El primer partido de una nueva temporada siempre deja pistas. En el Real Madrid, además, el estreno tenía un significado especial: suponía el redebut de Mourinho en el banquillo blanco y el primer examen de los seis fichajes realizados este verano. Florentino Pérez ha vuelto a sacar la billetera con el objetivo de recuperar el camino de los títulos después de dos temporadas en blanco.
Ante el Espanyol, el técnico portugués apostó de inicio por tres de las nuevas incorporaciones: Dumfries, Konaté y Bernardo Silva. El francés fue el que mejores sensaciones dejó. Se mostró fuerte, rápido y contundente en defensa. Los otros dos, en cambio, dejaron un sabor más amargo entre unos aficionados que esperaban mucho más de ambos.
Bernardo, de menos a más
Es cierto que la temporada acaba de empezar y que queda mucho margen de mejora, pero Bernardo Silva llegaba con una responsabilidad especial. El portugués debía ser una de las grandes esperanzas para recuperar el dominio de los partidos y aportar ese fútbol que el Madrid perdió tras las salidas de Kroos y Modric. Su primer partido, sin embargo, dejó más dudas que certezas.
El doble pivote formado junto a Valverde no parece, de momento, la mejor solución. Bernardo corrió y trabajó sin descanso, pero el Espanyol encontró demasiadas facilidades para superar el centro del campo madridista. Cuando el portugués acusó el desgaste físico en la primera mitad, el Madrid perdió intensidad, dejó de presionar y se partió. Eso sí, al final del encuentro cuando el Espanyol estaba más encerrado atrás mejoró y se mostró más cómodo sobre el verde.

Bernardo Silva, en su debut con el Madrid / Quique García / EFE
Con el partido atascado, Mourinho recurrió a los otros tres fichajes para intentar asegurar los tres puntos. Cucurella y Diomande apenas tuvieron impacto. El catalán vivió instalado en campo rival, buscando constantemente una aparición en el segundo palo que nunca llegó, mientras que el costamarfileño fue incapaz de superar a su defensor en los minutos que disputó.
Espí pone las pilas a los ‘cracks’
Cucurella será importante cuando recupere su mejor condición física después del Mundial, pero Arda Güler ya le ha complicado el panorama a Diomande. El turco fue el mejor jugador del Madrid por la banda derecha y demostró que tiene argumentos para pelear por un puesto. En el once de Mourinho, sencillamente, no caben todos.

El delantero del Real Madrid Carlos Espí conversa con el entrenador Jose Mourinho tras marcar el 1-2 ante el Espanyol / Quique García / EFE
El último en entrar, y también el que menos focos había acaparado durante el verano, terminó siendo el más decisivo. Carlos Espí es un nueve para este tipo de partidos: corpulento, inteligente y, sobre todo, con mucho gol. Le bastaron muy pocos toques al exdelantero del Levante para estrenar su cuenta con la camiseta blanca.
Un gol que vale tres puntos y, también, toda una declaración de intenciones. Por delante tendrá delanteros de enorme peso, pero Espí ya ha presentado su candidatura ante el madridismo de la mejor manera posible: marcando cuando más lo necesitaba su equipo.