El campeón de lucha libre iraní Saleh Mohammadi ganó la medalla de bronce de la Copa Saytev en Krasnoyarsk (Rusia) en septiembre de 2024. Menos de dos años después, el pasado 19 de marzo, murió ajusticiado en la horca, a los 19 años. Él fue uno de los tres primeros presos ejecutados por su participación en las protestas en Irán el pasado enero, en las que supuestamente mataron a dos agentes de policía.
Su fatal destino no es excepcional. Irán es el mayor verdugo del mundo. En 2025, la República Islámica ejecutó a 2.159 personas, lo que representa el 80% de los muertos por pena de muerte en el planeta de los que se tiene constancia: 2.707.
Este dato, recogido en el informe anual Condenas a muerte y ejecuciones 2025, de Amnistía Internacional, significa que las ejecuciones en el mundo aumentaron un 78% con respecto a 2024, cuando se registraron 1.518. “Es un incremento espeluznante”, anota Beatriz Martos, experta en pena de muerte de la ONG. Para encontrar una cifra mayor a los 2.707 ajusticiados del año pasado hay que remontarse 44 años, hasta 1981, cuando fueron ejecutadas 3.191 personas en el mundo.
Y en todos los casos las cifras son siempre estimadas a la baja, dado que no incluyen a los ejecutados en China, que Amnistía Internacional calcula en miles, incluso por encima de Irán. Pekín no comparte la información al clasificarla de secreto de Estado. Lo mismo sucede con Corea del Norte y Vietnam. Entre los países de los que sí hay registros, a la República Islámica le siguen como mayores verdugos Arabia Saudí (al menos 356 ejecuciones), Yemen (51) y Estados Unidos (47).
“Desde los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán en junio de 2025, la República Islámica empezó a ejecutar a detenidos de manera mucho más ágil”, explica Martos. Según sus datos, en el primer semestre del año pasado las autoridades de Irán habían ajusticiado a 654 personas, mientras que en la segunda mitad mató a más del doble: 1.505. Una aceleración que se mantiene en 2026, según las ONG iraníes, y que augura un año si cabe más siniestro.
“Todos en tribunales revolucionarios, sin letrados de su confianza ni unas mínimas garantías procesales”, subraya la experta sobre los ejecutados en Irán, sobre todo en el segundo semestre de 2025. Aunque muchos estaban acusados de “alta traición” o delitos de espionaje o “cooperación con fuerzas extranjeras hostiles”, penados con la muerte por un cambio en la ley el pasado verano, una buena parte de los condenados a muerte en este país lo son por delitos relacionados con drogas. “Se criminaliza a las personas con menos recursos económicos, que en la República Islámica coinciden con las minorías étnicas”, apunta Martos.
En el mundo, “1.257 ejecuciones se llevaron a cabo de forma ilícita por delitos relacionados con drogas en cinco países”, denuncia el informe. Son más del doble que el año anterior. Detrás de este incremento hay, según la ONG, “un recrudecimiento de enfoques sumamente punitivos de la ‘guerra contra las drogas”.
Un arma para infundir temor
Pero no solo Irán aumentó el número de ejecuciones. En Estados Unidos, único país de América donde se ajustició a condenados a muerte, casi se duplicaron, pasando de 25 a 47 el año pasado. También incrementaron los ajusticiamientos Singapur (de 9 a 17), Kuwait (casi los triplicó, de 6 a 17) y Egipto (de 13 a 23). Y cuatro países que los habían eliminado en la práctica los retomaron en 2025: Japón, Taiwán, Emiratos Árabes Unidos y Sudán del Sur.
Una mesa equipada con sistemas de sujeción inmoviliza a los condenados a muerte mientras se les administra la inyección letal en la Unidad de Huntsville (Unidad Walls), en Huntsville, Texas. Gregory Smith (Corbis via Getty Images)
“Datos lamentables”, opina Martos, quien recuerda que, en estos momentos, más de 25.000 personas se encuentran en corredores de la muerte en medio centenar de países.
Desde Amnistía Internacional observan, dice la experta, que los países en los que se ejecuta la pena capital son aquellos donde están en auge prácticas autoritarias. Son un grupo “reducido y aislado de Estados” que utilizan la pena de muerte “como arma para infundir temor, sofocar la disidencia y mostrar la fuerza que las instituciones estatales tienen sobre personas desfavorecidas y comunidades marginadas”, manifiesta Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional, en un comunicado.
Martos incluye en esa lista a Israel —pese a que en 2025 no se registraron ejecuciones allí— porque recientemente ha aprobado una ley “discriminatoria” para condenar a muerte por defecto a palestinos que maten a israelíes. “[Doland] Trump, por ejemplo, presenta la pena capital como una solución a la delincuencia, cuando está demostrado que no hay una relación entre las ejecuciones y la disminución de la criminalidad”, añade.
Entre otras medidas, el presidente de Estados Unidos ha devuelto la pena de muerte a Washington y reintroducido el pelotón de fusilamiento en las ejecuciones federales.
Indultos y conmutaciones
Sin embargo, hay “luces entre tanta sombra”, subraya Martos. “Siempre resaltamos que en 1977, cuando Amnistía Internacional comenzó su campaña contra la pena capital, solo 16 países la habían abolido totalmente. Hoy la cifra asciende a 113″, indica.
En su pequeña lista de “buenas noticias” de 2025 destaca la conmutación por la gobernadora de Alabama (EE UU), Kay Ivey, de la condena a muerte de Rocky Myers por una cadena perpetua. “Es el primer indulto en el Estado de Alabama a una persona de raza negra”, celebra. Esta decisión histórica salvó a Myers, de 63 años y con discapacidad intelectual, que ha pasado más de 30 años en el corredor de la muerte tras ser condenado por el asesinato de su vecina en 1991.
En los datos por regiones que arroja el estudio, hay varios que invitan al optimismo. Pese a que en África subsahariana la cantidad de condenas a muerte subió un 74% (de 443 en 2024 a 771 en 2025), el número de ejecuciones cayó un 47% (de 34 a 18). “Y Gambia, Liberia y Nigeria han iniciado procesos legislativos para abolir la pena de muerte”, agrega Martos. También Líbano, donde el Consejo de Ministros apoyó un proyecto de ley en este sentido, como contrapunto a una tendencia alcista generalizada de esta práctica en Oriente Próximo, epicentro de las ejecuciones con Irán a la cabeza.