El virus del Ébola es un filovirus que puede derivar en una infección grave y a menudo mortal. Incluso si los afectados sobreviven a la fase aguda de la enfermedad, el virus puede permanecer en el organismo. Se ha detectado virus del Ébola infeccioso en el semen durante meses o incluso …


El virus del Ébola es un filovirus que puede derivar en una infección grave y a menudo mortal. Incluso si los afectados sobreviven a la fase aguda de la enfermedad, el virus puede permanecer en el organismo. Se ha detectado virus del Ébola infeccioso en el semen durante meses o incluso un año después de la infección. Asimismo, puede persistir en otros órganos inmunoprivilegiados, como el sistema nervioso central, en particular el cerebro. Por consiguiente, no siempre puede eliminar el virus por completo.

Esta persistencia viral aumenta el riesgo de desarrollar posteriormente una enfermedad inflamatoria y de sufrir recaídas en algunos pacientes y, aunque raramente, de que se transmita a otras personas. Precisamente, investigadores de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí y del Instituto Bernhard Nocht de Medicina Tropical (BNITM), junto con otros colaboradores, han investigado sobre los mecanismos de persistencia del virus del Ébola, cuyos resultados aparecen en ‘Nature Microbiology’.

El equipo de investigación utilizó con éxito un modelo organoide cerebral ya establecido para realizar estudios de infección a largo plazo. Para crear estos organoides, estimularon células madre pluripotentes inducidas humanas de manera que se desarrollaran en estructuras esféricas similares al cerebro, compuestas por diversos tipos de células del sistema nervioso central. 

Las ventajas que ofrecen los organoides pasan por estudiar este fenómeno en un contexto humano en lugar de un modelo animal. Esto puede ayudar a reevaluar y optimizar tratamientos como los antivirales, y abre nuevas vías para reducir el uso de modelos animales en la investigación de enfermedades infecciosas. 


«Estos organoides cerebrales nos permiten investigar en detalle los mecanismos que el virus del Ébola y otros filovirus utilizan para persistir en el sistema nervioso central humano. Mediante experimentos con este modelo, podemos obtener información valiosa que nos ayude a comprender mejor los efectos a largo plazo de la persistencia, como la inflamación grave, a veces mortal, que se observa en los supervivientes de la enfermedad por el virus del Ébola con meningoencefalitis», explicó la Dra. Lina Widerspick, primera autora del estudio y antigua investigadora del BNITM.

Los investigadores demostraron que el virus del Ébola y otros filovirus, como los virus del Sudán, Reston y Marburgo, pueden replicarse en organoides cerebrales hasta por 120 días. También descubrieron que el virus del Ébola infectaba diversos tipos de células en los organoides cerebrales, tanto neuronas como astrocitos. La microglía, las células inmunitarias del cerebro, también se sintió atraída por el virus y resultó infectada.

Según estos investigadores, el virus del Ébola pudo propagarse en los organoides cerebrales de dos maneras: directamente de una célula infectada a una célula vecina y por gemación desde la célula huésped, que es la forma clásica de propagación del virus. Por lo tanto, esto representa una «persistencia productiva», lo que significa que el virus del Ébola no se encuentra en un estado inactivo dentro de las células, sino que permanece infeccioso.

«Dado que el virus del Ébola se comporta de manera similar en este sistema modelo a como lo hace en las infecciones humanas, esto subraya la idoneidad de nuestros organoides cerebrales para investigar la persistencia de los filovirus», indicó Gustavo Palacios, doctor en Microbiología, profesor de la Escuela de Medicina Icahn,  coautor principal de la publicación y experto en genómica del virus del Ébola. 

«Ahora es importante realizar estudios adicionales para investigar las interacciones a largo plazo entre el virus y el huésped, ampliando nuestras investigaciones a filovirus menos estudiados como el virus Reston, el virus Taï Forest, el virus Bombali y el virus Bundibugyo, y para profundizar nuestra comprensión de los mecanismos de persistencia de los filovirus», concluyó el Dr. Palacios.