Tras las puertas de Balmoral, a veces también se respiraba una apariencia de vida normal. Como aquella noche de verano de 2016, durante los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016: la selección femenina británica de hockey disputaba la final y toda la familia real se había reunido en la residencia escocesa que en su día adquirió Isabel II. Era casi la hora de cenar. Aquella noche, Sofía de Edimburgo estaba presente.

La duquesa de Edimburgo acaba de recordar aquella velada a su paso por BBC Radio 5. Estando sentada en la mesa durante la cena, oyó un movimiento y sospechó que algo estaba pasando. Una empleada, gran aficionada al hockey, le estaba explicando la programación de la televisión antes de volver de vez en cuando para mantenerla informada, susurrándole como iba el marcador y el desarrollo del partido.

Estábamos sentados al final de la cena, yo estaba impaciente, y en un momento dado su majestad se acomodó y dijo: ‘¡Por el amor de Dios, vete de una vez!”, cuenta la duquesa entre risas. Sofía se levantó entonces de la mesa para acudir a la biblioteca y seguir el resto del partido. No tardó en acudir a acompañarla su suegro, Felipe de Edimburgo: “Le encantaban los deportes y se vino a verlo conmigo. De hecho, creo que prestó más atención a mis reacciones que a la pantalla, porque yo estaba completamente metida”.

Al poco tiempo, la duquesa ya no pudo contener más su entusiasmo. “Empecé a dar saltos, a gritar, y como la sala de estar estaba justo al lado, de repente sentí una presencia. Su majestad se había acercado y estaba de pie, observándonos desde el umbral de la puerta, observándonos», continúa.

A la reina Isabel II también le costó mantenerse al margen del partido, mientras la final se decidía en los últimos minutos y los dos equipos se enfrentaban en la tanda de penaltis: “Estaba viendo los penaltis y no pudo con la presión y tuvo que alejarse de nuevo”, añade la esposa del príncipe Eduardo.

“El hockey es mucho más que un simple deporte de equipo”

Mientras tanto, Felipe seguía pasándoselo en grande con la situación, siguiendo las reacciones de su nuera entre risas. Fue entonces cuando llegó el tan esperado momento: la jugadora británica Hollie Pearne-Webb marcó el gol de la victoria que le valió el oro a su equipo. La euforia se apoderó de Balmoral. Sofía cuenta ella estaba “llorando como una magdalena, saltando y chillando de alegría”.