La historia de Red Hot Chili Peppers siempre se ha contado como una combustión envuelta en sexo, funk, rap, energía y pura supervivencia. Pero toda … combustión necesita una chispa. El documental ‘El origen de los Red Hot Chili Peppers: Nuestro hermano Hillel’, estrenado en marzo en Netflix y dirigido por Ben Feldman, desplaza el foco hacia Hillel Slovak, el guitarrista original del grupo y una figura decisiva en su formación, fallecido en 1988, cuya huella atraviesa todo lo que vino después.

La película regresa al instante previo al incendio. A tres adolescentes de Los Ángeles que todavía no tienen discurso ni expectativa, pero sí una forma de estar juntos. A la intensidad de una amistad triangular que funcionaba como motor creativo. De esa unión se creó el grupo, de sus gustos musicales y del tiempo compartido en las tardes largas tumbados escuchando vinilos en el salón o en el coche, en las horas muertas colocados tras haber fumado marihuana.

Anthony Kiedis y Flea aparecen como dos piezas de un vínculo que se completa con Hillel Slovak, quien se convertirá en el ingrediente que falta y resulta ser el verdadero picante de esta historia. De esa unión nació en 1983 una banda que hoy apenas conserva a dos de sus tres fundadores, pero que sigue orbitando alrededor de una ausencia.

El documental incorpora material de archivo poco visto: grabaciones domésticas, ensayos en habitaciones pequeñas, fotografías de conciertos en clubes diminutos y entrevistas a sus miembros. Los textos son narrados en ocasiones por Hillel y una recreación de su voz mediante IA, con permiso de la familia. También voces cercanas -familiares, músicos del entorno y compañeros de escena- que ayudan a reconstruir un contexto donde la música era una extensión de la vida cotidiana. Antes de Red Hot Chili Peppers, Slovak y Flea ya compartían proyecto en What Is This?, un detalle que el filme recupera para entender cómo se fue articulando ese lenguaje común.

Los primeros conciertos

Hillel fue la inspiración de sus compañeros; Flea, que venía del jazz, reconoce que este le enseñó a escuchar rock y le empujó hacia el bajo, mientras que Kiedis y Flea llegan a afirmar que «Hillel lo era todo». Cuando en 1983 deciden formalizar el grupo, ese vínculo ya contiene muchas de las claves. Los primeros conciertos muestran a una banda en estado casi salvaje. El documental los reconstruye como actos casi performativos: cuerpos pintados, teatralidad heredada del circuito underground angelino, una energía que bebía tanto del post-punk como del funk más sudoroso. Todavía no había un sonido definido, pero sí la intuición de mezclar.

Los primeros años estuvieron marcados por una relación turbulenta de los tres miembros con las drogas que acabaría definiendo -y rompiendo- al grupo. En ese caldo de cultivo, Slovak no solo tocaba la guitarra, sino que articulaba una forma de entender la música basada en su sensibilidad, volunrad para mezclar funk, punk y rock sin jerarquías, y una creatividad desbordante que establecieron un lenguaje que después otros perfeccionarían, pero que difícilmente habrían inventado desde cero.

Hay una reflexión soterrada sobre la identidad de la banda. Su especial versatilidad tiene raíces claras en aquellos primeros años. Uno de los aspectos que va ligado a ellos fue la relación directa de sus miembros con el underground. Estéticamente beben del post-punk de los conciertos que consumían y que inspiraron también su puesta en escena, siempre con un punto teatral.

El sonido de RHCP entiende especialmente de variaciones. Su pop rock, funk rock o punk funk se caracteriza por el funk que no pierde suciedad, el punk que no renuncia al groove, y el rock que se permite desviar. El documental subraya esa cualidad con testimonios y grabaciones tempranas que ayudan a entender cómo se fue moldeando el sonido. El documental insiste en que muchas de las decisiones estilísticas que hoy se asocian a John Frusciante ya estaban de forma embrionaria en Slovak. Aunque sí es cierto que a partir de ‘Blood Sugar Sex Magik’ en adelante, es el guitarrista más influyente en la percepción pública del grupo y el que más ha definido su sonido «clásico».

El terreno perfecto

En la voz de Kiedis también hay una pista de ese origen híbrido. Más cerca del fraseo hablado que del canto, heredero del hip hop que consumía en su juventud, encontró en las primeras bases del grupo el terreno perfecto para mutar en algo propio en forma de rap cantado que terminaría siendo una de sus señas de identidad. El resultado es irregular, incluso torpe por momentos, pero ya apunta a una identidad. Pero sin la química inicial, donde bajo, guitarra y voz están en constante conversación, ese estilo difícilmente habría cuajado.

El filme no esquiva los excesos y se detiene en el caos. Cambios constantes de formación, conciertos fallidos, decisiones impulsivas y la sensación de inestabilidad permanente forman parte del contexto habitual de la banda. Y, atravesándolo todo, una relación cada vez más turbulenta de sus miembros con las drogas durante todo el metraje como una presencia constante, la mayoría destructiva, que lejos de romantizarla se muestra como una fuerza centrífuga. Hay una secuencia especialmente reveladora en la que varios testimonios recuerdan la facilidad con la que todo podía torcerse en cuestión de días.

La muerte de Slovak en 1988 introduce un corte seco en la narración. El silencio ocupa el lugar de la explicación. Kiedis desaparece durante un tiempo incapaz de procesar la pérdida, mientras que Flea confiesa en numerosas ocasiones que la muerte de su amigo cambió su vida y su forma de entender la música.

La banda que continúa después no será la misma, aunque conserve el nombre. En uno de los momentos más reveladores, el documental traza una línea directa entre aquel lenguaje inicial y lo que vendría después. Sin mencionarlo como competencia, aparece la figura de John Frusciante, que se presenta como una evolución de algo ya sembrado.

Mientras tanto, RHCP ha confirmado que trabaja en nuevo material y previsiblemente presentará nuevo disco a finales de año, después de un 2022 especialmente prolífico con ‘Unlimited Love’ y ‘Return of the Dream Canteen’, ambos producidos por Rick Rubin.