Enrique Bunbury ya ha activado la cuenta atrás para el inicio de la gira ‘Nuevas Mutaciones Tour’, que arrancará el próximo 10 de octubre en Puebla (México) y que, tras recorrer América, recalará en España en diciembre, con fiesta final en el pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza.
Bajo el brazo, el cantante zaragozano traerá su reciente disco, ‘De un siglo anterior’, y una selección de algunos de los temas más soleados de su trayectoria tanto en Héroes del Silencio como en solitario.
Precisamente, en una entrevista con HERALDO para presentar este nuevo álbum, Bunbury ha reflexionado sobre cómo ha sido su vínculo con sus ídolos musicales. Preguntado por si ha tenido miedo de conocerlos por temor a que la persona no estuviera a la altura del artista, el aragonés errante lo tiene muy claro.
«No he tenido miedo porque yo no pienso ni le exijo a alguien como Paul McCartney absolutamente nada. Paul McCartney me ha dado mucho. Tiene derecho hasta a insultarme si quiere cuando le saludo. Ha hecho tanto por todos con esas canciones que lo único que puedo hacer yo es darle las gracias», explica.
Y prosigue con la argumentación: «Sí, me he encontrado con gente a la que idolatro a la que no he querido acercarme porque tampoco sé muy bien qué decir. Me ha ocurrido con David Bowie o con Neil Young. Para mí acercarme a ellos es como robarles un segundo de tiempo que no me parece necesario. Yo he disfrutado y sigo disfrutando mucho con su música y no necesito de esa experiencia humana».
Bunbury abrocha la explicación con una pincelada de humor: «A no ser que Bowie dijera que me va a pasar su teléfono para ser amigos. Pero eso no va a ocurrir. Y no pasa nada, él sigue en su lugar maravilloso como cantante y yo en el mío, de fan».
Cabe recordar que el zaragozano tuvo un encuentro casual con Paul McCartney en abril de 2022 en un restaurante vegano de Los Ángeles. El propio Bunbury ofreció detalles sobre aquella cita tan especial: «Estuvo muy simpático, como no podía ser de otra manera, porque Paul McCartney es un profesional de la simpatía. Es imposible que trate mal a nadie. Ejerce de Paul McCarney las 24 horas del día. Luego vino Jose Girl y le dio la mano y se le puso a cantar una canción en español. Era una canción infantil que él aprendió en el colegio. Era de un conejito. Una situación surrealista tener a Paul McCartney. Fue un amor. Se portó increíble. No tenía por qué hacerlo. Él no sabía quién era yo. Esa es una cosa maravillosa que tiene Los Ángeles, estaba en una mesa Paul McCarney y nadie le molesta».