En un jardín privado de 400 metros cuadrados ubicado en Génova, Italia, el Estudio Caarpa desarrolló «Escala San Filippo», una microarquitectura de jardín compuesta por una escalera metálica y un pequeño pabellón vidriado.
Implantada sobre un leve desnivel preexistente, la intervención transforma una condición aparentemente secundaria en el principal argumento del proyecto, reorganizando recorridos, visuales y modos de habitar el paisaje.
Concebidos como una única pieza espacial, la escalera y el pabellón conforman una estructura híbrida que oscila entre infraestructura, arquitectura y paisaje.
Más que resolver una conexión entre dos cotas, el conjunto construye una nueva secuencia de experiencias dentro del jardín. Desde la distancia, aparece como una presencia ligera entre la vegetación y los antiguos muros de contención; en la proximidad, revela una sucesión de espacios que transforma el desplazamiento en una forma de recorrer y descubrir el lugar.
La escalera, realizada en hierro pintado, asume un papel que excede ampliamente su función utilitaria. No se limita a conectar dos puntos del jardín: establece una dirección, construye una fachada y produce un nuevo punto de referencia dentro del paisaje doméstico.
La diferencia de niveles en el terreno deja de ser una circunstancia a resolver para transformarse en una oportunidad capaz de estructurar la experiencia del jardín y revelar nuevas perspectivas sobre el paisaje existente.
Insertada entre la vegetación y los antiguos muros de contención, la nueva pieza arquitectónica establece un diálogo basado en el contraste. Frente a la masa pétrea y la permanencia de las preexistencias, la estructura metálica se presenta como una intervención ligera y precisa, capaz de introducir una nueva capa de lectura sin alterar la identidad histórica del lugar.
Uno de los aspectos más significativos del proyecto radica en la manera en que el recorrido deja de ser una mera circulación para convertirse en un lugar de permanencia.
Este espacio intermedio introduce una pausa entre el jardín inferior y el superior, ofreciendo un ámbito para detenerse, observar y experimentar el paisaje desde una nueva perspectiva.
El recorrido se vuelve experiencia y el desembarco adquiere la condición de habitación. De este modo, escalera y pabellón funcionan como una operación unitaria capaz de vincular movimiento y contemplación.
La elección de superficies vidriadas refuerza la voluntad de construir una arquitectura abierta al paisaje. El pabellón no busca aislarse de su entorno, sino extender visualmente la experiencia del jardín hacia el interior.