Aviación Digital, Sp.- El orbitador lunar surcoreano Danuri ha obtenido las primeras imágenes orbitales publicadas del lugar donde una etapa superior desactivada de un Falcon 9 de SpaceX impactó contra la Luna el pasado 5 de agosto de 2026. Las observaciones muestran una nueva marca oscura, alteraciones del terreno y rastros compatibles con la dispersión de material eyectado.
Localizar con precisión un objeto de varias toneladas mientras se aproxima a la Luna y coordinar el paso de una sonda sobre el punto de impacto constituye un desafío de navegación poco habitual. La operación ejecutada por Danuri ha permitido comparar imágenes anteriores y posteriores a la colisión casi de forma inmediata, ofreciendo un conjunto de datos especialmente útil para estudiar la respuesta del regolito lunar ante un impacto de masa y velocidad aproximadamente conocidas.
La Korea AeroSpace Administration (KASA, Administración Aeroespacial de Corea) difundió ayer los primeros resultados de la campaña de observación. El organismo indicó que las imágenes permiten reconocer cambios alrededor del punto de impacto y rastros de la expansión del material expulsado, aunque el tamaño y la morfología definitivos del nuevo cráter todavía deberán determinarse mediante análisis fotogramétricos.
Ocho sesiones de observación antes y después del impacto
La colisión se produjo el 5 de agosto alrededor de las 15:34, hora estándar de Corea, equivalentes a las 06:34 UTC y las 08:34 en la España peninsular. La etapa impactó en una región próxima al cráter Einstein a una velocidad estimada de 2,43 kilómetros por segundo, aproximadamente 8.700 kilómetros por hora.
Danuri comenzó a fotografiar la zona a las 15:01, unos 33 minutos antes del impacto. Después de la colisión realizó siete sesiones adicionales, hasta completar ocho campañas de imagen. Las últimas observaciones terminaron alrededor de las 07:00 del 6 de agosto, hora coreana. Durante los pases, la distancia entre el orbitador y la zona fotografiada se situó aproximadamente entre 340 y 350 kilómetros.
La maniobra permitió obtener imágenes inmediatamente anteriores y posteriores al suceso. Esta proximidad temporal es relevante porque ayuda a separar las modificaciones causadas por la colisión de otros cambios aparentes relacionados con la iluminación, el ángulo de observación o las diferencias entre instrumentos.
Las fotografías muestran una marca oscura en el punto esperado de impacto y modificaciones en el terreno circundante. KASA y el Korea Aerospace Research Institute (KARI, Instituto Coreano de Investigación Aeroespacial) atribuyen esas alteraciones a la formación del cráter y a la deposición de material eyectado, aunque todavía no han publicado una medición definitiva de su diámetro, profundidad o extensión.
LUTI y PolCam analizarán la superficie modificada
La principal secuencia de imágenes fue obtenida mediante LUTI, sigla de Lunar Terrain Imager, la cámara de alta resolución de Danuri. El instrumento fue utilizado para identificar la modificación del terreno y comparar la región con imágenes de referencia tomadas antes del impacto.
La misma zona también fue observada con PolCam, la cámara polarimétrica de gran campo del orbitador. Los investigadores pretenden estudiar cómo han variado la reflectancia y la polarización de la luz tras la colisión. Esas mediciones podrían ayudar a estimar el tamaño de las partículas, la densidad del depósito y la distribución espacial del material excavado.
La combinación de imágenes de terreno y datos polarimétricos ofrece una capa adicional de información respecto a una fotografía convencional. Mientras LUTI permite identificar formas y cambios superficiales, PolCam puede aportar indicios sobre las propiedades físicas del regolito removido y sobre las diferencias entre el material recién expuesto y la superficie sometida durante más tiempo al entorno espacial.
Una etapa lanzada con Blue Ghost y Resilience
El objeto impactante estaba catalogado como 2025-010D y correspondía a la etapa superior del Falcon 9 lanzado el 15 de enero de 2025 desde el Complejo de Lanzamiento 39A del Centro Espacial Kennedy, en Florida.
El vuelo transportó dos módulos lunares comerciales: Blue Ghost Mission 1, de Firefly Aerospace, y Resilience, de la misión Hakuto-R Mission 2 de la compañía japonesa ispace. Blue Ghost llevaba instrumentos científicos y demostradores tecnológicos de la NASA dentro de la iniciativa CLPS, sigla de Commercial Lunar Payload Services o Servicios Comerciales de Carga Útil Lunar. La misión de ispace compartió el lanzamiento, pero no formaba parte del contrato CLPS de Blue Ghost.
Tras desplegar las cargas útiles, la etapa superior permaneció en una órbita terrestre muy elíptica que alcanzaba distancias comparables a la de la Luna. El objeto tenía una masa del orden de cuatro toneladas y fue seguido mediante observaciones astronómicas, ya que los restos situados en el espacio cislunar son más difíciles de controlar con las redes de radar optimizadas para la órbita terrestre baja.
Bill Gray, responsable del software de dinámica orbital Project Pluto, identificó en septiembre de 2025 que la trayectoria podía terminar en una colisión lunar el 5 de agosto de 2026. El movimiento estuvo condicionado principalmente por la gravedad de la Tierra, la Luna y el Sol, además de la presión de la radiación solar, una fuerza pequeña pero capaz de acumular desviaciones apreciables durante meses. El Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA incorporó posteriormente el objeto a su sistema de efemérides Horizons para facilitar el seguimiento.
Las observaciones terrestres detectan la pluma, pero no resuelven el cráter
La importancia de las imágenes de Danuri radica en que proporcionan la primera identificación orbital publicada del cambio producido directamente sobre la superficie. Los telescopios terrestres no pueden resolver con claridad un cráter de pocas decenas de metros desde la Tierra.
Sin embargo, varios equipos han comunicado indicios del material expulsado durante el impacto. Observaciones espectroscópicas detectaron señales asociadas a una pluma de sodio y litio, mientras que un equipo del Instituto de Astrofísica de Andalucía difundió una secuencia preliminar en la que podría apreciarse la evolución del material eyectado junto al limbo lunar.
Los resultados deberán someterse a calibración y análisis antes de confirmar la masa total de material desplazado o la composición exacta de la pluma. Por el momento, las observaciones respaldan que el impacto se produjo dentro de la región y del intervalo temporal previstos.
LRO observará el lugar del impacto
El siguiente conjunto de imágenes de alta resolución podría llegar de la mano del Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO, Orbitador de Reconocimiento Lunar) de la NASA.
Mark Robinson, investigador principal de la Lunar Reconnaissance Orbiter Camera, indicó que LRO tiene previsto pasar sobre la región el 11 de agosto. Esta fecha corresponde a la planificación comunicada tras el impacto y podría modificarse en función de las operaciones de la nave o de las condiciones de iluminación.
Las imágenes de LRO permitirán comparar el nuevo accidente geológico con datos anteriores de la misma región y podrían ofrecer una medición más precisa del cráter, su forma y el patrón de eyección. KASA y KARI han señalado que los datos de Danuri se integrarán con las observaciones estadounidenses dentro de una investigación internacional coordinada con la NASA.
Relevancia para la vigilancia del espacio cislunar
El impacto no supuso un riesgo para la Tierra ni para zonas habitadas. Su relevancia se encuentra en la oportunidad científica y operacional que ofrece: la masa aproximada, la trayectoria y la velocidad del objeto eran conocidas antes de la colisión, lo que permite comprobar modelos de formación de cráteres y dispersión de regolito.
También pone de relieve las limitaciones actuales del seguimiento de objetos en el espacio cislunar. Las etapas superiores utilizadas para misiones de alta energía pueden permanecer durante largos periodos en órbitas alejadas, donde las perturbaciones gravitatorias y la presión de la radiación solar complican las predicciones a largo plazo.
A medida que aumente el número de misiones institucionales y comerciales hacia la Luna, la catalogación, vigilancia y eliminación al final de la vida útil de estas etapas adquirirá mayor importancia. No se trata únicamente de evitar impactos: también será necesario proteger órbitas operativas, zonas de aterrizaje e infraestructuras científicas ante una actividad cislunar cada vez más intensa.
