estándar, como la evaluación motora y cognitiva.

El párkinson es la enfermedad neurodegenerativa que más avanza a nivel global, según los investigadores. Pero su diagnóstico sigue basándose en gran medida en la evaluación clínica, «por lo que existe un interés creciente en desarrollar biomarcadores objetivos que ayuden a detectar la enfermedad, medir su progresión o anticipar complicaciones», a juicio de los investigadores.

Según los autores, la electroencefalografía móvil «puede ofrecer una vía escalable y coste-efectiva para captar firmas neuronales del párkinson, especialmente en entornos con menos recursos sanitarios». El interés del estudio reside en que «combina señales cerebrales y datos de movimiento en un dispositivo portátil», lo que «podría facilitar en el futuro» herramientas de apoyo al diagnóstico y al seguimiento fuera de grandes centros especializados.

MAGNETOENCEFALOGRAFÍA Y BIOMARCADORES

También recientemente, el investigador del Centre for Human Brain Health de la Universidad de Birmingham (Reino Unido) Yali Pan, junto con los especialistas Gillian Roberts y Samuel Hardy, publicaron una investigación que sostiene que la actividad cerebral medida con magnetoencefalografía (una técnica que mide la actividad magnética generada por el cerebro) «ayuda a clasificar casos individuales de párkinson con una precisión elevada» y puede detectar «patrones de actividad cerebral asociados a esta dolencia», lo que refuerza la búsqueda de biomarcadores objetivos para mejorar el diagnóstico. Además, refuerza la idea de que «el diagnóstico del párkinson puede avanzar hacia herramientas más objetivas basadas en la actividad cerebral».

MOVIMIENTOS CAPTADOS CON EL MÓVIL

En esta misma línea, desde la Universidad alemana de Würzburg, los neurólogos Florian Lange y Philipp Köberle presentaron en la revista ‘Nature’ el sistema StimVision, que utiliza vídeos grabados con un teléfono móvil para analizar de forma objetiva los movimientos de la mano en pacientes con párkinson tratados con estimulación cerebral profunda. La idea es ayudar a elegir mejor los ajustes del dispositivo implantado, un proceso que «hoy sigue siendo laborioso y en parte subjetivo», según este informe.

La utilidad está en que «podría hacer más rápida, objetiva y personalizada la programación de la estimulación cerebral profunda, sin necesidad de equipos especializados»: bastaría con vídeos de teléfono inteligente y análisis computacional.

Estos estudios se suman a otros avances recientes en biomarcadores del párkinson, como las investigaciones sobre la DOPA descarboxilasa (DDC) en líquido cefalorraquídeo, una proteína que se analiza como posible marcador para diferenciar el párkinson y otros trastornos con cuerpos de Lewy de otras enfermedades neurodegenerativas.

ANALÍTICAS DE SANGRE

También se están explorando biomarcadores en sangre para anticipar la evolución de la enfermedad. Un estudio reciente divulgado por ‘NPJ Parkinson’s Disease’ aplicó aprendizaje automático a biomarcadores sanguíneos seriados, como el neurofilamento ligero (proteína de los ‘cables’ por los que las neuronas transmiten señales) y la ‘tau total’ (proteína relacionada con la estabilidad interna de las neuronas), «para mejorar la predicción del deterioro cognitivo en fases tempranas del párkinson». Los autores destacaron ya entonces «que los biomarcadores en sangre son menos invasivos, más económicos y más fáciles de repetir que otras pruebas».

En conjunto, estos trabajos reflejan un cambio de enfoque en la investigación del párkinson: pasar de depender casi exclusivamente de la observación clínica a combinar datos cerebrales, movimiento, líquido cefalorraquídeo y sangre para conseguir diagnósticos más precisos y seguimientos más personalizados.

ALFA-SINUCLEÍNA PATOLÓGICA

Tan es así que una revisión recientemente publicada en ‘Cell Death & Disease’ analizó el cambio de paradigma que se abre en el diagnóstico del párkinson: pasar de identificar la enfermedad cuando ya aparecen los síntomas clínicos a detectarla antes, a partir de su base biológica. El trabajo se situó en línea con los nuevos marcos científicos propuestos en ‘The Lancet Neurology’, que plantearon clasificar el párkinson y otros trastornos relacionados no solo por sus manifestaciones visibles, sino por biomarcadores como la alfa-sinucleína patológica (una proteína útil en su versión defectuosa), la neurodegeneración y determinados perfiles genéticos.

La citada revisión subrayó que el diagnóstico tradicional del párkinson «sigue dependiendo en gran medida de signos clínicos que suelen aparecer cuando el daño neuronal ya es significativo». Frente a ello, los nuevos modelos biológicos buscan detectar procesos clave de la enfermedad en fases más tempranas.

Este cambio podría ser relevante para mejorar el diagnóstico precoz, anticipar la evolución de los pacientes y facilitar el desarrollo de tratamientos modificadores de la enfermedad, que aún no están disponibles de forma consolidada, a juicio de estos expertos.