Hay rutinas que conviene no perder, especialmente aquellas que se cincelan a golpe de metal y noches épicas. Por segundo año consecutivo, los pasillos de … El Correo cambiaron por unos minutos el tecleo de sus ordenadores por la envergadura imponente de los campeones de la FIBA Europe Cup. El Surne Bilbao regresó a la redacción, un territorio que ya les resultaba familiar tras la vista del curso pasado. El botín, reluciente y pesado, presidía la expedición.

La cita estaba fijada a las cuatro de la tarde en los aledaños del Edificio Sota. Los primeros en dejarse ver bajo el portal fueron Martin Krampelj y Tryggvi Hlinason, escoltados por el director deportivo de la entidad, Rafa Pueyo. Faltaba una pieza. «Viene en taxi», justificaba Pueyo con una sonrisa antes de que Jaume Ponsarnau se sumara al grupo –también lo hizo Alberto Álvarez, jefe de prensa de la franquicia–. Con la comitiva reunida y los redactores de Deportes ejerciendo de anfitriones, llegó el primer contratiempo de la jornada, resuelto con más humor que épica; el ascensor hacia la cuarta planta comenzó a juguetear con las puertas. El pánico al encierro hizo que dos periodistas abandonaran el habitáculo a toda prisa, dejando dentro a Krampelj. El esloveno, acostumbrado a batallas de mayor tonelaje en la pista, aguantó el tipo en solitario hasta que los engranajes decidieron cooperar y liberarlo en el destino: la redacción del periódico.

EL CORREO ofreció al Surne una portada enmarcada.

EL CORREO ofreció al Surne una portada enmarcada.

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Al cruzar el umbral, el director del periódico, Óscar Villasante, y el subdirector, Adolfo Lorente, encabezaron una recepción que pronto se convirtió en un aplauso cerrado y espontáneo de todas las secciones del diario. Los campeones se situaron en el corazón de la redacción,, y Hlinason, que maneja un español impecable esculpido a lo largo de sus nueve años en España, llevó la voz cantante recordando la experiencia del año anterior. «Estoy muy a gusto aquí», confesaba el islandés, a los periodistas, que no tardaron en lanzarle el guante: «Ahora ya te mudarás aquí del todo», le decían, verbalizando el deseo unánime de que eche raíces definitivas en Bilbao.

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son los títulos

europeos que ha ganado y ofrecido la franquicia de Miribilla a la redacción de El Correo; esta vez acudieron Ponsarnau, Hlinason, Krameplj, Pueyo y el jefe de prensa Alberto Álvarez

Los corrillos se multiplicaron alrededor de la mesa central, donde descansaba el trofeo. Villasante se acercó a Ponsarnau con una actitud cariñosa: «Si nos sigues trayendo estas alegrías, te acabarás jubilando aquí». «Eso espero», replicó el técnico el catalán con una mirada cómplice. Los elogios se cruzaban con las bromas habituales, mientras otros reparaban en el llamativo bronceado de Krampelj: «Ayer tuve día libre, y aproveche el sol», bromeaba el esloveno. El contraste evidente era Hlinason, cuya piel seguía desafiando al sol de la península. «Es que yo tomo el sol, pero el sol no me toma a mí», vacilaba el gigante islandés, tan blanco como la nieve de su tierra natal. Antes de despedirse de la comitiva del Surne, Oscar Villasante, en representación del periódico, le ofreció a Ponasarnau un presente: la portada enmarcada del día de la recepción institucional del trofeo en el Ayuntamiento de Bilbao, a lo que el preparador catalán respondió con una cálida sonrisa.

RECEPCIÓN

La comitiva fue recibida por el director del periódico Oscar Villasante y por el subdirector Adolfo Lorente

La foto de las pizzas

Entre foto y foto con el trofeo –con los más atrevidos midiendo su estatura al lado de las torres del equipo o preguntando a Ponsarnau por el progreso de sus hijas en el baloncesto–, el pasado reciente también tuvo su espacio. Se recordó con especial nostalgia aquella portada de El Correo tras el partido de ida de la final, donde se veía a los jugadores devorando pizzas en el propio pabellón. «Un fotón», coincidían los periodistas. «Para nosotros no fue un fotón», matizaba con guasa Ponsarnau, recordando el dolor de cabeza que supuso gestionar el aspecto nutricional y la imagen con un partido vital a la vuelta de la esquina. Pueyo, en cambio, se alineó con la prensa: «A mí no me afecta, para mí sí es un fotón».

Redactores de Deportes muestran su trabajo a los jugadores.

Redactores de Deportes muestran su trabajo a los jugadores.

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Sin embargo, el elefante en la habitación no tardó en aparecer. El runrún de los play-offs sobrevoló cada conversación. «A ver si entramos», «a por la ACB», les repetían. Los rostros del club esquivaban el exceso de euforia con sonrisas prudentes, conscientes de que los objetivos ambiciosos se conquistan en la cancha y no en los titulares. Aun así, ante la pregunta directa de si Bilbao volvería a la postemporada diez años después, Krampelj y Hlinason se miraron y concedieron un ilusionante: «Sí, yo creo que sí».

AMBICIÓN

Los jugadores fueron preguntados por jugar los play-off, a lo que zanjaron: «Si, yo creo que sí»

Tras cumplir con los compromisos para las redes sociales y desmenuzar en pequeños debates el devenir de la liga y las quinielas del descenso, la expedición inició el camino de vuelta. Antes de marchar por donde habían venido, con el trofeo a buen recaudo, Ponsarnau y Pueyo compartieron una última reflexión con la mirada ya puesta en el horizonte del próximo año. «Será complicado, lo de este año ha sido espectacular. Sabemos que los bilbaínos no se conforman con menos», concluían. Al fin y al cabo, es el peaje de habitar en «una ciudad tan orgullosa como ambiciosa», donde ganar, por suerte, ya empieza a ser una sana costumbre.