Los duelistas; Alien, el octavo pasajero; Blade Runner. Pocos principios de carrera cinematográfica tan brillantes en la historia del cine. Se podrían contar con los dedos de una mano, y quizá no hagan falta los de la otra. Entre 1977 y 1982, Ridley Scott forjó su figura. Casi 50 años después de aquel debut conradiano de los “dos artistas dementes, empeñados en dorar el oro o en teñir una azucena” a base de combates, el cineasta británico sigue en pie. Con 88 años y cinco películas en los últimos seis años. No todas buenas, ni mucho menos. Ninguna desdeñable.

Más información

La última es La constelación del perro, basada en la novela homónima de Peter Heller, publicada en 2012. Una distopía posapocalíptica, terroríficamente cercana en el tiempo (mediados de la próxima década de los treinta del siglo XXI), que nada nuevo pergeña en un universo temático y metafórico que, pandemia mediante, ha sido visitado con reiteración en cine y televisión en los últimos años. Pero con la que, sin llegar al gozo, el espectador puede complacerse de que un cineasta como él mantenga su poder de narración. Esta vez, sobrio, tranquilo, con algún estallido de furia y acción, pero más asentado en la intimidad de la conversación tranquila y en la quimera de la placidez del paisaje en un mundo derruido, años después de otra maldita gripe que arrasó con la civilización (si es que esta no se estaba arrasando a sí misma antes).

Película apegada a la tierra y a los conceptos del hogar y de la comunidad, cada vez más en desuso, apoyada por una preciosa colección de canciones country que encajan con sus valores evidentemente conservadores, desplegados en medio de un infierno en soledad y de un mundo sin apenas supervivientes, La constelación del perro se inicia en la línea de títulos como El último hombre vivo y su remake, Soy leyenda. Sin embargo, tras el apacible comienzo, pronto deriva hacia un relato a medio camino entre la épica griega de la búsqueda y defensa del hogar y las películas de carretera (en este caso, de cielo, al ser una avioneta el medio del protagonista), con su estructura de pruebas y encuentros sucesivos, también ligada a los griegos.

Margaret Qualley, en ‘La constelación del perro’

Scott dirige con pulso, aunque pocas veces acompañando la toma con recursos clásicos que la engrandezcan. Eso sí, ofrece un curso de elipsis mínimas dentro de la secuencia que bien podrían estudiar los creadores de series que necesitan secuencias de seis minutos para contar la nada. Añade bonitos insertos que se acaban convirtiendo en cortos flashbacks conforme avanza la película. Y se alimenta del enorme carisma de su reparto, encabezado por un excelente Jacob Elordi.

Mientras, en el fondo, a la esencia de la novela de Heller, adaptada por el solo competente Mark L. Smith (El renacido, Cielo de medianoche, Twisters), se le puede sacar jugo crítico con ese planeta en el que han sobrevivido los que sabían hacer cosas con las manos, los trabajadores de toda la vida, mientras el dinero perdió cualquier relevancia. Y a través de esa singular división de los pocos que aún respiran tras la hecatombe vírica: salvajes de autopista, religiosos tradicionales apoyados en el espíritu comunitario y simples fantoches dados al brillo y a la falsa apariencia.

Más información

A estas alturas, pocos esperan otra película extraordinaria de Scott, y menos a este ritmo de rodajes. Ojalá llegue, pero ya no se le espera en la cima, y eso es lo más justo que podemos hacer con un trabajo como el suyo, que deberíamos agradecer casi de rodillas. Hannibal, Black Hawk derribado, American Gangster, Robin Hood, Marte y El último duelo, títulos de este siglo XXI, eran obras notables o más que notables. La constelación del perro está un escaloncito por debajo, pero, además de la audacia de las películas memorables, es preceptivo que celebremos el mérito de las simples y llanas buenas películas, del que ya nada tiene que demostrar.

La constelación del perro

Dirección: Ridley Scott.

Intérpretes: Jacob Elordi, Josh Brolin, Margaret Qualley, Guy Pearce.

Género: ciencia ficción. EE UU, 2026.

Duración: 118 minutos.

Estreno: 26 de agosto.