Redacción
Las olas de calor, cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas, no solo provocan molestias, sino que también pueden tener un impacto significativo en la salud cardiovascular. La Dra. Berenice Keller, cardióloga del Instituto del Corazón Teknon, explica cómo las altas temperaturas afectan al corazón, cuáles son los principales síntomas de alerta y qué medidas pueden ayudar a prevenir complicaciones.

El aumento de la temperatura ambiental provoca que el organismo active mecanismos, como la vasodilatación, para mantener estable la temperatura corporal. Este proceso, sumado a la sudoración y la pérdida de líquidos, puede ocasionar deshidratación y bajadas de tensión, lo que obliga al corazón a trabajar más para mantener una circulación adecuada. En personas con un sistema cardiovascular vulnerable, este sobreesfuerzo puede favorecer descompensaciones y aumentar el riesgo de eventos cardíacos.

El calor puede favorecer infartos, arritmias e insuficiencia cardíaca

Las temperaturas extremas pueden actuar como desencadenante en personas con enfermedades cardiovasculares previas. En estos casos, la deshidratación, la disminución de la presión arterial y el aumento del esfuerzo cardíaco pueden incrementar el riesgo de complicaciones.

En pacientes con enfermedad coronaria o antecedentes de infarto, el corazón necesita bombear con mayor intensidad para ayudar al organismo a regular la temperatura, lo que puede aumentar la demanda de oxígeno del músculo cardíaco. A su vez, la pérdida de líquidos y sales minerales a través del sudor puede alterar el equilibrio del organismo y favorecer la aparición de palpitaciones o arritmias, especialmente en personas con antecedentes de patologías cardiovasculares.

El aumento de la temperatura ambiental provoca que el organismo active mecanismos, como la vasodilatación, para mantener estable la temperatura corporal

Por otro lado, los pacientes con insuficiencia cardiaca son especialmente sensibles al calor, ya que la deshidratación, los cambios en la presión arterial y el esfuerzo adicional del corazón pueden provocar cansancio, falta de aire, hinchazón o un empeoramiento de los síntomas.

Principales grupos de riesgo

Aunque cualquier persona puede verse afectada por las altas temperaturas, algunos grupos deben extremar las precauciones. En este sentido, Berenice Keller destaca a las personas mayores, los pacientes con patologías cardiacas y a quienes padecen diabetes, obesidad o enfermedad renal. También las personas que toman diuréticos o determinados medicamentos para la tensión y quienes realizan ejercicio intenso durante las horas de más calor.

Además, la Dra. Keller señala que las personas la edad constituye un factor relevante porque con el paso de los años puede disminuir la sensación de sed, lo que facilita que algunas personas sufran deshidratación sin ser plenamente conscientes de ello.

Las personas mayores y los pacientes con enfermedades cardiovasculares son especialmente vulnerables a las altas temperaturas

El calor también puede coincidir con episodios de calima o con un incremento de partículas contaminantes en suspensión. Estas partículas pueden afectar al sistema cardiovascular, ya que las más pequeñas favorecen procesos inflamatorios y pueden empeorar enfermedades cardiovasculares preexistentes, especialmente entre los pacientes más vulnerables.

Síntomas que se deben tener en cuenta

Durante una ola de calor, es importante prestar atención a síntomas que puedan indicar una descompensación cardiovascular. La Dra. Keller señala que entre las señales que requieren una valoración urgente se encuentran el dolor u opresión en el pecho, la falta de aire, las palpitaciones intensas o irregulares, el mareo intenso o la pérdida de conocimiento.

También, advierte que debe tenerse en cuenta la debilidad marcada, la confusión, la sudoración excesiva acompañada de malestar, la hinchazón de las piernas, el empeoramiento brusco de síntomas previos, una disminución importante de la orina o una sensación de agotamiento extremo.

La hidratación y evitar las horas de más calor resultan claves

La prevención resulta fundamental para reducir el riesgo de complicaciones cardiovasculares durante los episodios de temperaturas extremas. Por ello, la cardióloga recomienda beber agua con frecuencia a lo largo del día, incluso cuando no exista sensación de sed, prestando especial atención a la hidratación de las personas mayores y de quienes presentan enfermedades crónicas. A su vez, incide en que conviene evitar el exceso de alcohol y limitar las bebidas que puedan favorecer la deshidratación.

Algunos medicamentos pueden aumentar el riesgo de deshidratación o bajadas de tensión durante episodios de calor, por lo que no deben modificarse sin supervisión médica

Además, durante una ola de calor aconseja evitar la exposición al sol y la actividad física intensa en las horas centrales del día y permanecer, siempre que sea posible, en espacios frescos, climatizados o bien ventilados. La actividad física sigue siendo beneficiosa para la salud cardiovascular, pero durante el verano es preferible realizarla a primera hora de la mañana o al anochecer.

Por último, algunos medicamentos, como los diuréticos o determinados tratamientos para la hipertensión, pueden aumentar el riesgo de deshidratación o de sufrir bajadas de tensión durante episodios de calor. Sin embargo, no se debe modificar la medicación por iniciativa propia: cualquier ajuste debe realizarse bajo supervisión médica.