Salto de pantalla en Mediapro. La poderosa compañía que era capaz de alquilar “en exclusiva” Port Aventura para el disfrute de sus 7.000 empleados, en un todo incluido que invitaba a acudir al evento con la familia al completo, avanza sobre una montaña rusa y busca digerir el impacto por el reciente ERE a 189 trabajadores. Inversiones desafortunadas, una caja lastrada por más de 500 millones de euros de deuda y la pérdida de los derechos de retransmisión de algunas competiciones deportivas que eran un filón han torcido el rumbo del que aspiró a ser un transatlántico del sector audiovisual. Tras aceptar la entrada de capital chino, los capitanes fundadores partieron en búsqueda de otras aventuras y el timón de la empresa, controlado históricamente desde Barcelona, vira hacia Madrid.
“Se nos prometió que se iba a conservar la empresa y su identidad. Habrá que verlo, porque solo hay que fijarse en dónde impacta más el ERE”, señala quien hasta hace escasas semanas desempeñaba un cargo ejecutivo en las oficinas de Mediapro en Barcelona. “La mayoría de cargos ejecutivos y corporativos estaban en Barcelona, se están reemplazando por gente de Madrid”, afirma otro ex alto responsable, afectado por el ERE tras pasar nueve años en la empresa. “Esta es una decisión estratégica de la propiedad, que demuestra que Barcelona no les vale como lugar de toma de decisiones”, incide una voz que ha tenido que lidiar con el despido.
“Espero de todo corazón que compañeros míos en el futuro puedan subir aquí a buscar Ondas porque querrá decir que los criterios de viabilidad no son incompatibles con hacer contenidos que nos sacudan”, alertó la periodista Mònica Terribas al recoger su galardón por el documental El minuto heroico en la última gala de los Premios Ondas. Tras ser directora de la televisión TV3 en Cataluña y presentadora del matinal de la radio pública, fue fichada por Mediapro. También para Mediapro han trabajado Joaquim Forn, consejero de Interior en 2017 y condenado a 10 años y medio de cárcel por el referéndum independentista; Joaquim Triadú, exconsejero durante el Govern de Jordi Pujol, o Miguel Cardenal, secretario de Estado para el Deporte durante el gobierno del PP.
La empresa, fundada en 1994 por Jaume Roures, Tatxo Benet y Gerard Romy, creció catapultada por la explotación de los derechos de competiciones deportivas y ha llegado a insertar su sello en series, documentales, concursos y producciones de ambición mundial, como las películas de Woody Allen. Roures (Barcelona, 76 años) es un millonario singular. Convencido trotskista, con paso por la cárcel incluido, se especializó en la adquisición de los derechos audiovisuales de los clubes de fútbol para luego comercializarlos. Cuenta que se batió con personajes como Jesús Gil, José Luis Núñez o Manuel Ruiz de Lopera y terminó siendo íntimo de Johan Cruyff.
Sergio Oslé (Bilbao, 51 años) es desde principios de año el presidente ejecutivo de Mediapro. Antes estuvo en McKinsey y presidió Movistar+. “Vamos a poner en revisión todos los negocios de la compañía para ver la rentabilidad de los contratos y de las distintas áreas, y asegurar que tienen sentido”, dijo en una entrevista a Expansión, al poco de ser nombrado. Junto a él llegó para ocupar el puesto de CEO Carlos Núñez (Segovia, 51 años), ex presidente ejecutivo de Prisa Media. El tándem desplazó definitivamente del cuadro de mandos a Tatxo Benet (Lleida, 68 años), el último que quedaba en la empresa del tridente fundacional. Las pasadas Navidades, en un comunicado interno, Benet anunció que asumía un compromiso: “Ayudaré en todo lo que pueda al grupo y a la nueva dirección para que Mediapro siga siendo la empresa líder mundial con sede en Barcelona”.
Benet conserva el cargo de vicepresidente, con funciones más simbólicas que decisorias, y valora la venta del 5% de acciones de Mediapro que aún están en su mano. El paquete mayoritario, hasta un 85%, lo controla Orient Hontai Capital a través de Southwind Media. El desembarco del fondo chino ha sido progresivo: se hizo en 2018 con un 54% de las acciones del grupo audiovisual, en una operación que rondó los 900 millones de euros. Mediapro gestionaba entonces la práctica totalidad de los derechos del fútbol televisado en España, incluyendo la Liga, la Copa del Rey y la Champions League.
La empresa creció con ambición hasta alcanzar un récord de 1.776 millones de ingresos en 2019. Ahora se mueve sobre los 1.000 millones. Chocó con la pandemia por coronavirus y nunca ha encontrado vacuna para paliar los efectos de aquella paralización de la actividad. La deuda se amontonó por encima de los 800 millones de euros. Tuvo un serio contratiempo en Francia, tras haberse quedado con los derechos de la liga de fútbol, antes de que Messi fichara por el PSG. Los apuros económicos impidieron a Mediapro afrontar los compromisos de pago a los clubes, y la compañía fue acusada de dejar, tras de sí, “un campo de ruinas”.
En España perdió el contrato de producción de los partidos de la Primera y la Segunda División y el enfrentamiento con La Liga es total: “Javier Tebas se cree que lo sabe hacer todo y solo hay que ver la pérdida de calidad en la realización de los partidos”, dice un alto cargo de Mediapro, en relación con la influencia que pudo tener el presidente de La Liga para dejar a Mediapro sin el fútbol, en beneficio de la suiza Host Broadcast Services (HBS) y la italiana NVP.
En 2021, Orient Hontai inyectó 620 millones para oxigenar Mediapro. La operación sirvió para mitigar agobios por las necesidades de liquidez y las urgencias por atender los pagos de deuda atrasados. Fuentes conocedoras de la gestión de la empresa explican que ahí empezó un camino sin retorno, con profundas discrepancias internas que culminaron con la marcha de Roures.
Un veterano realizador audiovisual con casi dos décadas de experiencia en Mediapro cuenta que cuando Jaume Roures, en noviembre de 2023, organizó en un pabellón ferial de Montjuic su despedida de la compañía logró reunir a más trabajadores que los que, apenas unas semanas después, fueron a la fiesta de Navidad de la empresa. “La figura de Jaume era muy importante”; “sin Roures, Mediapro perdió a un padre”, coinciden en explicar personas que están, o han estado, vinculadas a Mediapro. La orfandad plena de la compañía está a punto de producirse del todo, con la desvinculación definitiva de Tatxo Benet. Gerard Romy, el tercer padre que en 1994 ayudó a alumbrar un gigante audiovisual mundial, fue el primero en desmarcarse del proyecto afectado por un caso de pagos indebidos a la FIFA y buscando, según ha revelado él mismo, “dedicar un tiempo a la reflexión”.