Como millones de españoles, Tamara Falcó e Íñigo Onieva vivieron con el corazón en un puño la histórica final del Mundial entre España y Argentina. Pero, en lugar de seguir el encuentro desde la tranquilidad de su casa, la pareja volvió a elegir un escenario muy especial para animar a la selección, Vega Members Club, el exclusivo club privado que el empresario abrió hace unos meses en plena Milla de Oro madrileña y que se ha convertido en uno de sus lugares de referencia.
No era la primera vez
Ya durante la semifinal frente a Francia habían reunido allí a un grupo de amigos para compartir la emoción del campeonato. La apuesta volvió a dar suerte. España conquistó su segundo Mundial, dieciséis años después del inolvidable triunfo de Sudáfrica 2010, y el local estalló en una celebración que se prolongó hasta bien entrada la madrugada. La victoria del combinado dirigido por Luis de la Fuente desató una explosión de alegría compartida por todo el país, y Tamara e Íñigo no fueron una excepción. A la salida del club, todavía contagiados por la euforia del momento, abandonaron el lugar en coche, aunque antes quisieron compartir su felicidad con los numerosos medios que aguardaban en el exterior.
Tamara Falcó, su sorprendente y divertida confesión sobre con quién duermen cada noche Íñigo Onieva y ella Europa Press
Fue Íñigo quien tomó la iniciativa. Bajó la ventanilla y, con el puño en alto, lanzó un entusiasta «¡Viva España, viva España!», celebrando un triunfo que ya forma parte de la historia del deporte español. A su lado, Tamara no podía borrar la sonrisa del rostro. «¡Qué emoción, chicos!», exclamó antes de rendirse al equipo nacional asegurando que «son los mejores» y reconociendo que habían disfrutado intensamente de un partido que mantuvo en vilo al país entero.
La pareja también trasladó esa pasión a su forma de vestir. Onieva apostó por la camiseta oficial de la selección, dejando claro que vive el fútbol con auténtico entusiasmo. Tamara, fiel a su estilo, prefirió un guiño más sofisticado: una elegante blusa de seda roja que evocaba los colores de España sin renunciar a la estética que la caracteriza.
Desde las plazas abarrotadas hasta los clubes privados, pasando por bares, terrazas y hogares, la segunda estrella conquistada por la selección volvió a unir a millones de españoles. También a Tamara e Íñigo, que no quisieron dejar pasar la ocasión de sumarse, con entusiasmo y orgullo, a una de esas noches que quedan para el recuerdo.