La Escuela de Arquitectura de la Universidad de Granada (UGR), que mira frente a frente a la plaza del Campo del Príncipe, era un ir … y venir de estudiantes el pasado jueves, en plena época de exámenes, a las once menos cuarto de la mañana. El arquitecto Víctor López Cotelo (Madrid, 1947), que por la tarde recibió el Premio Nacional de Arquitectura 2024, promovido por el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, estaba en una de las salas desde las que se divisa el Carmen Blanco y Torres Bermejas. En espacio con un gran ventanal se hizo esta entrevista después de las fotos en las escaleras con los estudiantes y otra en la parte alta del edificio, con el contraluz que es sello del arquitecto madrileño. Dijo que no sabe por qué no le han entregado el premio antes ya que es de 2024, aunque señalaba que le habían pedido hasta en tres ocasiones para entregárselo y había preparado fotos y demás, pero no se celebraba el acto. «Decidí que no hacía ninguna más, que ya si no querían darlo que no lo dieran, vamos, que había llegado hasta ahí sin premio y no pasaba nada. Esta última vez no me pidieron nada», contaba.

–¿Cómo es recibir el galardón en un edificio, el antiguo Hospital Militar, que usted hizo el proyecto de rehabilitación?

–Al principio proponían otros lugares. Y dado que es un premio que no es a un edificio, sino a toda la carrera profesional, pues parece que si se lo dan aquí se lo están dando a este edificio, cuando realmente hay otras cosas tan importantes, o más o menos, pero que están en otros sitios. En Santiago de Compostela yo tengo siete edificios, por ejemplo, y están un poco frustrados. Dicen: ¿Por qué no aquí, que hay siete? Bueno, pues nada, para mí no hacía falta el acto, o sea, dar el premio y ya está. Pero la política es como es y necesita dar el premio.

–Dice, la política es como es. ¿Cómo valora la política sobre vivienda, que es uno de los principales problemas en España?

–Indudablemente, cuando un señor tiene que vivir con 35 años en casa de sus padres, pues es un problema que hay que resolverlo, aunque sea con prefabricadas en las calles, que ya las haremos mejor. Pero yo creo que es un problema muy urgente. El que una persona de 28 o 30 años tenga que vivir con sus padres, que no se pueda casar, que no pueda tal, es que me parece que, aunque fueran tiendas de campaña, pero hay que darle una solución. Luego ya veremos cómo lo haremos mejor. Me parece que es un abandono, que han estado seis o siete años. Hubo una primera promesa de 150.000 viviendas, que era un cuento chino, ¿no? Y ni 150, ni 100, ni nada.

–¿Cada ciudad es diferente, pero están preparadas para construir?

–Sí, las ciudades están preparadas para poder construir. Hay zonas en España, ciudades y pueblos, que van quedando desérticas. Y otras que van acumulando problemas de difícil gestión, pero que hay que abordar. Hay que abordar eso primero, que la gente viva. Luego ya veremos de qué partido son o qué piensan, pero que vivan. Ese es un abandono de la política. Hacer política con otras cosas. Pero si no empiezan por dar de comer y dar donde vivir a la gente. Si sube la inflación, no tienes vivienda, no encuentras trabajo; lo demás da igual.

–¿Se pueden y deben hacer viviendas que sean más baratas?

–La verdad es que la vivienda ha subido muchísimo en general; porque ha subido todo lo que acompaña a la vivienda. Por eso digo yo que, aunque fueran viviendas de emergencia, así se reciben, sabiendo que en un tiempo se van a mejorar. Había que hacer algo, porque la existencia de una persona, de una pareja, que no pueda encontrar sitio para vivir, es absurdo totalmente.

–Volviendo a Granada, al antiguo Hospital Militar, ahora Escuela de Arquitectura, ¿de qué es de lo que se siente más orgulloso de lo que hizo en aquel proyecto?

–La verdad es que los problemas que he tratado en arquitectura son muy diferentes. Y cada uno (edificio) es un problema y hay que abordarlo con lo que es el problema, no con lo que has resuelto otro problema. Y en este caso, cuando me enteré de que salía a concurso, estaba en Múnich y dije: «Hombre, la Escuela Arquitectónica de Granada, qué interesante». Y tenía la convicción de que si me presentaba, lo ganaba.

– ¿Cuántos años tenía usted? ¿Cómo lo abordó?

–Pues no lo sé, esto fue en el 97 y tengo ahora casi 80. También sabía que se tardaría (relata todas las vicisitudes que hubo y tilda de «inútil» a la primera empresa, que dejó la obra y después llegó la otra emrpesa, «la buena»). La idea era hacer que el edificio siguiera existiendo. Se podía haber tirado, pero pensaba que en este barrio este edificio era muy importante y que había que sacar provecho de lo que había. Y, había una parte buena, importante, histórica; había otra parte mediocre; y había otra parte mala, por decirlo de alguna manera. Lo que había que hacer era una transición de lo que había que salvar para ir pasando por el edificio de una a otra y que hubiera como un hilo, un hilván. Creía que en este barrio este era un edificio muy importante y que podía ayudar a salvarlo, vamos, a darle vida. Me empeñé en que había que hacerlo y lo hice.

–¿De lo que conoce de Granada, qué espacios y edificios cree que se han hecho bien y otras que se hayan hecho regular?

–Conozco el centro, vamos, lo que es la Granada consolidada. Luego hay partes nuevas que se está haciendo lo mismo que en el resto de España, más o menos interesantes, son más o menos, digamos, que no tienen el agarre como para que la gente se quiera ir de fiesta allí. Granada, ese centro, es una ciudad que tiene tantas ofertas, digamos, de estar en un bar, en una placita donde estás viendo otro lado, o sea, es una madeja, es una madeja donde siempre hay un encuentro agradable, un encuentro humano.