Qué tarde aquella de Marc Soler y Tadej Pogacar en Andorra

Els Cortalls d’Encamp, al cierre de la primera semana de la Vuelta 2019, dejó una postal imborrable.

Tramo de sterrato, caos absoluto y Marc Soler abriendo gas en cabeza.

Movistar inmortalizó luego el momento en primera de la serie «El día menos pensado», pero la escena no necesitó aderezos.

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Nairo Quintana venía apretando por detrás y desde el coche ordenaron frenar al catalán.

Soler se rebeló a la vista de todos.

Soltó los brazos, gesticuló con rabia y protestó contra su propia estructura en pleno esfuerzo.

Quería probar fortuna y disputar la etapa, pero le obligaron a levantar el pie para remolcar a su jefe de filas.

Nairo dio alcance a Marc y terminó vestido de rojo, mientras José Luis Arrieta no salía de su asombro ante los aspavientos del corredor.

En medio de semejante sainete del equipo telefónico, emergió un chaval que ya apuntaba maneras.

Tadej Pogacar, un chaval imberbe que venía de llevarse Algarve y California, andaba al acecho.

Los focos ya empezaban a buscarle, alimentados en parte por la sombra de su compatriota Primoz Roglic, a la postre vencedor de aquella ronda.

Nadie imaginaba entonces que los caminos de Soler y Pogacar, rivales y protagonistas cruzados en aquella tarde dantesca en Andorra, terminarían soldándose tan estrechamente en el mismo bando.

Con los años, el catalán pasó de rebelde en casa a convertirse en uno de los peones más cotizados y brutales del astro esloveno.

Soler fue quien le guardó las espaldas y compartió penurias en la agonía del Col de la Loze durante el Tour de 2023, además de vaciarse en mil batallas más.

El destino volvió a ponerse cruzado este curso, cuando una caída en la jornada inaugural del Giro dejó a Marc fuera de combate a las primeras de cambio.

Pogacar no pudo contar con su gregario más impredecible y entregado en la ronda italiana, pero la maquinaria del UAE no echó el freno.

Otros peones asumieron el galón de escoltar al líder, demostrando que la dictadura deportiva del esloveno sigue su curso imparable, con o sin sus escuderos habituales en carretera.

Imagen: PHOTOGOMEZSPORT / Luis Ángel Gómez